El arranque de la mayor nuclear del mundo en Japón, 15 años después de Fukushima, simboliza la progresiva apuesta del país por esta fuente de energía tras el apagón decretado a raíz del accidente nuclear más grave desde Chernóbil.
La eléctrica japonesa Tepco reactivó este miércoles la central de Kashiwazaki-Kariwa (KK), la mayor del mundo por capacidad, 15 años después del cierre de Fukushima, gestionada por la misma empresa.
A la sombra de Fukushima y el rechazo popular, el objetivo de la isla es que entre el 20 y el 22 por ciento de la electricidad proceda de la fisión nuclear para 2030.
El siniestro de 2011, causado por un seísmo y un tsunami en la costa japonesa, marcó un punto de inflexión en la seguridad de las plantas atómicas de todo el mundo y planes de cierre progresivos en muchos países.
El tímido regreso a la nuclear comenzó en Japón en 2015 ante la enorme dependencia energética de las importaciones.
Así, la planta Sendai entró en proceso de reactivación en 2015, lo que la convirtió en la primera que operaba en Japón tras un apagón nuclear de dos años y en la primera que funcionaba con nuevos patrones de seguridad aprobados tras Fukushima.
Ese mismo 2015, reanudó su funcionamiento la planta de Takahama, a la que en años venideros se le fueron sumando otras, como las plantas de Ikata y Onagawa.
Japón y la nuclear
Símbolo de la vuelta a la apuesta nuclear fue la aprobación en 2025 del nuevo plan energético del país para los próximos cinco años, que por primera vez marca el objetivo de que las renovables supongan la mayor fuente de producción hacia 2040 y que busca aprovechar al máximo la nuclear hasta llegar casi al nivel previo a Fukushima.
Aspira a que las energías verdes representen entre el 40% y 50% del total, la térmica entre el 30% y el 40%, y la nuclear alrededor del 20%.
El texto descarta la referencia a "reducir la dependencia de la energía nuclear tanto como sea posible" que venía incluyendo sistemáticamente desde Fukushima.
En el ejercicio fiscal de 2023, el porcentaje de la producción energética a través de la nuclear en el país asiático se situó en el 8,5%.
Para lograr su objetivo atómico, Japón estima que tendría que tener unos 30 reactores operativos. Actualmente, el archipiélago cuenta con 14 reactores activos y 19 suspendidos, mientras que 27 han sido apagados o están en desmantelamiento, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En años recientes, los problemas de abastecimiento ligados a conflictos internacionales como la invasión rusa de Ucrania han llevado a Japón a revisar su política nuclear, lo que incluye extender la vida útil de reactores antiguos si cumplen ciertos requisitos.
El país asiático prevé que la demanda de electricidad aumente en el futuro por factores como el auge de la inteligencia artificial.
La central nuclear más grande del mundo
La central de Kashiwazaki-Kariwa (KK), reactivada hoy después de quince años de cierre, es la mayor del mundo por capacidad instalada, que supera los 8.000 megavatios (MW), y es una pieza clave en el plan de suministro energético de Japón.
Dotada de siete reactores y en funcionamiento desde 1985, se vio afectada por un terremoto de magnitud 6,8 grados en julio de 2007 que llevó a introducir mejoras de seguridad en la planta.
Sin embargo, tras Fukushima, la actividad de la planta fue detenida y desde 2012 todas sus unidades permanecieron cerradas y sin producción de energía.
Aunque en 2017 los reactores 6 y 7 de la central obtuvieron la aprobación de la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) para volver a funcionar, Tepco no pudo reactivarla debido a la oposición de la población local, del Gobierno de la prefectura de Niigata y de la alcaldía de Kashiwazaki.
En agosto de 2019 Tepco aceptó la posibilidad de desmantelar algunos o la totalidad de los reactores 1 a 5 de la planta, los más antiguos, y operar solo el 6 y el 7.
El pasado mes de diciembre la asamblea de la prefectura de Niigata, donde se encuentra la central, aprobó definitvamente la reactivación del sexto reactor de la planta, que se ha puesto en marcha hoy con un día de retraso debido a la detección de un fallo en una alarma, que no sonó durante una prueba para retirar las barras de control del reactor.
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