Ningún comentario Los precios minoristas de la electricidad y el gas en Europa continúan por encima de los niveles previos a la crisis energética, pese a la corrección registrada desde los máximos de 2022. Así lo constata el informe de seguimiento de los mercados minoristas de electricidad y gas de 2026, elaborado por la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) y el Consejo de Reguladores Europeos de Energía (CEER), publicado este 30 de septiembre. El organismo identifica además la flexibilidad de la demanda como una de las principales vías para reducir la factura eléctrica: un hogar representativo podría ahorrar de media unos 120 euros al año, bajo las condiciones de mercado de 2025, si combina un contrato dinámico con el desplazamiento de parte de su consumo hacia las horas más baratas.
El informe advierte de que la bajada de los precios mayoristas no se ha trasladado íntegramente a los consumidores domésticos. En 2025, el precio medio de la electricidad para los hogares de la UE-27 se situó en 294 euros/MWh, frente a los 224 euros/MWh registrados de media entre 2019 y 2021. En el caso del gas, el precio medio alcanzó los 118 euros/MWh, frente a los 69 euros/MWh del periodo previo a la crisis. ACER señala que ambos precios permanecieron por encima de los niveles anteriores a la crisis tanto en términos nominales como ajustados por inflación.
Últimas tensiones
La fotografía de 2025, además, todavía no recoge las últimas tensiones registradas en los mercados energéticos. ACER explica que los datos utilizados en el análisis de precios llegan hasta finales del pasado año y, por tanto, no incorporan la presión alcista derivada de la escalada del conflicto en Oriente Medio a comienzos de 2026. Los datos más recientes apuntan a una tendencia creciente de los precios minoristas entre enero y agosto de este año en 18 mercados eléctricos y 16 mercados gasistas europeos.
La evolución ha sido más favorable para los consumidores no domésticos. Mientras los precios de hogares han descendido de forma más moderada desde los máximos de la crisis, los precios empresariales han experimentado una corrección más acusada. En 2025, la electricidad para los consumidores no domésticos se situó en 149 euros/MWh, frente a más de 200 euros/MWh en 2022, mientras que el gas bajó hasta 54 euros/MWh, frente a cerca de 100 euros/MWh durante el pico de la crisis. No obstante, ambos niveles continuaron por encima de sus respectivas medias anteriores a la crisis.
El regulador europeo pone el foco en la composición de las facturas para explicar por qué la reducción de los costes energéticos no se ha traducido en una caída equivalente del precio final. Los costes de energía y suministro han disminuido desde los máximos registrados en 2023, pero el incremento de los costes de las redes y de los impuestos, tasas, gravámenes y otros cargos ha absorbido buena parte de esa reducción. En 2025, estos componentes fiscales representaron el 28% del precio de la electricidad doméstica y el 24% del precio del gas en la UE.
Los costes de las redes también han adquirido un peso creciente. Los cargos de red de la electricidad para los hogares aumentaron un tercio entre 2020 y 2025, desde 63 hasta 84 euros/MWh. Para un hogar con un consumo medio europeo de unos 2,9 MWh al año, el incremento de 21 euros/MWh supone alrededor de 60 euros adicionales anuales. ACER subraya que el aumento previsto de las inversiones en las redes hace necesario garantizar que el gasto sea eficiente y que se traduzca en valor para los consumidores.
La presión sobre los hogares, sin embargo, varía considerablemente entre países y depende tanto del precio como del nivel de consumo y de los ingresos. En 2025, el gasto estimado en electricidad de un hogar con ingresos medianos y consumo medio osciló entre el 1,2% y el 3,9% de los ingresos en los mercados analizados. En el caso del gas, España y Portugal registraron los menores niveles de carga, con un peso inferior al 1,1% de los ingresos en 2025. ACER advierte de que estos datos representan promedios nacionales y no permiten determinar por sí solos la situación de cada hogar.
Oportunidad para reducir costes
Frente a este escenario de precios todavía elevados, el organismo regulador identifica en la flexibilidad de la demanda una oportunidad para que los consumidores reduzcan sus costes y, al mismo tiempo, contribuyan a integrar una mayor generación renovable. El aumento de la producción solar está generando más horas de abundancia de electricidad y precios bajos, especialmente durante el mediodía, mientras que la volatilidad de los precios dentro del día es actualmente mucho mayor que en 2020.
Bajo las condiciones de mercado de 2025, un hogar representativo con un consumo anual de 3.000 kWh podría obtener un ahorro medio de aproximadamente el 20% de su factura eléctrica, unos 120 euros al año, mediante el cambio de un contrato de precio fijo medio a uno dinámico y el desplazamiento de parte del consumo desde las horas más caras hacia las más económicas. El cálculo se refiere exclusivamente al componente de energía y suministro de la factura y no al conjunto del recibo, que incorpora también costes de redes, impuestos y otros cargos.
El potencial de ahorro aumenta en los hogares que disponen de consumos más fácilmente desplazables. El informe estima un ahorro medio de 140 euros anuales para un hogar con bomba de calor y de 340 euros para uno con vehículo eléctrico al combinar la contratación dinámica con cambios en los hábitos de consumo. Los usuarios con vehículo eléctrico presentan el mayor potencial porque pueden trasladar una parte significativa de su recarga hacia las horas en las que la electricidad resulta más barata.
La flexibilidad, no obstante, no garantiza por sí misma un ahorro. ACER recuerda que los resultados dependen del tipo de contrato, del patrón de consumo y de las condiciones del mercado. Durante la crisis energética de 2022, los contratos dinámicos llegaron a resultar más caros que los contratos de precio fijo porque trasladaban casi en tiempo real el fuerte incremento de los precios mayoristas, mientras que los consumidores con contratos fijos mantenían temporalmente los precios previamente acordados.
El informe también pone de manifiesto que los contratos de precio fijo siguen teniendo un peso elevado en buena parte de Europa. En nueve de los mercados analizados, los contratos domésticos de precio único, fijo y de duración determinada representaban más del 80% de los contratos por punto de suministro. Estos productos proporcionan estabilidad al consumidor, pero no ofrecen incentivos económicos para desplazar el consumo hacia las horas en las que la electricidad es más barata o abundante.
ACER reclama, por ello, una mayor diversidad de productos y una información más completa sobre los contratos que realmente tienen los consumidores. El organismo considera que no basta con conocer las ofertas disponibles, sino que es necesario saber qué contratos están contratando los hogares, qué señales de precio reciben y qué grado de exposición tienen a la evolución de los mercados mayoristas. Esta información será cada vez más relevante a medida que aumente la electrificación del transporte, la calefacción y otros usos energéticos.
La agencia vincula directamente esta transformación con el avance de las renovables. La mayor generación solar está ampliando la diferencia entre las horas de precios bajos durante el día y los periodos de precios más elevados, especialmente por la mañana y por la tarde. Para ACER, trasladar parte del consumo hacia las horas de menor precio puede generar un doble beneficio: reducir el coste para los consumidores y facilitar la integración de una mayor producción renovable.
El regulador advierte, sin embargo, de que no todos los hogares tienen la misma capacidad para modificar sus pautas de consumo. Una vivienda convencional dispone de menos cargas desplazables, mientras que la presencia de un vehículo eléctrico, una bomba de calor o ambos incrementa considerablemente el margen de actuación. En el caso de las bombas de calor, por ejemplo, ACER estima que el ahorro asociado exclusivamente al desplazamiento del consumo es más limitado, ya que la calefacción solo puede trasladarse unas pocas horas sin afectar al confort.
Combinación de estabilidad y flexibilidad
De cara a los próximos años, ACER prevé que estas oportunidades de flexibilidad cobren mayor relevancia a medida que aumente el peso de las renovables variables. El organismo señala que, hacia 2030, estas tecnologías podrían aproximarse al 50% de la generación eléctrica, lo que incrementaría la frecuencia de las horas con precios bajos, especialmente durante el mediodía. Al mismo tiempo, advierte de que los episodios de precios elevados no desaparecerán y que los productos flexibles deberán incorporar mecanismos de protección para los consumidores.
El regulador europeo apuesta así por un mercado minorista que permita combinar estabilidad y flexibilidad, en lugar de limitar la elección entre contratos completamente fijos y productos plenamente dinámicos. Según ACER y CEER, la electrificación europea solo podrá avanzar sin aumentar la presión sobre los consumidores si la electricidad mantiene una relación de precios adecuada frente a los combustibles fósiles, las inversiones en redes se realizan de forma eficiente y los hogares pueden beneficiarse de las nuevas oportunidades que ofrece la generación renovable.
En este sentido, el informe sitúa la flexibilidad de la demanda como una pieza cada vez más relevante de la transición energética, pero subraya que los potenciales ahorros dependen de las características de cada hogar y de la evolución de los mercados. Los 120 euros anuales calculados para un consumidor representativo no constituyen, por tanto, un ahorro garantizado, sino una estimación del potencial que ofrecieron las condiciones del mercado eléctrico europeo en 2025.
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