Un equipo liderado por el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desarrollado una técnica capaz de transformar residuos de yeso en vaterita, un mineral escaso y de alto valor industrial que puede emplearse como sustituto del cemento tradicional con una menor huella de carbono. El estudio, publicado en la revista Advanced Functional Materials, demuestra que el proceso no solo valoriza un residuo abundante y poco reciclado, sino que además consume dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero.
La investigación confirma que la vaterita obtenida presenta una resistencia comparable a la del cemento convencional, pero con una ventaja clave: su fabricación requiere menos energía al realizarse a menor temperatura y en condiciones ambientales. El procedimiento utiliza únicamente agua y dióxido de carbono, sin aditivos químicos, lo que simplifica el proceso y reduce su impacto ambiental. Según los cálculos teóricos del equipo, por cada kilogramo de yeso procesado se pueden secuestrar aproximadamente 0,26 kilogramos de carbono, una cifra significativa si se tiene en cuenta el enorme volumen de residuos de yeso disponible a escala global.
Uno de los residuos más abundantes
El yeso es uno de los residuos más abundantes en diversas actividades industriales, como la producción de fertilizantes, las demoliciones y obras de construcción o la fabricación de dióxido de titanio, ampliamente utilizado en pinturas, plásticos, papel y cosméticos. Sin embargo, su tasa de reutilización es baja: en la Unión Europea apenas se recicla en torno al 15%. Frente a este escenario, la nueva técnica abre la puerta a convertir un pasivo ambiental en un recurso útil para sectores estratégicos.
La vaterita es un mineral inestable que apenas se encuentra en la naturaleza. Precisamente esa inestabilidad y su elevada reactividad le confieren propiedades atractivas para aplicaciones en la industria farmacéutica, la fabricación de papel y el desarrollo de nuevos materiales de construcción. En el ámbito constructivo, su potencial como sustituto del cemento resulta especialmente relevante si se considera que la industria cementera es responsable de alrededor del 8% de las emisiones globales de CO2.







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