El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha lanzado este martes una dura crítica a la política económica, energética e industrial de la Unión Europea, a la que acusó de haber sacrificado competitividad, industria y bienestar social en favor de decisiones “ideológicas” que están debilitando su posición en el mundo. Durante su intervención en la 23ª edición del IESE Energy, Imaz advirtió de que Europa ha perdido peso económico, capacidad industrial y confianza social, y reclamó un giro urgente hacia una política basada en la competitividad, la seguridad energética y la neutralidad tecnológica.
Imaz situó sus reflexiones en un contexto global marcado, a su juicio, por el paso de un orden internacional basado en la prosperidad y el multilateralismo a otro dominado por la lógica de la seguridad y los bloques. En ese escenario, subrayó el ascenso económico e industrial de China como uno de los factores que han alterado el equilibrio mundial y han llevado a Estados Unidos a reorientar su estrategia hacia el Pacífico. Frente a ello, defendió que el vínculo transatlántico sigue siendo esencial, tanto desde un punto de vista de valores democráticos como desde una lógica estratégica, pero insistió en que "Europa necesita a Estados Unidos, y Estados Unidos necesita a Europa, una Europa fuerte", algo que hoy no se está produciendo.
Representación del PIB mundial
Como prueba de ese debilitamiento, recordó que hace quince años Europa y Estados Unidos representaban cada uno en torno al 21 o 22% del PIB mundial, mientras que hoy la economía estadounidense ha crecido hasta el 26% y la europea ha caído al 16%, con una tendencia descendente. Para Imaz, esta pérdida de peso tiene consecuencias profundas, no solo económicas sino también sociales y políticas. A su juicio, Europa ha pasado de una etapa en la que las nuevas generaciones crecían con la convicción de que vivirían mejor que sus padres a otra en la que predomina la percepción contraria, lo que alimenta miedo, frustración y populismo.
El directivo de Repsol vinculó directamente este deterioro con la política energética europea. Afirmó que la Unión ha olvidado que la energía debe servir para que las personas vivan mejor, garantizar el suministro y sostener la competitividad. Criticó la renuncia a explorar y producir recursos propios, como el gas natural, y la dependencia generada respecto a proveedores externos, así como el impacto del alto precio de la energía sobre los hogares y la industria. En ese sentido, citó el informe elaborado por Mario Draghi, que cifra en un 12% el cierre de industria intensiva en energía en Europa en los últimos seis años, y añadió que desde la publicación del informe se ha anunciado el cierre de otro 10% de la industria petroquímica europea.
Hiperregulación europea
Imaz señaló como causas principales una “hiperregulación” que, según explicó, somete a algunas empresas industriales a miles de normas medioambientales, y el sistema de derechos de CO2, que calificó de ineficaz para descarbonizar y perjudicial para la industria europea. Según su análisis, estas políticas están acelerando la deslocalización de fábricas hacia regiones con menores exigencias ambientales, lo que termina incrementando las emisiones globales, aunque Europa presente mejores cifras internas. Recordó además que, por unidad de PIB, la economía estadounidense se ha descarbonizado más que la europea desde la crisis financiera.
En materia de transición energética, defendió la neutralidad tecnológica y criticó decisiones como la prohibición del motor de combustión a partir de 2035, que, a su juicio, han envejecido el parque automovilístico, han generado efectos regresivos y han frenado inversiones. Sostuvo que una renovación acelerada del parque con tecnologías actuales permitiría reducir de forma significativa las emisiones y la contaminación urbana, sin excluir otras soluciones como los combustibles renovables. En este ámbito, expuso varios proyectos industriales impulsados por Repsol -como los de Cartagena o Tarragona- basados en residuos, hidrógeno y captura de CO2, que, según afirmó, demuestran que existen alternativas tecnológicamente viables y eficientes.
Objetivos
Imaz insistió en que los objetivos de descarbonización, autonomía estratégica y defensa común solo serán alcanzables si Europa recupera competitividad y capacidad industrial. Sin crecimiento económico, advirtió, no habrá ni autonomía ni cohesión social ni respaldo ciudadano a proyectos políticos más ambiciosos. En ese marco, reivindicó un europeísmo compatible con el atlantismo y apeló a una reflexión profunda sobre el rumbo seguido en los últimos años.
En la parte final de su intervención, se refirió también a Venezuela, donde Repsol opera como productor de gas. Con prudencia, afirmó que se ha abierto una oportunidad para un futuro mejor en el país, que pasa por la estabilización económica y social y por el aumento de la producción de hidrocarburos como vía para generar ingresos y desarrollo. Repsol, aseguró, está comprometida con ese proceso, tanto por su importancia empresarial como por su impacto potencial en la sociedad venezolana.
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