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Las emisiones de metano de las minas de carbón podrían producir unas 26.400 muertes prematuras en las próximas décadas

Las tecnologías existentes podrían evitar casi la mitad de las muertes asociadas a las emisiones de metano de las minas de carbón, según Ember.

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Las emisiones de metano de las minas de carbón, si se mantienen cada año en los niveles actuales, provocarían unas 26.400 muertes evitables en las próximas décadas, según un nuevo análisis del think tank energético internacional Ember.

El metano reacciona con otros gases presentes en la atmósfera en contacto con la luz solar y genera ozono troposférico, un contaminante tóxico para el sistema respiratorio para el que no existe un nivel de exposición considerado seguro. El metano liberado durante la extracción de carbón puede desplazarse entre continentes, contribuyendo a la carga mundial de ozono y provocando efectos sobre la salud a grandes distancias de los lugares donde se originan las emisiones.

“El metano de las minas de carbón es una amenaza invisible con un costo humano muy real, vinculado a unas 26.400 muertes prematuras anuales estimadas por la contaminación del ozono. La carga se concentra en un puñado de países productores de carbón, pero las consecuencias son globales, porque el metano no conoce fronteras. Casi la mitad de estas muertes podrían evitarse con tecnología ya existente, razón por la cual se trata tanto de un problema de salud pública como de un problema climático”, dice Nishant Bhardwaj, director de metano de Minas de Carbón en Ember

China, el causante de más de la mitad de las muertes

El análisis concluye que los países productores de carbón no contribuyen por igual al número de muertes. Más de la mitad de estas muertes están vinculadas a un solo país. El sector carbonífero de China estaría detrás de unas 20.100 muertes en las próximas décadas, una cifra superior a la del resto del mundo en conjunto. Esta estimación se refiere al lugar de origen de las emisiones de metano de las minas, no al lugar donde se producen los daños sobre la población, ya que el ozono resultante se dispersa a escala mundial.

Casi la mitad del impacto mundial estimado, unas 12.600 muertes, podría evitarse mediante tecnologías de reducción de emisiones que ya están disponibles comercialmente, como el drenaje previo del metano y la oxidación del metano presente en el aire de ventilación. Sin embargo, su adopción sigue siendo limitada debido a la ausencia de obligaciones que exijan su utilización.

El metano no está considerado un precursor regulado del ozono en ninguno de los principales marcos internacionales de calidad del aire, incluidos los de la Unión Europea, Estados Unidos y el Protocolo de Gotemburgo de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (CEPE).

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Las minas abandonadas también contaminan

El análisis también pone de relieve la persistencia del impacto sanitario asociado a las minas abandonadas. El cierre de una mina reduce drásticamente sus emisiones de metano, pero algunas emisiones pueden prolongarse durante décadas. El Reino Unido, que en la actualidad extrae muy poco carbón, sigue soportando un impacto en términos de mortalidad relacionado con el ozono generado por el metano procedente de minas abandonadas.

“Esto nos recuerda que los daños provocados por el metano no terminan en el cambio climático. Cada mina de carbón que sigue operativa está contribuyendo a una carga sanitaria mundial que, en gran medida, permanece invisible en la forma en que regulamos actualmente la calidad del aire”, afirma Rebekah Horner, analista de datos de Ember.

 

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