El sistema energético mundial atraviesa una etapa sin precedentes. La incertidumbre, lejos de disminuir, aumenta a medida que crece la demanda energética, la inteligencia artificial (IA) genera nuevas necesidades de electricidad, la geopolítica altera las cadenas de suministro y la seguridad y la asequibilidad adquieren tanta importancia como la descarbonización.
El informe Global Energy Perspective 2026, publicado por McKinsey, sostiene que las empresas ya no pueden diseñar sus estrategias pensando en un único futuro energético. Deben prepararse para varios escenarios plausibles y establecer de antemano qué señales indicarían que ha llegado el momento de cambiar de rumbo.
La presión es evidente en tres frentes. En materia de seguridad energética, alrededor del 30% de la producción mundial de petróleo y gas tiene actualmente un acceso limitado al comercio internacional, en un contexto marcado por la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz y la guerra entre Rusia y Ucrania. En cuanto a la asequibilidad, la inversión mundial en redes eléctricas aumentará cerca de 100.000 millones de dólares en 2026, un 21% más que un año antes, el mayor incremento anual entre los sectores energéticos. Y en el ámbito de la descarbonización, la temperatura media mundial se sitúa aproximadamente 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales, mientras que durante 2025 se superó en varias ocasiones el umbral de 1,5 °C asociado al Acuerdo de París.
La transición energética se convierte en una expansión
Una de las principales conclusiones del estudio es que la transición energética ya no puede entenderse únicamente como un proceso de sustitución de combustibles fósiles por tecnologías bajas en carbono. La demanda total de energía continúa creciendo.
En 2025, la demanda energética mundial aumentó un 2,7%, y petróleo, gas, carbón y energías renovables crecieron simultáneamente. La cuestión estratégica, por tanto, está cambiando: el debate ya no gira solo en torno a cuándo comenzará a caer la demanda de combustibles fósiles, sino sobre cómo abastecer las crecientes necesidades energéticas de la economía mundial, especialmente en los países emergentes.
La inteligencia artificial transforma la demanda eléctrica
La expansión de la IA está introduciendo una nueva variable en el mercado eléctrico. Los centros de datos son actualmente el segmento de demanda que más crece en los mercados eléctricos de la OCDE. El escenario de referencia denominado Continued Momentum prevé un crecimiento anual compuesto del 24% en su consumo eléctrico hasta 2030.
Pero la influencia de la IA no se limita a aumentar la demanda. También puede mejorar la previsión, el mantenimiento, la ingeniería, la fabricación y la optimización de los sistemas energéticos. En otras palabras, la tecnología puede transformar simultáneamente los dos lados de la ecuación: cuánto poder energético se necesita y cómo se produce y gestiona.
Las redes eléctricas pueden convertirse en el gran cuello de botella
Disponer de generación barata no garantiza un sistema energético fiable y asequible. El informe advierte de que la próxima crisis energética podría estar relacionada tanto con las redes, los transformadores y las cadenas de suministro como con el petróleo.
La transmisión, distribución, almacenamiento, capacidad de generación gestionable, conexiones y flexibilidad determinarán la velocidad con la que las nuevas fuentes de generación puedan convertirse en electricidad utilizable. La preparación de las infraestructuras aparece como una de las principales restricciones en prácticamente todos los escenarios.
La inversión mundial en transmisión y distribución podría pasar de 443.000 millones de dólares anuales en 2025 a 970.000 millones en 2050, más del doble, con un crecimiento medio del 3,2% anual.







Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios