Las raíces del conflicto en Venezuela: de las expropiaciones de Chávez al embargo total de Trump
Las expropiaciones de activos de empresas estadounidenses por Hugo Chávez iniciadas en 2007 sembraron un conflicto con complejos altibajos que culmina en la intervención de este sábado. Washington, que reclama miles de millones en compensación, busca ahora recuperar el control operativo sobre las mayores reservas mundiales de crudo
Mientras el mundo despertaba este sábado con la noticia de que Nicolás Maduro había sido capturado por fuerzas estadounidenses y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico, el presidente Donald Trump ya delineaba en Mar-a-Lago el futuro de Venezuela. Trump aseguró que las grandes petroleras estadounidenses gastarán "miles de millones y miles de millones de dólares" para reconstruir la "podrida" infraestructura petrolera del país. La promesa, hecha apenas horas después de los bombardeos sobre Caracas, revela lo que para muchos analistas ha sido el verdadero objetivo de décadas de tensiones.
Sin embargo, las petroleras guardan silencio. Chevron, la única empresa estadounidense que aún opera en Venezuela, solo declaró que sigue "enfocada en la seguridad de nuestros empleados" y opera en "pleno cumplimiento de todas las leyes y regulaciones relevantes" y ConocoPhillips afirmó que era "prematuro especular sobre futuras actividades comerciales o inversiones".
Según la consultora Rystad Energy, solo para llevar la producción a 2 millones de barriles diarios a principios de la década de 2030, se necesitaría una inversión estimada de 110.000 millones de dólares. Las empresas querrán ver "que el país es lo suficientemente estable" antes de comprometer capital. El recuerdo de las expropiaciones de 2007 sigue presente en sus mentes. El mercado petrolero global está entrando en un período de exceso de oferta lo que hace a las empresas muy selectivas sobre dónde invertir. Además, tanto ExxonMobil como ConocoPhillips ganaron arbitrajes internacionales por miles de millones de dólares tras las expropiaciones de 2007, dinero que Venezuela, con su economía devastada, aún no ha pagado en su totalidad.
Con aproximadamente 303.000 millones de barriles (el 20% de las reservas mundiales conocidas) Venezuela posee una riqueza que ha sido tanto su bendición como su maldición. Pero para entender cómo se llegó a esta intervención militar sin precedentes en América Latina desde la invasión de Panamá en 1989, hay que remontarse al momento en que la relación entre Washington y Caracas se fracturó irreversiblemente: las expropiaciones de Hugo Chávez entre 2007 y 2010.
El "fusil en el cuello" de las nacionalizaciones y la herida autoinfligida
Chávez, efectivamente, las expropió. No es cierto que fue de forma amistosa, fue con un fusil en el cuello". La frase de Eddie Ramírez, expresidente de Palmaven (filial de responsabilidad social de PDVSA), resume la percepción de las empresas estadounidenses afectadas por lo que ellos consideran "uno de los mayores robos de propiedad estadounidense en la historia de nuestro país", en palabras del propio Trump. Stephen Miller, influyente asesor desde hace años, fue más gráfico aún: "El sudor, ingenio y trabajo americanos crearon la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación tiránica fue el mayor robo registrado de riqueza y propiedad estadounidense".
En 2007, Hugo Chávez decretó la reestructuración de todos los acuerdos con petroleras extranjeras, exigiendo a PDVSA una participación mínima del 60%. Gigantes como ExxonMobil y ConocoPhillips se negaron, lo que resultó en la expropiación de sus activos en proyectos clave. Expropiaron la cuota aparte que les correspondía en esas asociaciones estratégicas, así como oleoductos, maquinaria. No era el petróleo en sí (que por ley venezolana siempre perteneció al Estado) sino la infraestructura y los derechos contractuales por los que las empresas habían invertido miles de millones.
El 8 de mayo de 2009, un día grabado en la memoria local como el "viernes rojo". Es historia de Venezuela aquel día en que, bajo un sol intenso en el Lago de Maracaibo, Chávez desembarcó de la lancha "Canaima" para anunciar la estatización de 60 empresas contratistas. En las semanas siguientes, el Estado confiscó 143 empresas, mil embarcaciones y 39 muelles, apropiándose de gabarras, grúas, plataformas y hasta viviendas de ejecutivos.
PDVSA entró en una espiral descendente. Las réplicas de la expropiación afectaron a una empresa que representa el corazón de una economía pues esta dependía en un 90% de sus exportaciones. La compañía perdió acceso a capital extranjero y apoyo técnico crítico. Una fuga masiva de ingenieros calificados, sumada al desuso de mejoradores y oleoductos, condenó la producción a una caída libre: desde un pico de 3.5 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 500,000 en 2020.
La magnitud del deterioro se hizo tangible años después. Un informe sindical de 2017 sobre Lagunillas, el corazón petrolero del lago, y publicado por la BBC, revelaba que, de las 47 barcazas operativas en 2009, solo cuatro seguían funcionando. Esta cifra no es un detalle: simboliza el colapso total de la logística de una industria que llegó a depender de las colectas de sus propios empleados para comprar materiales básicos como brochas de pintura. La leve recuperación a un millón de barriles diarios, impulsada en gran parte por Chevron, era un espejismo que no lograba revertir un colapso estructural décadas en gestación.
Expropiaciones y producción petrolera de Venezuela (1985-2024)
Imagen: 2025 Statistical Review of World Energy
La paradoja del crudo pesado
La narrativa de Trump sobre el "petróleo robado" gana matices importantes al considerar la naturaleza misma del recurso venezolano. La mayoría del petróleo venezolano es crudo ultrapesado de la Faja del Orinoco, un recurso denso, viscoso y difícil de extraer y transportar. A diferencia del crudo ligero del Permian Basin en Texas, el venezolano requiere calentamiento, dilución con hidrocarburos más ligeros y mejoramiento en instalaciones especializadas antes de poder ser refinado.
Imagen: MPP de Energía y Minas / PDVSA
Este nivel adicional de procesamiento también significa que requiere precios del petróleo más altos para ser económico. Durante décadas, Venezuela dependió de asociaciones con compañías estadounidenses y europeas que proporcionaban la tecnología, el capital y la experiencia operativa necesarias para que ese sistema funcionara. Cuando esas asociaciones se rompieron, el sistema colapsó.
El país con las mayores reservas del mundo carece de la capacidad operativa para convertirlas en producción estable sin ayuda externa. Mantener la producción de petróleo pesado requiere reinversión constante, energía confiable y acceso ininterrumpido a diluyentes, muchos de los cuales históricamente venían de la Costa del Golfo de EE.UU.
La batalla legal de los arbitrajes
Las empresas estadounidenses demandaron a Venezuela ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), el tribunal de arbitraje del Banco Mundial. Los fallos establecían indemnizaciones contundentes pero, hasta la fecha, Caracas solo ha pagado una fracción mínima, argumentando "dificultades económicas" mientras denunciaba lo que llamaba "un asedio imperial".
Las declaraciones de Trump en diciembre de 2025 ya anticipaban lo que vendría: "Se llevaron todos nuestros derechos energéticos. Se llevaron todo nuestro petróleo no hace mucho tiempo. Y lo queremos de vuelta. Lo tomaron ilegalmente". Incluso culpó a sus predecesores: "Lo quitaron porque teníamos presidentes que quizás no estaban vigilando".
La administración de George W. Bush había iniciado las sanciones en 2006, prohibiendo la venta de armamento a Venezuela. Pero fue con Barack Obama que comenzó la presión directa sobre individuos: en 2014, Washington sancionó a varios altos funcionarios venezolanos por violaciones de derechos humanos durante las protestas contra Maduro.
La llegada de Trump en 2017 marcó un punto de inflexión. En agosto de ese año, el magnate mencionó por primera vez la "opción militar" para Venezuela, una amenaza que repetiría periódicamente. Las sanciones financieras se endurecieron progresivamente: en 2019, tras considerar fraudulentas las reelección de Maduro, Washington impuso un embargo petrolero total, congeló activos del gobierno venezolano y reconoció a Juan Guaidó como presidente interino.
Impacto de las sanciones en las exportaciones de crudo venezolano (2000-2024, miles de barriles diarios)
Imagen: OPEC
La excepción Chevron
En este panorama de confrontación absoluta, una compañía estadounidense se mantuvo operativa: Chevron. Lleva casi cien años operando en Venezuela y aceptó los nuevos términos de Chávez en 2007. Su perseverancia le permitió mantener una posición privilegiada: hoy produce aproximadamente una cuarta parte del petróleo venezolano, unos 250.000 barriles diarios de los aproximadamente 1 millón que produce el país.
Francisco Monaldi, experto petrolero venezolano de la Universidad Rice, señala que la deuda de Venezuela con Chevron "ha disminuido sustancialmente" desde que la compañía recibió su primera licencia para reanudar exportaciones en 2022, aunque el monto exacto no es público. "Chevron opera en pleno cumplimiento de todas las leyes y regulaciones relevantes", declaró este domingo un portavoz de la compañía según The Guardian.
De la guerra económica a la guerra real
Los últimos meses vieron una escalada sin precedentes. En agosto de 2025, Trump aumentó la recompensa por Maduro de 15 a 50 millones de dólares, acusándolo de liderar el "Cartel de los Soles". En septiembre comenzaron los bombardeos estadounidenses en el Caribe contra presuntos narcotraficantes. El 10 de diciembre, Washington anunció la captura de un petrolero frente a las costas venezolanas y Caracas lo calificó de "piratería internacional". El 29 de diciembre, aviones estadounidenses destruyeron un muelle que, según Trump, era usado por lanchas narcotraficantes.
Samuel Moncada, embajador venezolano ante la ONU, denunció en una carta al Consejo de Seguridad que con estas acciones "el gobierno de EE.UU. está reclamando las reservas de petróleo más grandes del mundo como propias, en lo que sería uno de los mayores actos de saqueo en la historia humana".
Todo culminó este 3 de enero de 2026, cuando Trump declaró que su ejército había capturado a Maduro y su esposa Cilia Flores. "Vamos a controlar Venezuela hasta que haya una transición ordenada", afirmó, dejando claro que los costos de la operación militar serían cubiertos con los ingresos de las vastas reservas petroleras venezolanas. Según el analista de The New York Times, W.J. Hennigan: "El presidente habló extensamente sobre asegurar el acceso de la industria estadounidense a los campos petrolíferos venezolanos y para ello se requerirá una presencia militar sostenida en el futuro previsible".
A las motivaciones de esta intervención y sus diversas consecuencias geoestratégicas y para los mercados energéticos dedicaremos esta semana los siguientes reportajes en esta serie especial Crisis Venezuela-EEUU.
Honest
05/01/2026