Corea del Sur compromete hasta 200.000 millones de dólares para impulsar GNL y nuclear en EEUU
La Casa Blanca presenta tres grandes proyectos energéticos financiados con capital surcoreano: una central de gas en Texas, ocho reactores nucleares y, de forma más condicionada, un gasoducto en Alaska. Forman parte del acuerdo comercial que rebajó al 15% los aranceles
Donald Trump, y su homólogo surcoreano, Lee Jae-myung, durante su reunión en la Casa Blanca en agosto de 2025. El encuentro se produjo en el marco del acuerdo comercial que posteriormente ha dado lugar al compromiso de Corea del Sur de invertir hasta 200.000 millones de dólares en proyectos energéticos en EEUUImagen: The White House
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por el secretario de Comercio, Howard Lutnick, anunció el miércoles desde el Despacho Oval un compromiso de inversión surcoreana de hasta 200.000 millones de dólares en infraestructuras energéticas estadounidenses. "Estamos encantados de anunciar una de las mayores inversiones en infraestructura energética de la historia de Estados Unidos", afirmó Trump.
El paquete forma parte del compromiso más amplio de 350.000 millones de dólares que Seúl asumió el año pasado dentro del acuerdo comercial bilateral que redujo del 25% al 15% los aranceles estadounidenses a los productos coreanos, y que incluye además 150.000 millones para construcción naval y 100.000 millones en compras de gas natural licuado.
Una central de gas para alimentar a los centros de datos
El proyecto más avanzado es "Project Star": una central de ciclo combinado de gas natural de 6.472 megavatios en Encinal (Texas), con una inversión de 22.300 millones de dólares. La instalación está liderada por la eléctrica NextEra Energy, con el apoyo de Lewis Energy Group para el emplazamiento, el suministro de gas y el agua. Según el Departamento de Comercio estadounidense, está diseñada específicamente para alimentar centros de datos y otras instalaciones intensivas en electricidad, como plantas de semiconductores, situadas junto a la propia planta.
La primera fase entraría en servicio en 2029, con la operación completa prevista para 2032. Corea del Sur participaría suministrando equipos, ingeniería y construcción, y podría extender el uso de sus turbinas a otros proyectos similares en EEUU. "Aprovechar las capacidades tecnológicas y la fortaleza de la cadena de suministro de las empresas coreanas contribuirá a una implementación estable y eficiente del proyecto", señaló el comunicado conjunto de ambos gobiernos.
Ocho reactores nucleares y el regreso de la energía atómica
El segundo gran bloque, bautizado "Project Power", contempla una inversión de unos 120.000 millones de dólares (100.000 millones para construcción y 20.000 millones reservados como contingencia) destinada a levantar ocho grandes reactores nucleares en EEUU, repartidos en estados como Ohio, Tennessee, Carolina del Sur y Kentucky. Seis serían reactores AP1000 de la estadounidense Westinghouse y dos utilizarían el diseño surcoreano APR1400, en un acuerdo firmado conjuntamente por ambos gobiernos, Westinghouse Electric, Korea Electric Power Corp. y Korea Hydro & Nuclear Power.
Las empresas surcoreanas estudian además adquirir una participación minoritaria, de entre el 5% y el 10%, en la propia Westinghouse. El Departamento de Comercio enmarcó el acuerdo dentro de la orden ejecutiva sobre energía nuclear de mayo de 2025, que fija el objetivo de tener diez nuevos reactores en construcción antes de 2030.
Lutnick resumió así la operación: "Corea va a invertir su dinero soberano, casi 200.000 millones de dólares, en infraestructura energética estadounidense para reforzar el dominio energético de Estados Unidos".
Alaska, la pieza condicionada del paquete
El tercer proyecto, "Project North", es el desarrollo del gasoducto de gas natural licuado de Alaska, valorado entre 50.000 y 54.000 millones de dólares, pensado para transportar gas desde el North Slope hasta la costa sur del estado y exportarlo licuado a los mercados asiáticos.
A diferencia de los otros dos, este es el único que Seúl no ha dado por cerrado: el propio presidente surcoreano, Lee Jae-myung, precisó que su participación dependerá de que se confirme "la viabilidad comercial" del proyecto y de que se cumplan "los procedimientos legales" de su país, una condición que también aplicó, aunque de forma más genérica, a la evaluación individual de cada reactor nuclear.
Según detalló Lee, el reparto de beneficios de todas las inversiones del paquete se mantendrá al 50% hasta que Corea del Sur recupere el capital y los intereses invertidos, y pasará a un reparto de 90% a 10% a partir de ese momento.
La inversión anual surcoreana, además, queda limitada por acuerdo vinculante a un máximo de 20.000 millones de dólares, y será la recién creada Korea-U.S. Strategic Investment Corporation (KUIC), presidida por Park Jong-won, la encargada de supervisar la ejecución de todo el compromiso de 350.000 millones.
Energía como moneda de cambio arancelario
El anuncio llega en un momento en que la Administración Trump multiplica este tipo de presentaciones de inversión extranjera de cara a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, en estados donde los republicanos defienden escaños en disputa: la central de Texas beneficia directamente a un estado donde se libra una de las contiendas al Senado más reñidas del país, y el propio anuncio sirvió a Trump para respaldar públicamente al senador de Alaska Dan Sullivan, que afronta una reelección muy ajustada.
Para Seúl, el cálculo es distinto: los grandes compromisos energéticos son la contrapartida que le permite mantener rebajados los aranceles que, de otro modo, golpearían a sus exportadores. El legislador surcoreano Kim Sung-won, que preside la comisión de comercio del Parlamento, había pedido antes del anuncio que se verificara "a fondo" la viabilidad comercial de cualquier inversión que suponga "una carga tremenda para el erario público", antes de dejarse llevar por necesidades políticas o exigencias diplomáticas.
El propio diseño del paquete refleja hacia dónde se dirige la demanda eléctrica estadounidense: gas y nuclear para sostener el crecimiento de los centros de datos, la inteligencia artificial y la industria de semiconductores, en un momento en que Washington compite por asegurar capacidad de generación firme a gran escala.
Mientras los proyectos de Texas y de los reactores nucleares cuentan ya con acuerdos firmados entre las partes, Alaska LNG, el más antiguo y el más discutido de los tres, sigue pendiente de superar la prueba de la rentabilidad.
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