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China acelera la producción de plásticos a partir del carbón para depender menos del crudo

China ha dado luz verde a 36 proyectos de este tipo con una capacidad anual combinada que supera los 24 millones de toneladas

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China impulsa la producción de plásticos y materiales químicos a partir del carbón como alternativa al petróleo importado, una estrategia con la que busca reforzar su seguridad energética y reducir la exposición a posibles interrupciones en el suministro global de crudo en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.

En los últimos años, Pekín ha aprobado más de una treintena de proyectos industriales destinados a transformar carbón en olefinas, materias primas clave para la fabricación de plásticos, fibras sintéticas y caucho, en regiones ricas en este recurso como Shaanxi (oeste) y Mongolia Interior (norte), informó este martes el diario hongkonés South China Morning Post.

Según datos recogidos por el rotativo, China ha dado luz verde a 36 proyectos de este tipo, de los cuales una veintena ya se encuentra en funcionamiento, con una capacidad anual combinada que supera los 24 millones de toneladas.

El carbón puede refinarse para obtener olefinas, un insumo básico para decenas de miles de productos químicos utilizados tanto en la industria como en el consumo cotidiano.

Aunque a escala global la vía dominante para producir olefinas sigue siendo el petróleo, el uso de carbón resulta competitivo en costes en el contexto chino, ya que el país dispone de amplias reservas de este recurso.

El petróleo y el carbón para China

Cálculos citados en el medio por analistas del sector indican que el proceso sigue siendo rentable siempre que el precio del barril de crudo se mantenga por encima de los 35 dólares, con un coste de producción estimado en torno a los 6.300 yuanes (903 dólares) por tonelada, sensiblemente inferior al de la opción petroquímica tradicional.

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La apuesta, sin embargo, no está exenta de desafíos, especialmente por su mayor huella ambiental y por las dificultades para conciliar este modelo con los objetivos climáticos a largo plazo del país, que incluyen el compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono antes de 2060.

El giro hacia el carbón se produce en un momento de creciente incertidumbre en los mercados energéticos internacionales, marcado por el endurecimiento de sanciones y medidas de presión de Estados Unidos sobre exportadores de crudo como Irán y Venezuela.

Washington ha amenazado con aranceles y otras restricciones a los países que comercien con Teherán y ha reforzado su control sobre la venta y el transporte del petróleo venezolano, alterando flujos de suministro y añadiendo un componente geopolítico que Pekín observa de cerca en su estrategia para reducir dependencias externas.

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