España dispone de una base favorable para acelerar la electrificación de su economía, pero todavía debe superar importantes barreras económicas y de infraestructura para trasladar sus avances regulatorios al despliegue efectivo. La diferencia entre las condiciones habilitadoras y los resultados sobre el terreno es uno de los principales diagnósticos del Electrification Competitiveness Index, elaborado por We Mean Business Coalition (WMBC) con el apoyo de RMI, que analiza la preparación de 16 países para sustituir tecnologías basadas en combustibles fósiles por alternativas eléctricas.
El informe otorga a España 77 puntos sobre 100 en políticas y condiciones habilitadoras, frente a 52 puntos en despliegue efectivo. El país figura, junto a China y Francia, en el grupo de economías que cuentan con una base sólida para avanzar en la electrificación. Sin embargo, el estudio advierte de que la fortaleza del marco regulatorio no se está traduciendo al mismo ritmo en la implantación de soluciones eléctricas, especialmente en el transporte y las redes.
La elevada presencia de generación limpia constituye una de las principales ventajas españolas: las fuentes limpias aportan el 75% de la electricidad del país, según el documento. A ello se suma un mercado eléctrico liberalizado y una evolución favorable de los mecanismos de flexibilidad, la respuesta de la demanda y el almacenamiento. No obstante, el informe identifica tres grandes retos para acelerar la transición: corregir la diferencia de precios entre electricidad y gas, acompasar el desarrollo de las redes al crecimiento de la demanda y establecer objetivos de electrificación más concretos para cada sector.
Las redes y el almacenamiento, claves para atender la nueva demanda
Las infraestructuras eléctricas son uno de los ámbitos en los que el informe detecta una mayor distancia entre las condiciones regulatorias y el despliegue. España obtiene 13 puntos sobre 30 en implantación en el apartado de redes y mercado eléctrico, frente a 23 sobre 30 en condiciones habilitadoras.
El estudio reconoce los avances en planificación anticipada de las redes y en conexiones flexibles, pero señala que la disponibilidad de capacidad y su asignación siguen siendo desafíos para atender las nuevas necesidades de consumo. La industria, los centros de datos, el almacenamiento y otros usuarios competirán por una infraestructura que deberá adaptarse al crecimiento de la demanda eléctrica.
Para evitar que las redes se conviertan en un freno a la electrificación, el documento recomienda coordinar las inversiones en transporte y distribución con el despliegue de almacenamiento, la flexibilidad de la demanda y la nueva generación limpia. También plantea mejorar la transparencia sobre la capacidad disponible y aplicar criterios claros para priorizar las conexiones, teniendo en cuenta la madurez de los proyectos y las necesidades del sistema.
En este contexto, el informe destaca la propuesta de inversión de 17.000 millones de euros contemplada en el plan de redes eléctricas con horizonte 2030. Asimismo, considera necesario aprovechar mejor la infraestructura existente mediante la digitalización y las tecnologías que permiten incrementar la capacidad de las líneas. Entre los ejemplos de aplicación en España cita los sistemas de Dynamic Line Rating desplegados en Baleares.
El almacenamiento constituye otro de los puntos débiles. Según el documento, la inversión y la capacidad instalada siguen por debajo de lo necesario para respaldar una mayor electrificación. El estudio señala que la capacidad instalada de almacenamiento representa menos del 1% de la generación total del sistema eléctrico, conforme al indicador utilizado en su evaluación.
Por ello, reclama acompasar los objetivos de despliegue del almacenamiento con la disponibilidad de redes y capacidad de conexión, así como avanzar en la puesta en marcha del mercado de capacidad. El objetivo es que las nuevas instalaciones puedan contribuir a gestionar la demanda y aprovechar mejor la generación limpia disponible.
La brecha de precios entre electricidad y gas frena a la industria
La industria es uno de los sectores en los que España presenta mejores condiciones para avanzar. El país obtiene 15 puntos sobre 20 en despliegue y 20 sobre 20 en condiciones habilitadoras. El informe destaca instrumentos como el PERTE de Descarbonización Industrial, el Fondo Nacional de Eficiencia Energética y las medidas vinculadas a la aplicación de la directiva europea de eficiencia energética.
Además, España registró el mayor número de proyectos en la subasta de calor industrial IF25, según el estudio, que interpreta este resultado como una muestra del potencial de electrificación de los procesos productivos. Sin embargo, el interés por desarrollar proyectos todavía debe traducirse en una implantación comercial más amplia.
La diferencia de precio entre electricidad y gas continúa debilitando la rentabilidad de sustituir equipos y procesos térmicos basados en combustibles fósiles por alternativas eléctricas. El documento reclama, por tanto, reforzar el apoyo para que los proyectos puedan pasar de la fase de desarrollo a la ejecución a escala comercial.








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