Eléctricas

El sector energético reclama más redes, almacenamiento y flexibilidad para reforzar la resiliencia del sistema

La Agencia Internacional de la Energía defiende acelerar la electrificación y eliminar los cuellos de botella de las infraestructuras, mientras los expertos advierten de que las redes actuales deben adaptarse a un escenario de mayores riesgos climáticos y geopolíticos. La jornada organizada por Enerclub y el CECME pone el foco en la adaptación de las infraestructuras a los fenómenos climáticos extremos, los ciberataques y las nuevas dependencias de materias primas críticas

Ningún comentario

El sector energético considera que reforzar las redes eléctricas, impulsar el almacenamiento y desarrollar mecanismos de gestión de la demanda son elementos fundamentales para mejorar la resiliencia de los sistemas energéticos ante un escenario internacional marcado por las tensiones geopolíticas, los fenómenos climáticos extremos y las nuevas dependencias de materias primas críticas. Esta es una de las principales conclusiones de la jornada 'Resiliencia energética ante los desafíos globales', organizada este jueves por el Comité Español del Consejo Mundial de la Energía (CECME) y el Club Español de la Energía (Enerclub), con el apoyo de EDP.

Durante el encuentro, María Sicilia, responsable de la División de Sistemas y Mercados Eléctricos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), defendió la electrificación como una de las principales vías para reforzar la resiliencia energética. Para ello, consideró necesario fortalecer las redes eléctricas, reducir los cuellos de botella y aprovechar otras soluciones, como el almacenamiento y la gestión de la demanda, para dotar al sistema de una mayor flexibilidad. También reclamó una gobernanza adecuada de las redes y una apuesta más decidida por la electrificación como motor de competitividad.

La jornada puso de manifiesto que los riesgos que amenazan al sistema energético ya no se producen de manera aislada. Las tensiones internacionales, los ataques a infraestructuras, los eventos climáticos extremos, los ciberataques y las nuevas dependencias de materiales conviven y pueden desencadenar efectos en cascada sobre el suministro energético. Por ello, los participantes coincidieron en la necesidad de abandonar una estrategia centrada exclusivamente en responder a las crisis una vez que se producen y avanzar hacia modelos capaces de anticiparse, adaptarse y recuperarse con rapidez.

En este sentido, el presidente del CECME, Duarte Bello, señaló que la resiliencia energética se ha convertido en un imperativo estratégico y defendió la necesidad de evolucionar desde una actitud reactiva hacia una cultura de anticipación, preparación y colaboración. Según explicó, esta visión ya está presente en la agenda europea, a través de normativas como las directivas sobre resiliencia de entidades críticas y ciberseguridad, así como de iniciativas recientes relacionadas con la resiliencia climática.

Por su parte, el presidente de Enerclub, Maarten Wetselaar, incidió en que la resiliencia no se construye cuando llega una crisis, sino mediante decisiones de inversión previas. En su intervención, subrayó la importancia de reforzar la capacidad colectiva de anticipación, adaptación y respuesta, impulsar la innovación, fortalecer la autonomía estratégica y mejorar la cooperación entre administraciones, empresas y sociedad.

Las infraestructuras, ante nuevos riesgos climáticos

Uno de los principales desafíos identificados durante la jornada fue la adaptación de las infraestructuras energéticas a un escenario climático cada vez más exigente. Javier López, catedrático de la Universidad de Cantabria y responsable de Riesgos Climáticos, Adaptación y Resiliencia del Instituto de Hidráulica Ambiental, advirtió de que muchas infraestructuras están diseñadas para unas condiciones climáticas que ya no son las actuales.

El experto incidió en la necesidad de incorporar tanto los riesgos presentes como los futuros en la planificación, teniendo en cuenta las interdependencias entre infraestructuras y los posibles efectos en cascada que pueden provocar los fenómenos extremos. Una cuestión especialmente relevante para un sistema energético cada vez más interconectado y dependiente del funcionamiento simultáneo de distintas instalaciones.

La AIE recomienda a España acelerar la electrificación para aprovechar su liderazgo en renovables
España ha reforzado su seguridad energética y su competitividad gracias a la rápida expansión de las energías renovables, pero necesita acelerar la electrificación.

La prevención y la coordinación también centraron la intervención del comandante José Ribeiro, de la Autoridad Nacional de Emergencia y Protección Civil de Portugal, quien defendió la necesidad de disponer de planes integrales que impliquen a todos los actores y permitan compartir información en tiempo real. El objetivo, según señaló, debe ser evitar que la respuesta ante las emergencias dependa exclusivamente de actuaciones reactivas.

A estos riesgos se suman las nuevas vulnerabilidades asociadas a las cadenas de suministro. Luis de la Torre, director de la Cátedra Robeco-UPM de Sostenibilidad y Recursos Primarios y profesor asociado del Instituto Español de Estudios Estratégicos, puso el foco en la creciente dependencia de materias primas críticas, caracterizadas por una mayor concentración de los suministros y unos volúmenes más reducidos en comparación con los combustibles fósiles. También destacó los esfuerzos de Estados Unidos para diversificar el abastecimiento de minerales críticos, con especial protagonismo de la demanda procedente de su industria de defensa.

Las lecciones de Ucrania y la crisis de Ormuz

La dimensión geopolítica ocupó otra parte destacada del encuentro. Anne-Sophie Corbeau, del Center on Global Energy Policy, y David Ramin Jalilvand, director gerente de Orient Matters, junto a Kristina Kausch, del German Marshall Fund of the United States, analizaron las consecuencias de las crisis internacionales sobre la seguridad energética y las lecciones que pueden extraerse de las recientes interrupciones de suministro.

Los participantes destacaron las dificultades que atraviesan especialmente los países en desarrollo de Asia, donde la crisis energética está impulsando el desarrollo de las renovables y la electrificación del transporte, aunque también está poniendo de relieve la importancia que sigue teniendo el carbón en determinados sistemas energéticos.

China fue uno de los ejemplos abordados durante el debate. Los ponentes destacaron la capacidad de resistencia de su sistema energético ante la crisis de Ormuz, que atribuyeron a décadas de inversiones destinadas a diversificar las fuentes y los orígenes del suministro, así como a la prioridad concedida a los recursos domésticos, tanto fósiles como renovables.

La experiencia de Ucrania ofreció otra perspectiva sobre la protección de las infraestructuras críticas. Oleksandr Mlynets, presidente de la Asociación de Operadores de Sistemas de Distribución de Electricidad de Ucrania (DSO(E)-Ukraine), explicó las estrategias desplegadas para proteger las instalaciones energéticas frente a los ataques rusos y mantener la capacidad de reconstrucción del sistema.

Entre las medidas mencionadas figuran el refuerzo de la ciberseguridad, la instalación de equipos de guerra electrónica para hacer frente a los drones, la movilización de fondos estatales y locales y el apoyo financiero y técnico procedente del exterior.

La resiliencia también tiene un coste

La necesidad de reforzar la seguridad energética implica, no obstante, asumir nuevas inversiones y conseguir que su valor sea reconocido por la sociedad. Esta fue una de las reflexiones de Marta Larrea, responsable regional sénior para Europa de EPRI, quien identificó cuatro ámbitos fundamentales para trabajar en la resiliencia energética: los riesgos físicos y climáticos, las cadenas de suministro, la coordinación y gestión de emergencias y la operación de las infraestructuras.

Larrea subrayó que la resiliencia debe abordarse desde una perspectiva integral, ya que no depende de un activo aislado ni de un único sector. Además, advirtió de que mejorarla tiene un coste y defendió la necesidad de explicar a la sociedad el valor que aporta esa capacidad de respuesta, más allá del importe de las inversiones necesarias.

La jornada también contó con la participación de jóvenes profesionales del programa Future Energy Leader del Consejo Mundial de la Energía, quienes incidieron en que la resiliencia no constituye una capacidad fija ni se consigue mediante una inversión puntual, sino que debe entrenarse, probarse y adaptarse continuamente.

Asimismo, apuntaron a un cambio de paradigma en el sistema energético: ya no basta con disponer de suficiente energía, sino que resulta determinante cuándo y dónde está disponible, así como la capacidad de acceso a las redes, la seguridad y la flexibilidad del suministro. En este contexto, señalaron que el reto de las infraestructuras no consiste únicamente en generar más electricidad, sino en integrarla al ritmo que exige la nueva demanda.

Noticias relacionadas

No hay comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios

Este sitio web está protegido por reCAPTCHA y la Política de privacidad y Términos de servicio de Google aplican.