A España llega al debate sobre el agua en un momento que exige precisión. El último informe mensual de seguimiento de sequía y escasez del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señala que, a finales de mayo de 2026, ninguna Unidad Territorial de Sequía de la Península se encontraba en situación de sequía prolongada. Sin embargo, eso no significa que el reto hídrico haya desaparecido. El mismo informe identifica situaciones localizadas de escasez, con Marina Baja en Alerta y Mancha Occidental en Emergencia.
Esta diferencia es importante. La sequía responde a una falta natural de precipitaciones, mientras que la escasez está vinculada a la capacidad de atender las demandas existentes. Por eso, la resiliencia hídrica no puede depender únicamente de si llueve más o menos en un ejercicio concreto, sino de cómo gestionamos un recurso cada vez más estratégico.
Durante años, la respuesta al estrés hídrico se ha planteado sobre todo desde la oferta: nuevas infraestructuras, más capacidad de almacenamiento, desalación o modernización de redes. Todo ello seguirá siendo necesario. Pero España también necesita acelerar una segunda vía, más inmediata y operativa: gestionar mejor el agua que ya está en el sistema. Esto implica reducir pérdidas, reutilizar más, optimizar consumos industriales, mejorar la trazabilidad y convertir los datos en decisiones útiles.
El papel de la industria
La industria ocupa un lugar central en esta conversación. Sectores como la alimentación, la química, la fabricación avanzada, los centros de datos, las baterías o el hidrógeno verde necesitan agua y energía para crecer. No se trata de presentar la actividad industrial como una carga, sino de asumir que el desarrollo económico, la competitividad y la transición energética van a depender cada vez más de una gestión integrada de ambos recursos.
Cada metro cúbico captado, bombeado, tratado, refrigerado o reutilizado tiene una dimensión energética. Y cada infraestructura industrial o energética tiene, directa o indirectamente, una huella hídrica. Por eso, el nexo agua-energía debe dejar de entenderse como un concepto técnico para convertirse en una prioridad estratégica. Gestionar ambos sistemas por separado será cada vez menos eficiente en un entorno marcado por la electrificación, la digitalización, la presión regulatoria y la necesidad de reducir emisiones.
La circularidad es una de las palancas más relevantes. Reutilizar aguas tratadas, recuperar agua de proceso, reducir fugas o cerrar circuitos dentro de instalaciones industriales puede generar resiliencia antes de que entren en funcionamiento nuevas grandes infraestructuras. En un país con tensiones hídricas recurrentes y demandas muy distintas por territorio, aprovechar mejor cada recurso disponible es también una cuestión de eficiencia, continuidad operativa y competitividad.
El marco regulatorio europeo refuerza esta dirección. La Directiva (UE) 2026/805, publicada en abril de 2026, actualiza la Directiva Marco del Agua, la Directiva de Aguas Subterráneas y la Directiva de Normas de Calidad Ambiental, e introduce nuevas exigencias en materia de contaminantes, seguimiento, reporte y trazabilidad. Además, su transposición coincide en España con la preparación del cuarto ciclo de planificación hidrológica 2028-2033, lo que obligará al sector a integrar nuevos estándares, más datos y una mayor capacidad de control.
Datos para una mejor gestión
Este cambio confirma algo que el sector ya estaba experimentando: el dato se ha convertido en una infraestructura operativa. No basta con medir más. Hay que integrar la información, contextualizarla y convertirla en decisiones. Sensores in situ, inteligencia artificial, análisis avanzado, gemelos digitales y plataformas de operación conectada ya no son elementos accesorios, sino herramientas clave para gestionar redes, plantas e instalaciones industriales con mayor precisión.
Desde Schneider Electric observamos que muchas utilities e industrias ya disponen de información en campo, pero todavía existe margen para mejorar su integración y explotación. El reto no está solo en capturar datos, sino en romper silos entre operación, energía, mantenimiento, calidad, sostenibilidad y cumplimiento normativo. En el ciclo del agua, esta integración permite pasar de una gestión basada en incidencias a una gestión más predictiva, eficiente y resiliente.
Aquí es donde la automatización centrada en el software cobra un papel clave. Las arquitecturas abiertas e interoperables permiten conectar el entorno OT con el IT, procesar datos críticos en el edge cuando la respuesta debe ser inmediata y aprovechar la nube para análisis avanzados y colaboración entre equipos. En la práctica, esto permite detectar antes una fuga, anticipar desviaciones de calidad y optimizar el consumo de agua y energía con una visión más completa del sistema.
Esta evolución ya está presente en España. Proyectos como el de EMACSA, la Empresa Municipal de Aguas de Córdoba, muestran cómo la gestión de datos en tiempo real, la estandarización de procesos y los centros de operaciones unificados pueden mejorar la supervisión en abastecimiento y saneamiento. También iniciativas desarrolladas con Canal de Isabel II en torno a la monitorización avanzada de gases de efecto invernadero en procesos de tratamiento de aguas residuales reflejan cómo el dato puede mejorar la eficiencia operativa y la sostenibilidad ambiental.
España necesitará nuevas infraestructuras hidráulicas, pero también una gestión más inteligente del agua disponible. La capacidad requiere planificación y tiempo; la eficiencia, la reutilización y la digitalización pueden empezar a generar impacto desde ahora.
La resiliencia hídrica de los próximos años será física, regulatoria, industrial y digital. Dependerá de embalses, redes, depuradoras y desaladoras, pero también de sensores, software, automatización, analítica avanzada y capacidad de anticipación. En un contexto en el que agua, energía e industria están cada vez más conectadas, gestionar mejor el recurso hídrico será una condición para crecer, competir y avanzar hacia una economía más sostenible.
Javier Figueras es VP de Industrial Automation para la zona Ibérica en Schneider Electric.






Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios