El hormigón es, después del agua, el material más consumido del planeta. Sin embargo, su receta tradicional arrastra un pecado original: el cemento, responsable de aproximadamente el 8% de las emisiones globales de CO2. Durante décadas, la industria de la construcción ha buscado el "santo grial" de un material que no solo sea resistente y barato, sino que deje de ser un problema climático.
Desde los laboratorios del centro de investigación técnica VTT en Finlandia, ha surgido una propuesta que promete dar la vuelta a la tortilla. Carbonaide, una startup deep-tech fundada en 2022, no solo busca reducir las emisiones, sino convertir el propio hormigón en un sumidero de carbono permanente. Tras cerrar recientemente una ronda de financiación de 4,4 millones de dólares (3,7 millones de euros), la compañía se prepara para escalar su tecnología de mineralización a nivel global.
Hablamos con Tapio Vehmas, CEO y cofundador de Carbonaide, sobre cómo pretenden hacer que el hormigón negativo en carbono sea, por fin, un negocio lucrativo.
De la química de laboratorio a la factoría industrial
La tecnología de Carbonaide se basa en un proceso de curado por CO2. En lugar de dejar que el hormigón seque de forma convencional, se introduce dióxido de carbono en la fase de curado, donde se mineraliza y queda atrapado de forma perpetua en la estructura del material. Pero la verdadera ventaja competitiva no es solo el almacenamiento, sino el ahorro de costes.
"Nuestro proceso no solo almacena CO2, sino que también reduce la cantidad de cemento necesaria en la mezcla. Podemos reducir el consumo de cemento en un 20%", explica Vehmas. Teniendo en cuenta que el cemento es el componente más caro y contaminante del hormigón, esta reducción es la clave para eliminar el temido "green premium" (el sobrecoste de los materiales ecológicos).
La compañía ya ha pasado de la teoría a la práctica. En 2024 comenzaron la producción comercial y para este 2026 tienen acuerdos con gigantes finlandeses como Lakan Betoni y Lipa-Betoni para instalar sus sistemas. Pero la ambición de Vehmas va mucho más allá de las fronteras nórdicas. Con la nueva inyección de capital, el mapa de expansión está claro: "Nuestras primeras fábricas a escala comercial están situadas en Finlandia. Las siguientes están previstas en otros países nórdicos y en la región DACH (Alemania, Austria y Suiza)".
Un modelo de negocio de doble vía
Lo que hace que el caso de Carbonaide sea especialmente interesante para los inversores es su capacidad para generar valor por dos vías. Por un lado, la venta del hardware y el software (una plataforma en la nube que gestiona el flujo de CO2 y las mediciones); por otro, la generación de créditos de carbono verificados.
En enero de 2026, la empresa marcó un hito al vender sus primeros créditos de carbono generados mediante mineralización a un bufete de abogados finlandés. Esto demuestra que la tecnología no solo corta emisiones, sino que produce un activo financiero real y rastreable. Para un fabricante de hormigón, adoptar este sistema modular tiene un sentido económico inmediato. Según Vehmas, "en una fábrica a gran escala, el retorno de la inversión (ROI) es normalmente de menos de cinco años".
El reto legislativo y el futuro del "Ready-Mix"
A pesar de los beneficios evidentes, la industria pesada se mueve a menudo al ritmo de la burocracia. Preguntado por el impacto de los mercados de crédito de carbono y las normativas europeas, Vehmas se muestra pragmático pero crítico: "Por el momento, la legislación no está realmente al día. Por suerte, hay empresas que ven el valor de estos materiales. Ellas son las que mantienen el ecosistema en funcionamiento, aunque no exista una necesidad obligatoria por ley".
Hasta ahora, la mineralización ha funcionado con éxito en el hormigón prefabricado (bloques, vigas, elementos estructurales), donde el entorno de curado es controlado. El gran desafío es el ready-mix o el hormigón que llega en camión a la obra. Carbonaide ya está trabajando en ello. "Sí. Un día todo el hormigón se fabricará así, incluyendo el 'ready-mix'. En el último año hemos alcanzado hitos significativos en su desarrollo. La solución no es tan eficiente como en el prefabricado, pero también es posible almacenar una cantidad significativa de CO2 en el hormigón de obra", asegura el CEO.
Detrás de las cifras de mineralización y los algoritmos de flujo de gases, hay una motivación personal. Tanto Vehmas como su cofundador, Jonne Hirvonen, son padres. "Nuestra mayor motivación es hacer algo concreto por las generaciones futuras", afirma el equipo.
Con la meta de tener decenas de fábricas operativas para 2030 y planes de entrada en mercados masivos como India —a través de su colaboración con Elematic— o proyectos de reconstrucción en Ucrania, Carbonaide se posiciona como el líder silencioso de una nueva era. Su objetivo final es que, en cinco años, la marca "CO2 stored by Carbonaide" sea tan común en las obras como el propio acero. Si logran cumplir su promesa, las fábricas de cemento dejarán de ser chimeneas para convertirse, por fin, en los pulmones de la construcción moderna.
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