España continúa consolidando su posición como uno de los referentes europeos en la transición energética. Según los últimos datos de Red Eléctrica, nuestro país supera ya los 72 GW de potencia renovable instalada y cuenta con otros 75,8 GW con permisos de acceso a la red. Una parte significativa de esa capacidad acabará incorporándose al sistema eléctrico durante los próximos años.
Parece un gran momento para el sector. Sin embargo, detrás de estas cifras se esconde un cambio de paradigma: la conversación ya no gira en torno a cuántos megavatios somos capaces de instalar, sino a cómo gestionamos, integramos y extraemos valor de una generación renovable cada vez más abundante.
Cambiar de fase implica, también, cambiar de enfoque
En el caso de la fotovoltaica, las nuevas tensiones del sistema son síntoma de esta transformación. En momentos en los que la producción solar es muy alta a mediodía, pero la demanda apenas sube por la ralentización económica, observamos episodios en los que el precio de la electricidad puede situarse en cero o incluso en valores negativos, una situación que hasta hace pocos años parecía excepcional y que hoy refleja las nuevas dinámicas del mercado eléctrico. Las reglas del mercado están cambiando y la rentabilidad de cada proyecto se ha vuelto mucho más sensible a la gestión y a la planificación.
En otras palabras, el reto al que nos enfrentamos es que la capacidad de generación renovable ha crecido mucho más rápido que la demanda, y la red y las interconexiones no están preparadas para evacuar ni gestionar toda esa producción.
En este contexto, la visión cortoplacista de multiplicar megavatios ya no basta. Bancos e inversores reclaman certidumbre a largo plazo y, ante todo, proyectos que incluyan verdaderas soluciones de almacenamiento, capaces de capturar valor fuera de las horas solares y estabilizar ingresos.
El almacenamiento de energía mediante baterías se está consolidando como un elemento cada vez más habitual en los nuevos proyectos y como una de las principales palancas para mejorar su competitividad y flexibilidad. Las cifras son claras, esta tecnología en España ya genera 524 millones de euros en valor añadido y es uno de los países con mayor potencial de crecimiento en este ámbito de toda Europa.
En la gestión eficiente de los proyectos está el verdadero valor
El siguiente paso es fortalecer la colaboración entre empresas, centros de investigación, administraciones públicas y operadores del sistema. Solo sumando capacidades, tanto tecnológicas como industriales, seremos capades de explotar el potencial renovable.
Sin embargo, la calidad de los proyectos va mucho más allá de instalar baterías de última generación. Para que el almacenamiento sume valor, debe integrarse en las plantas renovables con una gestión cuidada desde el principio. Esto supone trabajar bien el diseño de los sistemas de control, apostar por la digitalización, utilizar herramientas de análisis avanzadas y ser capaces de reaccionar y tomar decisiones con rapidez ante cualquier cambio en el mercado. La capacidad de valorar correctamente cada variable permite transformar cada kilovatio gestionado en una fuente de valor más predecible, resiliente y sostenible a largo plazo.
En este escenario, la experiencia adquirida durante años en el diseño, construcción y operación de activos renovables cobra un protagonismo renovado.
La valorización de las carteras renovables ya no depende únicamente de incorporar nueva tecnología, sino de garantizar una ejecución excelente durante todo el ciclo de vida del proyecto.
Este momento exige la modernización técnica de las plantas y la adaptación de la operación diaria a la nueva realidad del mercado, a las necesidades regulatorias y a las oportunidades de ingresos futuros.
Ni la mejor tecnología puede suplir los fallos de ejecución
El sector se encuentra ante una nueva etapa en la que la diferencia la marcará la calidad de la ejecución. La competitividad, y el futuro de cada proyecto energético, no se medirán solo por el diseño inicial ni por la potencia instalada, sino por la capacidad de convertir ingeniería en valor real, activo a activo, día a día. La próxima década no estará definida por quién instale más capacidad, sino por quién sea capaz de gestionarla mejor.
David Torrego es Energy & Installations Managing Director de Grupo Negratín
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