Renovables

La eólica saca pecho para ofrecer autonomía y competitividad energética ante las crisis energéticas internacionales

La escalada de tensiones internacionales y la volatilidad de los mercados energéticos evidencian la importancia de contar con la energía eólica por ser autóctona, competitiva y con una base industrial europea

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En un contexto internacional marcado por la inestabilidad geopolítica y la volatilidad de los mercados energéticos, la energía eólica es una de las principales garantías de seguridad energética para España. Durante el primer trimestre de 2026, la eólica ha aportado más del 30% de la cobertura del mix eléctrico, contribuyendo de forma decisiva a contener los precios de la electricidad.

La generación eólica actúa como una auténtica barrera frente a los picos de precios eléctricos. Cuanta más eólica tengamos instalada, más bajos serán los precios para los consumidores. La producción eólica coincide con los momentos diarios y estacionales de mayor tensión en los precios eléctricos, lo que permite reducirlos y proteger tanto la competitividad de la economía como la seguridad de suministro energético en hogares e industrias.

Por otro lado, la industria eólica europea es un baluarte para nuestra autonomía estratégica. La eólica es la única tecnología limpia que le queda a Europa en la que se pueden fabricar todos los componentes de valor añadido con una dimensión industrial sin depender de terceros mercados.

Por ello, disponer de una mayor capacidad eólica en nuestro país es una prioridad estratégica que debe movilizar a empresas, instituciones y consumidores.

El impacto económico es ya muy significativo. Solo en el último año, la energía eólica ha permitido ahorrar más de 4.600 millones de euros a los consumidores, lo que equivale aproximadamente a 20 €/MWh en el precio del mercado eléctrico, con ahorros medios superiores al 25%.

Sin embargo, España sigue siendo vulnerable a las turbulencias de los mercados energéticos internacionales debido a su elevada dependencia de los combustibles fósiles. Aunque nuestro país no dependa directamente del petróleo o gas que transita por el Golfo Pérsico, el sistema energético global está interconectado y los conflictos internacionales generan efectos en cadena que terminan trasladándose a los precios que pagamos por la energía.

Diversos análisis de escenarios macroeconómicos, basados en estimaciones de instituciones como Caixabank Research, el Banco de España, Funcas o el INE, muestran que una subida sostenida de solo 10 euros en los precios combinados del petróleo y el gas podría provocar caídas del PIB superiores al 1%, aumentos de la inflación de más del 3,5% y poner en riesgo más de 150.000 empleos.

La eólica

Si no adoptamos medidas estructurales urgentes nos seguiremos enfrentando a coyunturas recurrentes de gestión de crisis energéticas en toda Europa, que nos debilitarán frente a otras economías, que tensionarán nuestra convivencia y cohesión política, y que pondrán en peligro el futuro de nuestro modelo de bienestar.

Ante este escenario, el reto ya no es únicamente diversificar proveedores energéticos —una estrategia necesaria en el corto plazo—, sino avanzar hacia un modelo estructural basado en energías autóctonas y competitivas que reduzcan la exposición de la economía española a las tensiones geopolíticas globales. En este sentido, la energía eólica representa una verdadera fortaleza estratégica. Solo el último año evitó la importación de 116 buques metaneros de gas y ahorró más de 3.000 millones de euros en combustibles fósiles.

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España podría reforzar aún más esta protección energética si se desbloquearan los proyectos eólicos actualmente paralizados. No es entendible teniendo en consideración el escenario de amenazas al que no enfrentamos. Solo en Galicia, por ejemplo, más de 3.000 MW correspondientes a 91 proyectos se encuentran afectados por procesos judiciales, mientras que otros desarrollos permanecen detenidos en distintas fases administrativas. De haberse instalado la potencia prevista, España estaría afrontando el actual contexto de tensión en los mercados energéticos con una mayor capacidad de contención de precios.

El objetivo final debe ser claro: desenchufarnos de las crisis energéticas geopolíticas y enchufarnos a un sistema basado en estabilidad económica, electrificación renovable y autonomía energética. Para lograrlo, España necesita más energía eólica y necesita desplegarla con mayor rapidez.

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