Ningún comentario El investigador principal del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, ha advertido de que la situación generada por la guerra en Irán “no pinta bien” para los mercados energéticos europeos y que las subidas de precios serán “muy difíciles de contener” si continúan escalando las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo. El analista considera que el escenario actual puede desembocar en una nueva gran crisis energética global y alerta de que, aunque Europa llega mejor preparada que en el pasado, el continente podría verse seriamente afectado si el conflicto se prolonga.
Durante una jornada sobre infraestructuras gasistas organizada este lunes por Sedigas y el Club Español de la Energía, Escribano explicó que el principal riesgo para Europa no reside en la seguridad del suministro energético, sino en el impacto de los precios. A su juicio, el contexto internacional apunta a una “escalada descontrolada” en la que ya se están atacando infraestructuras energéticas, lo que añade presión a los mercados. “El viernes estábamos al borde del abismo y este fin de semana hemos dado un gran paso adelante”, señaló para describir el deterioro de la situación.
Desescalada
El experto también considera poco probable una desescalada rápida, especialmente tras la elección de Mojtaba Jameneí —hijo del fallecido líder supremo Ali Jameneí— como nuevo líder supremo de Irán, una decisión que, según su análisis, refuerza a los sectores más próximos a la Guardia Revolucionaria y complica cualquier intento de distensión. En este contexto, Escribano cree que el mercado energético europeo se enfrenta a un escenario de gran incertidumbre con presiones inflacionarias, subidas de los tipos de interés y un probable “choque de oferta”.
A pesar de este panorama, el analista reconoce que Europa llega a esta crisis en mejores condiciones que durante la crisis energética desencadenada por la invasión rusa de Ucrania. Entonces, varios países dependían casi exclusivamente del gas ruso y carecían de alternativas, mientras que ahora el continente cuenta con más infraestructuras de gas natural licuado, mayor diversificación de proveedores y un crecimiento significativo de las energías renovables. España, según destacó, se encuentra entre los países que han realizado mejor los deberes en términos de preparación y resiliencia energética.
Sin embargo, Escribano advirtió de que estos avances pueden no ser suficientes si el conflicto se prolonga. “La Unión Europea y España han hecho un gran trabajo en los últimos años, pero no estamos lo suficientemente preparados si esta situación dura semanas”, afirmó. Desde su punto de vista, el mundo se adentra en una etapa de creciente rivalidad geopolítica y mayor imprevisibilidad, factores que condicionarán cada vez más los mercados energéticos.
En ese sentido, el investigador considera que el actual episodio puede convertirse en la cuarta gran crisis de los combustibles fósiles de los últimos cincuenta años, tras las dos crisis del petróleo de los años setenta y la crisis del gas de 2022. En su opinión, los elevados precios de la energía podrían provocar una “importante destrucción de demanda” en Europa, afectando tanto a la industria como al consumo.
Diferente punto de partida
Durante la misma jornada intervino también Paula Ceballos, analista política de la representación en España de la Comisión Europea, quien coincidió en que el momento es “muy malo”, aunque subrayó que Europa no parte de la misma situación que en crisis anteriores. Según explicó, en estos momentos no existen grandes preocupaciones sobre la seguridad del suministro energético en el continente.
Ceballos recordó que proveedores como Catar —segundo mayor productor mundial de gas natural licuado— suministran gas a Europa, pero no constituyen una fuente dominante. Por ello, la principal preocupación se centra en la evolución de los precios, especialmente si las tensiones en Oriente Próximo se prolongan. En los mercados de futuros de electricidad, explicó, ya se observan subidas, aunque todavía lejos de los niveles extremos alcanzados durante la crisis energética de 2022.
La analista destacó que la mayor presencia de energías renovables, una menor demanda de gas y el refuerzo de las infraestructuras energéticas han aumentado la resiliencia del sistema europeo. En su opinión, la transición energética no solo responde a objetivos climáticos, sino que también refuerza la seguridad y la competitividad de la economía europea al reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.
No obstante, tanto Ceballos como Escribano coincidieron en que el actual contexto internacional plantea desafíos estructurales para el sistema energético europeo. La volatilidad geopolítica, el aumento de los conflictos y la competencia global por los recursos energéticos configuran un entorno cada vez más incierto para el continente, que seguirá dependiendo de importaciones de energía en el corto y medio plazo.
Ante este escenario, Escribano defendió que Europa debe acelerar la transición energética y apostar por las energías renovables y los gases renovables como vía para reducir su vulnerabilidad estratégica. A su juicio, más allá de los objetivos climáticos, la descarbonización se ha convertido en una cuestión de seguridad económica y de suministro para la Unión Europea.
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