Dieciséis de los diecisiete acusados de estafar 61 millones de euros a Repsol, Endesa y Naturgy mediante una trama de comercializadoras de la luz han alcanzado acuerdos de conformidad con la Fiscalía y han asumido su culpabilidad, según han confirmado a Efe fuentes jurídicas.
En la segunda sesión del juicio, que comenzó el lunes de la semana pasada pero se aplazó hasta hoy por una indisposición del fiscal, todos los acusados menos uno han reconocido los hechos y han aceptado la pena de 2 años de cárcel propuesta por el ministerio.
Tan solo una administrativa de una de las empresas imputadas ha rechazado el acuerdo con la Fiscalía, según han explicado a EFE las mismas fuentes.
Mañana declararán los agentes de la UCO que han intervenido en la investigación, y se prevé que la causa concluya el miércoles o el jueves.
La trama habría ocasionado un perjuicio de 61,3 millones de euros a Endesa, Naturgy y Repsol, según cálculos de Red Eléctrica Española (REE).
Según el escrito de acusación la actividad se desarrolló mediante una estructura organizada de sociedades que captaba clientes, facturaba el consumo eléctrico y, posteriormente, dejaba de pagar parte de la energía y los servicios que debían abonar a otras empresas del sistema eléctrico.
La Fiscalía, que identifica a 17 acusados a los que atribuye delitos de estafa continuada, organización criminal y blanqueo, destaca como presunto cabecilla de la trama a Esteban Roig Padrosa, para el que inicialmente se pedían 16 años de prisión.
La estafa de las comercializadoras
De los más de 61 millones presuntamente defraudados, según ha cuantificado Red Eléctrica, 19,83 millones corresponden a Endesa Generación, 17,29 a Naturgy y 4,84 a Repsol.
La trama habría desviado a distintas sociedades 50,3 millones de euros, cantidad que la Fiscalía atribuye a transferencias destinadas a ocultar fondos e introducirlos en circuitos económicos lícitos.
El perjuicio no se limitaba a las empresas productoras, indica la Fiscalía, ya que también afectaba a las distribuidoras y podía repercutir en el precio final de la electricidad.
El ministerio público sostiene que el objetivo era obtener beneficios ilícitos, desviar el dinero a otras sociedades y ocultar su destino, desde centros situados principalmente en Barcelona y Madrid.
Se constituían o adquirían empresas y se depositaban las garantías iniciales necesarias para comenzar a operar, creando una apariencia de legalidad. A continuación, se ofrecían precios muy bajos para conseguir un elevado número de consumidores y aumentar la facturación.








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