Política energética

La oposición británica vira su discurso sobre energía y apuesta por bajar la factura energética

Este medio ha accedido al nuevo informe sobre política energética de la oposición conservadora. Analizamos los cambios que propone el informe

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Los conservadores británicos han cambiado de discurso político hacia uno más populista, pasando a justificar medidas que puedan reducir las facturas eléctricas de los hogares. Se trata de capitalizar en popularidad contradiciendo la política energética del Partido Laborista, similar a las de otros gobiernos europeos.

El miércoles Claire Coutinho, portavoz de la oposición en materia de seguridad energética, presentó públicamente el nuevo informe titulado "Cimientos sólidos" del laboratorio de ideas conservador Onward. El informe se centra en contrarrestar los planes del gobierno para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas y complementa otro informe elaborado por Transira Energy, titulado “Gran Bretaña: comparación de opciones políticas con vistas a 2050” y publicado en julio.

La propuesta conservadora ignora diferentes realidades

El informe propone construir más capacidad de generación cerca de las grandes conurbaciones del sur y evitar la inversión necesaria para solucionar el cuello de botella entre Escocia e Inglaterra-Gales. El informe resume su propuesta en la necesidad de contar con "una mayor proporción de capacidad de generación firme, situada más cerca de la demanda y de la infraestructura de transmisión existente. Esto ahorra miles de millones en gastos de expansión de la red y en costes de balance del sistema eléctrico".

A diferencia de lo que están haciendo otros países europeos, la propuesta ignora los beneficios a largo plazo de construir una red mucho mayor e interconectada para acelerar la electrificación y evitar los costes de restricciones técnicas que actualmente recaen sobre las facturas de los consumidores. Como alternativa propone centrarse en construir más capacidad de generación en el sur para reducir las facturas más rapidamente.

Probablemente, la solución se encuentre en un punto medio entre ambos enfoques y, a largo plazo, el sistema eléctrico británico requiera una mezcla de ambas soluciones. El Reino Unido tiene en estos momentos uno de los sistemas de subasta de capacidad más avanzados de Europa, que ha garantizado suficiente capacidad para evitar un apagón similar al de España en abril de 2025. Sin embargo, resulta casi imposible desarrollar parques eólicos o centrales de ciclo combinado cerca de las zonas densamente pobladas del sur, debido a la fuerte oposición en los procesos de planificación y al elevado coste del suelo, incluso en terrenos arrendados.

Centrarse en reducir la factura eléctrica para avanzar en la electrificación

En el prólogo del informe de Onward, Claire Coutinho afirma: "Gran Bretaña se enfrenta hoy a numerosos desafíos. Necesitamos una economía en crecimiento, mejores niveles de vida y una industria manufacturera competitiva a escala mundial; además, aspiramos a convertirnos en un referente en las industrias del futuro, como la inteligencia artificial y la biotecnología. Para lograr todo esto, una electricidad barata es el santo grial".

La lógica del informe es irrebatible: para avanzar en el proceso de electrificación, el punto de partida debe ser disponer de electricidad barata. Si no se da esta premisa, no tendrá lugar el proceso de sustitución de otros combustibles utilizados en el transporte, la calefacción y el resto de la economía por la electricidad.

Los conservadores critican que la prioridad del Gobierno laborista es descarbonizar el sector de generación eléctrica, en vez de haber simultaneado este proceso con la electrificación de la economía. Esto encarece aún más la electricidad y desincentiva la electrificación.

Un proceso de descarbonización ya iniciado difícil de revertir

En el momento en que Europa decidió fijar el objetivo de emisiones netas cero para 2050, se identificaron los pasos necesarios para alcanzar esa meta. Uno de los primeros pasos debía ser la "descarbonización del propio sector eléctrico", seguido de un proceso de "electrificación de las economías" para aprovechar la fuente de energía verde más competitiva. El último paso debía ser la "descarbonización del residual", que afectaba a los sectores productivos que no podían ser electrificados, utilizando fuentes de energía mucho más caras como el hidrógeno o el secuestro del carbono.

El sector eléctrico ha completado prácticamente la primera etapa de descarbonización en menor tiempo del esperado, impulsado por unos precios de las emisiones de carbono altos, pero a un coste mucho mayor de lo esperado. Incluso algunos países europeos han planteado ya proyectos de transporte y almacenamiento de hidrógeno para así abordar directamente la tercera fase, la "descarbonización del residual".

La segunda fase, la más relevante, ha sido totalmente relegada a un segundo plano, porque depende en gran medida de decisiones del propio consumidor, no del sector eléctrico. Las emisiones del sistema eléctrico británico representan únicamente el 10% del total. El 90% de las emisiones restantes dependen de cambios en los hábitos de consumo y las formas de producir bienes y servicios. Quizás se debería haber cambiado el orden de las fases, priorizando la electrificación cuando los precios de la electricidad eran todavía bajos. Va a ser difícil revertir este proceso.

           

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