Los combustibles alternativos están adquiriendo un papel cada vez más relevante en la transición hacia una energía limpia, a medida que gobiernos, empresas y consumidores buscan alternativas al petróleo con una menor huella de carbono. En este contexto, la capacidad mundial de producción de las refinerías de combustibles renovables aumentará desde los 44.350 millones de litros anuales previstos para 2025 hasta los 133.848 millones en 2030, según la firma de análisis y datos GlobalData.
El informe de inteligencia estratégica de GlobalData, titulado Alternative Fuels in Energy Transition (Combustibles alternativos en la transición energética), define los combustibles alternativos como aquellos destinados al transporte que no proceden del petróleo crudo. El estudio analiza los biocombustibles —incluidos el diésel renovable y el combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés)—, así como el hidrógeno bajo en carbono, el amoniaco, el metanol y los combustibles sintéticos o electrónicos (e-fuels). Estas alternativas pueden contribuir a reducir las emisiones a lo largo de todo el ciclo de vida en el transporte por carretera, aéreo y marítimo.
Ravindra Puranik, analista del sector del petróleo y el gas de GlobalData, señala: “El transporte sigue siendo un sector especialmente relevante para las compañías petroleras y gasistas, ya que representó el 46 % de la demanda mundial de productos petrolíferos en 2025, una cifra que asciende al 55 % si se incluye el consumo de combustible del transporte marítimo internacional. Dado que los vehículos de carretera, los aviones y los buques no pueden abandonar los combustibles líquidos y gaseosos al mismo ritmo, los combustibles alternativos ofrecen una vía práctica para reducir las emisiones sin comprometer la fiabilidad del suministro, la autonomía ni la flexibilidad operativa”.
Biocombustibles, la oportunidad más inmediata
Los biocombustibles representan la oportunidad más inmediata, puesto que pueden incorporarse a los sistemas de suministro y distribución de combustibles existentes mediante mezclas que requieren cambios limitados en las infraestructuras. El diésel renovable y el combustible sostenible de aviación (SAF), ambos producidos a partir de biomasa en instalaciones de refino renovable, encabezan las opciones a corto plazo gracias a su compatibilidad con los sistemas actuales y a la posibilidad de utilizarlos sin necesidad de modificar sustancialmente los motores o equipos existentes.
A más largo plazo, el hidrógeno bajo en carbono, el amoniaco, el metanol y los combustibles sintéticos desempeñarán un papel relevante en aquellos sectores cuya electrificación resulta más compleja, como el transporte marítimo y la aviación.
El incremento de la capacidad mundial de producción de las refinerías renovables estará impulsado tanto por la ampliación de las instalaciones actualmente operativas como por el creciente número de proyectos previstos. Entre los combustibles obtenidos en estas plantas, el diésel renovable destaca por su potencial para sustituir directamente al diésel convencional en el transporte de mercancías por carretera, el ferrocarril y la navegación. Su compatibilidad con los motores diésel y con las infraestructuras logísticas existentes lo convierte en una alternativa atractiva para los operadores de flotas que buscan reducir sus emisiones sin tener que renovar por completo sus vehículos o sistemas de suministro.
Oportunidades para petroleras y gasistas
Para las compañías del sector del petróleo y el gas, las oportunidades abarcan la adaptación de refinerías convencionales, la comercialización de combustibles, el suministro de hidrógeno y amoniaco, el desarrollo de combustibles vinculados a tecnologías de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS), así como la creación de infraestructuras para combustibles bajos en carbono.
Los activos existentes en el negocio de refino y distribución pueden adaptarse para procesar aceites usados, grasas, aceites vegetales y otras materias primas de origen biológico. Asimismo, determinadas refinerías pueden reconvertirse en instalaciones destinadas a producir diésel renovable y combustible sostenible de aviación.
Puranik concluye: “El desarrollo de los combustibles alternativos no requiere únicamente instalaciones de producción, sino también recursos para la recopilación y el suministro de materias primas, la certificación, la mezcla de combustibles, la logística, la gestión de los contratos de compra y la relación con los clientes. Las empresas que cuentan con divisiones comerciales consolidadas y redes de distribución minorista pueden desarrollar carteras de combustibles bajos en carbono que incluyan SAF, diésel renovable, gas natural renovable, hidrógeno, metanol, amoniaco y, con el tiempo, combustibles sintéticos. La ventaja competitiva está dejando de depender exclusivamente de la capacidad de producción para centrarse cada vez más en el control de toda la cadena comercial”.
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