Política energética

Europa aplaza al menos un mes la decisión de intervenir los mercados energéticos

Los ministros de Energía cierran la reunión de Dublín sin medidas concretas mientras la evolución del TTF y la crisis de Ormuz condicionan la respuesta europea

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Los ministros de Energía de la Unión Europea han concluido este martes su reunión informal de Dublín sin acordar nuevas medidas comunitarias para intervenir o contener los mercados energéticos, pese a la presión ejercida por el comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, ante el riesgo de que la crisis de precios y suministro se prolongue durante los próximos meses. Los Veintisiete han debatido durante dos días sobre la seguridad energética, la asequibilidad de la energía y la respuesta ante nuevas perturbaciones del mercado, pero han dejado cualquier decisión concreta para los próximos Consejos de Energía.

La primera oportunidad para convertir estas discusiones en medidas formales llegará el próximo 29 de octubre, cuando los ministros vuelvan a reunirse en el Consejo de Energía. Los debates mantenidos en Dublín servirán de base para los trabajos que desarrollarán los Estados miembros durante los próximos meses, mientras que la evolución de los mercados y de la situación geopolítica determinará si Bruselas tiene que acelerar su respuesta.

El encuentro se produce apenas cuatro días después de que Jørgensen enviara una carta a los ministros de Energía de los Veintisiete en la que reclamaba actuar para reducir la demanda energética y sostener el nivel de llenado de los almacenamientos de gas ante la incertidumbre provocada por la crisis en Oriente Próximo. Bruselas considera que no existe actualmente una crisis de seguridad de suministro, pero advierte de que la situación sigue siendo difícil y de que Europa afronta un invierno con menos margen de maniobra.

En su intervención ante los medios al término del Consejo informal, Jørgensen elevó el tono de la advertencia al poner el coste económico de la crisis en perspectiva. Según explicó, Europa ya ha pagado este año más de 100.000 millones de euros adicionales por su energía "sin recibir una molécula adicional de gas o petróleo". Para el comisario, esta cifra demuestra hasta qué punto la dependencia europea de fuentes energéticas procedentes del exterior sigue siendo un problema estructural.

"Necesitamos salir de esa dependencia", defendió Jørgensen, que planteó como respuesta acelerar la sustitución de los combustibles fósiles importados por energía producida dentro de Europa. El comisario vinculó esta estrategia con el plan de acción para la electrificación presentado por la Comisión y con el paquete legislativo sobre redes que Bruselas está negociando actualmente con el Parlamento Europeo y el Consejo, con el objetivo de ampliar y conectar las infraestructuras energéticas europeas.

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Jørgensen también situó el diésel entre las principales preocupaciones de Bruselas. Europa afronta el invierno con una elevada dependencia de las importaciones de este combustible y con dos de sus tradicionales áreas de abastecimiento, Rusia y Oriente Próximo, sometidas a importantes restricciones o dificultades. El comisario señaló que aproximadamente la mitad del diésel que importa actualmente Europa procede de Estados Unidos, lo que convierte cualquier modificación de la política estadounidense de exportaciones en un factor especialmente sensible para el mercado europeo.

Sin embargo, las conversaciones mantenidas en la capital irlandesa no se han traducido por ahora en una respuesta europea coordinada. Los Estados miembros han intercambiado posiciones sobre las posibles medidas para hacer frente a nuevos episodios de volatilidad, pero persisten diferencias sobre el alcance y el momento de cualquier intervención en los mercados.

En este sentido, Jørgensen aseguró que había trasladado un mensaje claro a su homólogo estadounidense, Chris Wright, sobre la conveniencia de mantener abiertos los flujos internacionales de energía. Según explicó, no sería de interés ni para Estados Unidos ni para Europa limitar el comercio energético en un momento de tensión. El comisario añadió que había valorado positivamente que Wright hubiera declarado públicamente que tampoco respalda una eventual prohibición de las exportaciones estadounidenses de diésel.

Evolución

La situación queda así condicionada en buena medida por la evolución de la crisis en Oriente Próximo y, especialmente, por el tráfico a través del estrecho de Ormuz. Una eventual reapertura y normalización de los flujos en los próximos días o semanas podría contribuir a aliviar la presión sobre los mercados internacionales de energía y reducir la necesidad de adoptar medidas adicionales. Si la tensión persiste, en cambio, la cuestión volverá a ganar peso en la agenda comunitaria.

De momento, el mercado gasista está ofreciendo señales más tranquilizadoras. El precio del gas natural en el mercado de referencia europeo, el TTF neerlandés, ha moderado su escalada de las últimas semanas y se encuentra claramente por debajo de los máximos alcanzados a mediados de septiembre. La evolución del mercado contrasta con la presión que continúa registrándose en los productos petrolíferos y, especialmente, en el diésel.

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La preocupación por el gas tampoco ha desaparecido. Los almacenamientos europeos afrontan la recta final del periodo de inyección con unos niveles inferiores a los habituales para estas fechas, mientras Europa debe competir por los cargamentos de GNL con otros grandes consumidores internacionales. La carta enviada por Jørgensen el pasado viernes reclamaba precisamente a los Estados miembros que estudiasen medidas para reducir el consumo de gas y electricidad y mantuviesen el esfuerzo para completar las reservas antes de los meses de mayor demanda.

El debate que llega a Dublín es, por tanto, cómo encontrar el equilibrio entre garantizar suficiente gas para el invierno y evitar que una carrera de compras para llenar los almacenamientos termine alimentando todavía más la escalada de precios.

Reacción de España

Mientras Bruselas continúa debatiendo una posible respuesta común, los Estados miembros ya están actuando por su cuenta. España ha aprobado este martes nuevas medidas para contener el impacto de los precios energéticos sobre los consumidores. Entre ellas figura la limitación al 15% de la subida de la tarifa regulada de gas, la TUR, a partir del 1 de octubre, así como el mantenimiento del precio máximo de la bombona de butano en 19,55 euros. Sin esta actuación, el Gobierno calcula que la tarifa regulada de gas habría registrado una subida superior al 45% en octubre.

España también ha reforzado su colchón de seguridad de cara al invierno. El Consejo de Ministros ha elevado de 16,5 a 21 días las existencias mínimas de gas natural licuado que deben mantenerse en las plantas de regasificación dentro del Plan de Acción Invernal. El incremento se concentra especialmente en los meses de noviembre, diciembre y marzo, considerados periodos de mayor riesgo ante posibles aumentos de la demanda o perturbaciones en el suministro internacional.

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Aagesen advierte de que, sin estas medidas, la tarifa regulada de gas se dispararía más de un 45% en octubre y reivindica acelerar las renovables para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha defendido en Dublín que la respuesta europea debe combinar las medidas de emergencia con una estrategia destinada a reducir la dependencia de los combustibles fósiles. España, Portugal y Luxemburgo han reclamado a Bruselas una mayor ambición en materia de renovables dentro del futuro marco energético europeo posterior a 2030.

La posición española conecta así la seguridad energética con el despliegue de renovables, redes, almacenamiento y electrificación. El argumento del Gobierno es que una mayor penetración de tecnologías autóctonas permite reducir la exposición europea a la volatilidad de los mercados internacionales de gas y petróleo.

Acelerar la transformación del sistema energético

La propia intervención de Jørgensen apunta en esta dirección. El comisario considera que la respuesta a la actual volatilidad no puede limitarse a medidas coyunturales, sino que debe servir para acelerar la transformación del sistema energético europeo. La electrificación y las redes aparecen así como elementos centrales de una estrategia destinada a reducir la factura asociada a la dependencia exterior.

La reunión de Dublín deja, por tanto, más debate que decisiones. Los Veintisiete coinciden en que Europa no puede afrontar de nuevo una crisis energética de estas características sin reforzar su capacidad de respuesta, pero todavía no han acordado qué nuevas herramientas comunitarias deben ponerse en marcha ni cuándo.

El calendario ofrece ahora al mercado unas semanas de margen. El Consejo de Energía del 29 de octubre será la primera cita en la que los ministros podrán retomar formalmente las discusiones iniciadas en Dublín y evaluar si la evolución de los precios y de la situación en Oriente Próximo justifica nuevas actuaciones.

Hasta entonces, la evolución del TTF, los precios de los productos petrolíferos, el nivel de los almacenamientos europeos y, sobre todo, la situación del estrecho de Ormuz marcarán el grado de presión sobre Bruselas. Si los mercados continúan relajándose, los Veintisiete dispondrán de más tiempo para diseñar su respuesta. Si la tensión se mantiene o aumenta, la falta de una decisión comunitaria en Dublín volverá a situar la intervención de los mercados energéticos en el centro de la agenda europea.

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