La policía de Finlandia ha abierto una investigación penal por presuntas infracciones de la normativa ambiental en el solar donde Google proyecta un centro de datos, cerca de Muhos, en el norte del país, según Reuters. Las autoridades sostienen que Tuike Finland, filial de la tecnológica, taló y drenó el terreno antes de completar las evaluaciones de impacto ambiental que exige la ley finlandesa.
El comisario Kari Pakanen explicó a Reuters que se investiga si la actividad de la empresa vulneró la ley de aguas y causó daños ambientales. Una condena podría traducirse en una multa a la compañía. Pakanen no aclaró si hay personas concretas en el punto de mira. La policía ofrecerá una actualización en diciembre, pero la investigación se prolongará hasta 2027.
Un solar arrasado antes de tiempo
El regulador finlandés (LVV) ordenó el 6 de octubre detener las obras preparatorias en Muhos y en un segundo emplazamiento, Otanmäki, a unos 100 kilómetros. En Muhos el desmonte afecta a 330 hectáreas, a 400 metros del río Oulujoki, y se retiró incluso la capa de suelo fértil. La Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza (SLL) calcula que han caído 250.000 árboles en Muhos y 150.000 en Otanmäki. Son estimaciones de la organización, no cifras oficiales. Vecinos denuncian que el agua marrón que sale del terreno llega a un arroyo que alimenta el río, y la ecóloga de SLL Mari Annala sostiene que, al ser ilegal la tala, esa madera no puede venderse a la industria.
Google ha pedido disculpas. Su responsable en Finlandia, Antti Järvinen (en imagen), alegó que actuó según la mejor interpretación de la ley que tenía entonces. Sin embargo, según las autoridades, la evaluación ambiental no estaba terminada cuando entraron las excavadoras. La compañía asegura que paralizó los trabajos al recibir la orden y que plantará árboles en 130 hectáreas de Muhos, una superficie que los conservacionistas consideran insuficiente frente al daño causado.
La energía detrás del proyecto
El proyecto forma parte de la inversión que Google anunció en septiembre: unos 15.000 millones de dólares, la mayor de la compañía en Europa. Finlandia, con menos de seis millones de habitantes, examina solicitudes para 145 nuevos centros de datos. Su operador de red, Fingrid, calcula que el consumo eléctrico del país podría aumentar hasta un 40 % en los próximos años si se materializan todos los proyectos con conexión acordada. Finlandia atrae estas instalaciones por su clima frío, su electricidad de baja emisión y su respaldo político, pero el caso de Muhos plantea una pregunta incómoda: quién se beneficia de esa electricidad limpia.
Un debate político y regulatorio
El primer ministro, Petteri Orpo, había calificado en septiembre la atracción de inversión de una prioridad absoluta y restó importancia a los temores sobre la demanda de energía y los precios. Tras conocerse lo ocurrido en Muhos lo comparó con un jarro de agua fría. Más de 93.000 personas han firmado una petición para exigir más regulación y una compensación por el daño ambiental, y el asunto puede pesar en las elecciones de abril.
El profesor de la Universidad de Helsinki Jussi Kangasharju sostiene que, para el país, "de verdad, no hay beneficios": son empresas internacionales que sirven a clientes internacionales y tributan poco en Finlandia. El Ministerio de Medio Ambiente dice estar dispuesto a proponer cambios legales si hacen falta.
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