Irlanda se enfrenta a una paradoja en su transición energética: las renovables pueden reducir el precio mayorista de la electricidad, pero desplegarlas e integrarlas en el sistema exige importantes inversiones, según un reciente análisis de Aurora Energy Research.
El reto de la asequibilidad: cuánto le cuesta realmente a Irlanda la transición verde
Las renovables pueden abaratar la electricidad, pero desplegarlas e integrarlas en el sistema exige importantes inversiones, según Aurora

Si Irlanda quiere reducir el precio de la electricidad, aumentar la generación renovable parece una de las vías más evidentes. La eólica y la solar tienen costes operativos muy bajos y, cuando están disponibles, pueden desplazar a tecnologías más caras y reducir el precio del mercado mayorista.
Pero producir electricidad barata no significa necesariamente que el sistema eléctrico sea barato.
Más renovables, menores precios mayoristas
Existen tres grandes vías para reducir los precios mayoristas:
- Aumentar la capacidad de generación de bajo coste.
- Reducir la demanda residual.
- Rebajar el coste de las materias primas energéticas.
La primera es, en general, la palanca sobre la que Irlanda tiene mayor capacidad de actuación. Cuanta más generación renovable haya disponible, mayor será la probabilidad de que las tecnologías de menor coste marquen el precio.
También es posible reducir la demanda residual desplazando el consumo hacia las horas de mayor producción renovable. La flexibilidad de la demanda permite avanzar en la electrificación sin aumentar necesariamente la presión sobre el sistema en las horas punta. Por ejemplo, un vehículo eléctrico puede cargarse durante la noche, cuando suele haber más generación eólica.
El tercer factor son los precios de las materias primas. Una caída del precio del gas suele abaratar la electricidad, pero Irlanda tiene poca capacidad para influir sobre los mercados internacionales, muy expuestos a factores geopolíticos y de suministro.
Por eso, aumentar la capacidad renovable es una de las principales palancas que Irlanda puede controlar directamente.
El problema es que construir renovables es solo el principio.
La electricidad puede ser barata, pero las renovables no lo son
La generación renovable tiene bajos costes de operación, pero construir nuevos proyectos requiere una inversión considerable.
En Irlanda, buena parte de los nuevos proyectos se desarrolla mediante el Renewable Electricity Support Scheme (RESS), basado en contratos por diferencias bidireccionales. Si el precio de mercado cae por debajo del precio de ejercicio, los consumidores cubren la diferencia; si lo supera, el generador devuelve fondos al sistema.
El mecanismo facilita la financiación al ofrecer mayor visibilidad sobre los ingresos futuros. Sin embargo, unos precios de ejercicio elevados pueden aumentar el coste potencial para los consumidores.
Entre las causas están los elevados costes de desarrollo, los largos procesos de planificación y conexión a la red y la incertidumbre sobre los plazos de ejecución. También existe riesgo asociado a la propia estructura de las subastas: los contratos duran 15 años, los precios solo están parcialmente indexados y existe incertidumbre sobre las restricciones y vertidos de generación renovable.
Cuanto mayor es el riesgo, mayor es el coste que los promotores tienden a incorporar en sus ofertas. En Irlanda, una parte de estos costes se recupera mediante el Public Service Obligation (PSO) levy, que aparece directamente en la factura eléctrica.
¿Quién debe pagar la transición energética?
Estados Unidos ofrece un modelo diferente. Allí se utilizan créditos fiscales federales para incentivar las renovables, financiados a través del sistema tributario general y no necesariamente mediante un concepto específico en la factura eléctrica.
El coste, por tanto, no desaparece: los contribuyentes siguen financiando el apoyo a las renovables, pero por otra vía.
Esto plantea una cuestión relevante para Irlanda: ¿cómo debe repartirse el coste de la transición energética?
Una alternativa al PSO sería financiar una parte mediante los impuestos generales. Dada la situación de las cuentas públicas, también cabe plantearse si determinados costes fijos del sistema deberían recaer directamente sobre la factura eléctrica.
Este modelo podría permitir una distribución más progresiva de los costes y proteger específicamente a los hogares en situación de pobreza energética.
El coste que no aparece a primera vista: integrar las renovables
Cambiar la forma de financiar las renovables no resolvería todos los problemas. Otro coste cada vez más importante es integrar la nueva generación en el sistema eléctrico.
Una instalación renovable solo aporta valor si la electricidad puede transportarse, gestionarse y consumirse. A medida que aumenta la generación variable de eólica y solar, crecen también los retos relacionados con la previsión, el equilibrio del sistema, las restricciones de red y los vertidos de generación.
La respuesta exige inversiones en infraestructuras. Irlanda ya ha comprometido aproximadamente 18.900 millones de euros en redes durante el actual periodo regulatorio.
La cuestión no es solo cuánto se invierte, sino si las redes, el almacenamiento, las interconexiones y la flexibilidad de la demanda avanzan al mismo ritmo que las nuevas renovables. Si la generación crece más rápido que la capacidad de integración, los costes de restricciones y vertidos pueden aumentar.
Estos costes, sin embargo, no son inevitables. Una expansión coordinada de redes, almacenamiento, interconexiones y flexibilidad permite aprovechar mejor la generación renovable y gestionar sus efectos sobre el sistema.
El verdadero reto: descarbonizar sin disparar el coste
Las renovables son una de las principales herramientas de Irlanda para reducir los precios mayoristas y disminuir su dependencia del gas internacional.
Pero abaratar el precio mayorista no equivale necesariamente a reducir el coste final para el consumidor. Financiar nuevas instalaciones, integrarlas en el sistema y construir las redes y mecanismos de flexibilidad necesarios requiere inversiones adicionales.
Por tanto, el reto no es decidir si Irlanda debe avanzar hacia un sistema energético descarbonizado, sino cómo hacerlo al menor coste posible.
Para crear un círculo virtuoso entre nueva oferta, integración y electrificación, también será necesario revisar el diseño de la factura eléctrica: qué incentivos genera para electrificar, cómo favorece un uso eficiente de la red y cómo distribuye de forma equitativa los costes inevitables del sistema.
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