Petróleo & Gas

Una de cada cinco refinerías corre riesgo de cierre ante el pico de la demanda mundial de petróleo previsto para 2032

Aproximadamente el 20 % de la capacidad de refino existente en el mundo se encuentra ya en una trayectoria descendente, con márgenes netos de caja operativos cada vez menores o incluso negativos, según Wood Mackenzie

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Se estima que una de cada cinco refinerías de petróleo del mundo afronta un riesgo creciente de cierre a medida que la demanda global de crudo alcanza su máximo y entra en una fase de declive estructural durante la próxima década. Así lo advierte un nuevo informe publicado hoy por Wood Mackenzie, que lanza un mensaje contundente al sector: la esperanza no es una estrategia.

La demanda mundial de productos refinados se sitúa actualmente en 105 millones de barriles diarios (mb/d). Según las previsiones de Wood Mackenzie, aumentará hasta los 108 mb/d en 2032, año a partir del cual comenzará a retroceder. Aproximadamente el 20 % de la capacidad de refino existente en el mundo se encuentra ya en una trayectoria descendente, con márgenes netos de caja operativos cada vez menores o incluso negativos, lo que incrementa el riesgo de cierre de estas instalaciones.

Aunque el punto máximo de demanda no llegará hasta 2032, el horizonte de 2040 está a tan solo tres o cuatro ciclos de mantenimiento integral de las refinerías. Esto significa que el margen de tiempo para adoptar decisiones de inversión estratégicas se está agotando.

Pese a este escenario, algunas inversiones en nuevas refinerías seguirán adelante, especialmente en países como India, impulsadas por el crecimiento de la demanda interna y las políticas orientadas a reforzar la autosuficiencia energética. Sin embargo, estas nuevas instalaciones añadirán capacidad a un mercado mundial que habrá entrado en una fase de declive estructural.

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Los biocombustibles representan la oportunidad más inmediata, puesto que pueden incorporarse a los sistemas de suministro y distribución de combustibles existentes mediante mezclas que requieren cambios limitados en las infraestructuras.

“El sector ya ha afrontado cambios estructurales en el pasado, desde las crisis petroleras de la década de 1970 hasta la oleada de inversiones en capacidad de refino en Oriente Medio y Asia durante los años 2000”, señala Alan Gelder, vicepresidente sénior de Refino, Química y Mercados del Petróleo de Wood Mackenzie.

“La presión actual es diferente por su naturaleza, no solo por su intensidad. Por primera vez, la industria se enfrenta a un descenso sostenido de la demanda final, en lugar de a una interrupción temporal del suministro. El tamaño, la complejidad y la ubicación determinarán qué activos disponen de verdaderas alternativas. Para aquellas instalaciones que carezcan de ventajas estructurales, no contar con un plan de adaptación creíble no significa aplazar una decisión: significa haber tomado una decisión”, añade.

El descenso de la demanda no afectará por igual a todos los productos

La gasolina será uno de los productos más afectados por la expansión del vehículo eléctrico. En cambio, el diésel, el gasóleo y el combustible de aviación mostrarán una mayor resistencia, dado que el transporte pesado por carretera y la aviación todavía carecen de alternativas claras para descarbonizarse.

El GLP y la nafta se beneficiarán de la demanda de materias primas por parte de la industria petroquímica. Por su parte, los productos especializados, como lubricantes, betún y ceras, estarán relativamente protegidos, ya que todavía no existen alternativas de origen biológico capaces de sustituirlos a gran escala.

Los elevados márgenes de refino actuales, impulsados por el conflicto en Oriente Medio y los daños sufridos por las refinerías rusas, volverán a niveles más moderados cuando termine la guerra.

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Wood Mackenzie recuerda que los márgenes de refino vienen determinados por los diferenciales entre el precio del crudo y el de los productos refinados (crack spreads), y no directamente por la cotización del petróleo. Además, los márgenes de referencia a largo plazo son reducidos.

La industria obtiene, asimismo, rentabilidades sobre el capital inferiores a las de las actividades de exploración y producción (upstream). Esta circunstancia dificulta el acceso a la financiación necesaria para acometer las transformaciones precisamente cuando más se necesitan.

Cinco modelos de refinería, con niveles de exposición muy diferentes

El informe distingue cinco grandes tipologías de refinerías, cuya capacidad para afrontar el nuevo escenario varía considerablemente.

Las instalaciones de gran escala y elevada complejidad, entre ellas las grandes refinerías de la costa estadounidense del golfo de México, las modernas plantas exportadoras de Oriente Medio y la refinería de Dangote, en Nigeria, son las que presentan una posición competitiva más sólida.

También destacan las instalaciones integradas con complejos químicos, cada vez más habituales en China y en determinadas zonas de Europa y Asia. Estas refinerías pueden redirigir parte de su producción, desde los combustibles para el transporte cuya demanda disminuirá, hacia productos petroquímicos.

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La escasez de productos petrolíferos en los mercados internacionales ha impulsado este año los márgenes de refino, especialmente los del diésel, lo que ha incentivado a las instalaciones a aumentar su actividad.

Ambos modelos cuentan con las mayores posibilidades de adaptación y están mejor posicionados para convertirse en los grandes parques energéticos integrados que definirán el futuro del sector.

En una situación más comprometida se encuentran las refinerías costeras de craqueo, la configuración más extendida en los países de la OCDE. Estas instalaciones afrontan una competencia internacional directa y disponen de menos alternativas estratégicas. Las europeas son las que soportan una mayor presión dentro de este grupo.

Por otro lado, las refinerías pequeñas especializadas en lubricantes, betún y ceras presentan una exposición limitada al descenso de la demanda de combustibles para el transporte.

Finalmente, las pequeñas instalaciones de baja complejidad, muchas de ellas propiedad de compañías petroleras nacionales (NOC) en países en desarrollo, solo pueden mantener su actividad gracias a las subvenciones públicas.

Existen distintas vías de adaptación, pero no todas están al alcance de todas las refinerías

Wood Mackenzie identifica varias estrategias para afrontar la transformación del mercado, aunque advierte de que los elevados costes de inversión y la incertidumbre sobre la evolución de la demanda dificultan su ejecución.

La integración petroquímica constituye la principal alternativa para las grandes instalaciones de alta complejidad. Esta estrategia permite transformar productos como el GLP y la nafta en olefinas, aromáticos y polímeros. Los operadores de Asia y Oriente Medio, respaldados por financiación estatal, lideran este proceso.

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Otra opción es la conversión mediante tecnologías renovables y de economía circular, que permiten producir diésel renovable y combustible sostenible de aviación a partir de aceite de cocina usado y plásticos reciclados. Esta vía resulta especialmente adecuada para las refinerías costeras de la Unión Europea.

La modernización de los procesos convencionales de refino es otra alternativa, sobre todo para las compañías de Oriente Medio y Asia que disponen de capital, suelo y acceso a los mercados de exportación.

La captura y almacenamiento de carbono (CAC) resulta especialmente relevante para los operadores europeos y de otros países de la OCDE.

En el caso de las refinerías de tamaño intermedio, las opciones pasan por consolidar capacidad, especializarse en productos de mayor valor añadido, integrar toda la cadena de valor o diversificar la actividad hacia sectores relacionados, como la generación eléctrica, el gas natural licuado (GNL) y el amoniaco.

“El capital necesario para ejecutar la mayoría de estas estrategias de adaptación es considerable, y el perfil de rentabilidad del sector dificulta su captación mucho más de lo que podría parecer desde fuera”, explica Chris Barry, vicepresidente de Consultoría de Downstream de Wood Mackenzie.

“El riesgo reside en que las ambiciones de transformación no se correspondan con la capacidad financiera de las compañías. La integración petroquímica y la producción de combustibles renovables pueden representar oportunidades atractivas de crecimiento y diversificación para las instalaciones grandes, complejas y bien posicionadas. Para aquellas con debilidades estructurales, consolidarse en torno a la fortaleza de sus mercados locales o apostar por productos especializados constituye una vía más sólida para garantizar su viabilidad a largo plazo”, añade.

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Los productos petrolíferos seguirán desempeñando un papel central en la economía mundial durante varias décadas, y las refinerías mejor posicionadas todavía tienen futuro. Sin embargo, Wood Mackenzie prevé que el sector evolucione hacia un modelo claramente dual.

En un extremo estarán los grandes complejos energéticos y químicos integrados, capaces de producir combustibles, productos petroquímicos y especialidades industriales. En el otro, las instalaciones abocadas a transformarse en terminales de almacenamiento y distribución, reconvertir sus actividades o cerrar definitivamente.

Las compañías especializadas podrán sobrevivir aprovechando ventajas competitivas locales, como el acceso a materias primas, un entorno regulatorio favorable o el respaldo de los gobiernos.

Para los inversores y propietarios de activos, la cuestión ya no es si una refinería tendrá que afrontar dificultades, sino si su tipología, ubicación y estructura de propiedad le proporcionan las herramientas necesarias para adaptarse.

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