El bloqueo del Estrecho de Ormuz al tránsito de buques cisterna ha provocado la crisis de suministro energético más grave en años, poniendo de manifiesto la profunda interconexión entre la seguridad energética, la seguridad económica y los acontecimientos geopolíticos, según ha indicado Amin H. Nasser, presidente y consejero delegado de Saudi Aramco, para quien reponer las existencias y satisfacer la demanda "podría llevar hasta dos años" tras la reapertura del paso.
"El sistema ya está bajo presión", ha resumido durante su intervención en el Foro de Inteligencia Energética que se celebra en Londres el ejecutivo árabe para quien, dadas las escasas alternativas a las que recurrir, el margen de seguridad del suministro "es alarmantemente reducido".
En cualquier caso, ha advertido de que las consecuencias serán más graves "cuanto más se prolongue la interrupción", recordando que los más vulnerables son los primeros en sufrir las consecuencias cuando la energía escasea o se vuelve inaccesible.
Las reservas y Ormuz
La presión sobre los precios del combustible llevó la semana pasada a los países del G7 a liberar un total de 100 millones de barriles de petróleo crudo y diésel, con el fin de estabilizar el suministro energético y fortalecer la resiliencia a largo plazo de los sistemas energéticos mundiales.








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