Deloitte ha advertido de que la industria del automóvil en España debe transformar su modelo productivo y reforzar sus capacidades tecnológicas para mantener su competitividad en Europa, en un contexto marcado por la electrificación, la digitalización, la entrada de nuevos competidores internacionales y los cambios en las cadenas de suministro.
Según el informe 'La transformación del sector de automoción en España', la industria afronta una etapa de cambios estructurales en la que las ventajas que han sustentado históricamente su liderazgo, como la capacidad productiva y la red logística, ya no garantizan por sí solas su posición competitiva.
La automoción genera en España una actividad superior a los 120.000 millones de euros anuales entre fabricantes de vehículos y proveedores de componentes, contribuye cerca del 11% al Producto Interior Bruto (PIB) y representa un empleo directo e indirecto equivalente al 9% de la población activa, según los datos recogidos por Deloitte.
Las decisiones del sector del automóvil
La consultora considera que el reto ya no consiste únicamente en mantener la capacidad de fabricación de vehículos, sino en cómo el sector va a ser capar de solventar los cambios que se están produciendo. La entrada de nuevos fabricantes como los asiáticos "obligará a empresas y fabricantes a replantear sus prioridades estratégicas y sus posiciones dentro de la cadena global de suministro".
Además, Deloitte considera que la segunda decisión del sector será en qué "tipo de vehículo posicionarse". Aunque más allá del propio vehículo, el desafío consistirá en identificar qué tecnologías, plataformas y capacidades concentrarán el valor futuro: baterías, electrónica avanzada, software, conectividad o nuevas arquitecturas digitales.
La tercera se centra en cómo capturar valor más allá de la venta del vehículo. En este sentido, la industria deberá evolucionar desde modelos tradicionales basados en costes y escala hacia propuestas de mayor valor añadido, apoyadas en el conocimiento, la tecnología y la especialización
Finalmente, el estudio propone que el sector deberá decidir cómo convertir la regulación en una ventaja competitiva. Este factor se ha vuelto cada vez más determinante, puesto que los objetivos de descarbonización conviven con las prioridades de competitividad, resiliencia industrial y autonomía estratégica.








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