Ningún comentario Italia ha dado el primer paso legislativo para recuperar la energía nuclear casi cuatro décadas después de abandonar esta tecnología. El Senado italiano aprobó este miércoles de forma definitiva la ley que habilita al Gobierno de Giorgia Meloni a desarrollar un nuevo marco normativo para la producción de energía nuclear, tras el cierre de las centrales del país a raíz del referéndum celebrado en 1987.
La aprobación no supone todavía la autorización para construir nuevas centrales. El texto aprobado por el Parlamento italiano delega en el Ejecutivo la elaboración de las normas que deberán regular el conjunto del sector, desde la construcción y operación de las instalaciones hasta los procedimientos de autorización, la seguridad, el combustible nuclear, la gestión del combustible usado y de los residuos radiactivos, así como la creación de los organismos encargados de supervisar la actividad.
El Gobierno italiano tiene previsto desarrollar esta normativa durante los próximos meses. El ministro de Medio Ambiente y Seguridad Energética, Gilberto Pichetto Fratin, ha señalado que los decretos de aplicación deberían estar preparados antes de que termine el año, mientras que el Ejecutivo deberá elaborar también un programa nacional para el desarrollo de la energía nuclear y de la fusión.
El regreso de la energía nuclear se plantea además sobre una base tecnológica diferente a la de las grandes centrales que operaron en Italia durante el siglo pasado. El Ejecutivo de Meloni pretende apostar especialmente por los pequeños reactores modulares (SMR) y por reactores avanzados (AMR), aunque buena parte de estas tecnologías todavía se encuentran en fases de desarrollo y no cuentan con una implantación comercial generalizada.
Las primeras centrales no llegarían, en el mejor de los escenarios, hasta la próxima década. El propio Pichetto Fratin ha situado en 2033 o 2034 la posible entrada en funcionamiento de las primeras instalaciones nucleares, lo que evidencia que la aprobación parlamentaria constituye el inicio de un proceso regulatorio y tecnológico de largo recorrido y no un retorno inmediato de la generación nuclear al sistema eléctrico italiano.
Una apuesta ligada a la seguridad energética
La decisión del Gobierno italiano llega en un contexto marcado por el incremento de la demanda eléctrica y por la preocupación por los costes energéticos y la dependencia de las importaciones. La estrategia energética de Roma combina el desarrollo de nuevas instalaciones nucleares con una aceleración de las energías renovables.
Los datos manejados por las autoridades italianas apuntan a un crecimiento significativo de las necesidades eléctricas durante los próximos años. Según las últimas previsiones recogidas por ANSA, la demanda podría aumentar un 28% hasta 2035 y un 41% hasta 2040. Al mismo tiempo, el Gobierno pretende incorporar alrededor de 80 GW de nueva capacidad renovable en los próximos cuatro años.
En este contexto, la energía nuclear se presenta como una tecnología complementaria a las renovables para cubrir una demanda creciente y reducir la exposición del sistema eléctrico a los combustibles fósiles y a las importaciones de electricidad. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha defendido precisamente que el país importa actualmente electricidad generada en centrales nucleares de los países vecinos pese a no disponer de generación atómica propia.
El Ejecutivo también vincula el desarrollo nuclear a la descarbonización del sistema energético y al objetivo de reforzar la competitividad de la industria italiana. El sector industrial reclama, además, inversiones en redes eléctricas, hidrógeno verde, combustibles de bajas emisiones y tecnologías de descarbonización, en paralelo al despliegue renovable y nuclear.
La decisión llega en un momento en el que Italia trata de acelerar igualmente el despliegue renovable. El país se ha marcado el objetivo de que las fuentes renovables alcancen el 39,9% del mix energético en 2030, frente al 20,5% registrado en 2025 y una previsión del 28% para este año. Sin embargo, el desarrollo de nuevos proyectos continúa condicionado por los procedimientos administrativos y por la oposición local a determinadas instalaciones.
El gran reto pendiente: los residuos radiactivos
El regreso de Italia a la energía nuclear deja sobre la mesa, no obstante, uno de los problemas que el país arrastra desde su anterior etapa nuclear: la gestión definitiva de los residuos radiactivos.
Italia lleva más de dos décadas tratando de localizar un emplazamiento para construir un depósito nacional destinado al almacenamiento de estos residuos. Hasta ahora se han identificado 51 áreas consideradas potencialmente adecuadas, pero todavía no se ha seleccionado una ubicación definitiva y el proceso continúa abierto.
La cuestión de los residuos constituye uno de los principales puntos de controversia alrededor del nuevo programa nuclear. Las organizaciones ecologistas italianas han cuestionado la estrategia del Gobierno y han puesto en duda que los pequeños reactores modulares puedan aportar una contribución significativa al sistema energético en el corto plazo, precisamente por encontrarse todavía en proceso de desarrollo y comercialización.
La oposición política también ha cuestionado el calendario, los costes y la disponibilidad de las nuevas tecnologías. Desde la Alianza Verdes-Izquierda se ha señalado que las nuevas centrales no están todavía disponibles y que, mientras se desarrolla el programa nuclear, Italia seguirá dependiendo de otras fuentes para cubrir su demanda eléctrica.
El Gobierno, por su parte, considera que la aprobación de la ley permite recuperar una capacidad tecnológica que Italia abandonó hace casi 40 años y establecer las bases regulatorias necesarias para que el país pueda volver a producir electricidad nuclear.
Con la aprobación definitiva del Senado, Roma inicia así un proceso que todavía deberá superar varias etapas regulatorias, administrativas y tecnológicas antes de que una nueva central pueda entrar en operación. El horizonte planteado por el Ejecutivo sitúa el posible regreso efectivo de la generación nuclear en torno a 2033-2034, casi medio siglo después del referéndum que marcó la salida de Italia de la energía atómica.
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