Ningún comentario Las tensiones geopolíticas, el nacionalismo de los recursos y la creciente presión sobre el suministro eléctrico están transformando los mercados mundiales de metales básicos. Según el último análisis de Wood Mackenzie, el auge de la inteligencia artificial (IA) y la expansión de las infraestructuras energéticas están intensificando la competencia por materias primas estratégicas como el cobre y el aluminio.
La cartera mundial de proyectos de centros de datos supera ya los 250 GW, lo que acelera la demanda de infraestructuras eléctricas y, con ella, la necesidad de metales. El impacto de la IA va mucho más allá de los propios centros de datos: las redes de transporte eléctrico, las subestaciones y las instalaciones de generación dedicadas pueden requerir entre tres y cuatro veces más metal que las instalaciones a las que abastecen. Esta demanda adicional se suma a la impulsada por la electrificación y las inversiones en seguridad energética.
Sin embargo, la inversión en las fases iniciales de la cadena de suministro no avanza al mismo ritmo. Pese a los elevados precios de las materias primas, la aprobación de nuevos proyectos mineros sigue por debajo de las expectativas, lastrada por los retrasos administrativos, la incertidumbre geopolítica y la creciente complejidad de las explotaciones. Todo ello ocurre en un momento en que los gobiernos conceden cada vez más importancia a la resiliencia de las cadenas de suministro y a la seguridad de abastecimiento de minerales críticos.
“Los centros de datos plantean un desafío de infraestructuras eléctricas para el conjunto de la economía, pero el problema de fondo es el choque entre una demanda que se acelera y una capacidad de suministro cada vez más difícil de desarrollar”, afirma Lindsay Grant, vicepresidente de Investigación de Metales y Minería de Wood Mackenzie.
“Los precios elevados deberían estimular la inversión, pero la aprobación de proyectos sigue por debajo de las expectativas. Sin una agilización de los permisos y compromisos de inversión más firmes, el sector no podrá aportar la producción minera necesaria para sostener el crecimiento futuro”, añade.
El análisis de Wood Mackenzie identifica cuatro tendencias estructurales que marcarán los mercados de metales y las decisiones de inversión hasta 2036.
Cuatro claves para los mercados de metales básicos hasta 2036
- Cobre: los precios récord, de 14.759 dólares por tonelada, reflejan una fuerte distorsión del mercado de cobre refinado. El acopio de existencias en Estados Unidos ha elevado la cobertura de inventarios por encima de los 170 días, mientras que el resto del mundo afronta un déficit de entre 450.000 y 460.000 toneladas. Aunque la producción minera chilena caerá un 5,2% en 2026, se espera que la oferta minera mundial crezca más de un 5% el próximo año, poniendo fin a tres años de estancamiento.
- Aluminio: los daños sufridos por fundiciones de Oriente Medio han reducido cerca de un 2% la producción mundial de aluminio primario. El mercado se encamina así a un déficit de un millón de toneladas en 2026, pese a que las plantas chinas operan al 99% de su capacidad y a que Indonesia alcanzará una producción de 1,3 millones de toneladas. Se prevé que el mercado vuelva al superávit en 2027, mientras Indonesia amplía su producción hasta acercarse a los tres millones de toneladas en 2030. Aun así, los fundamentos del mercado siguen siendo favorables.
- Níquel: el mercado debería recuperar el equilibrio en 2026 a medida que las restricciones a la producción en Indonesia limiten la oferta. A partir de 2027 se prevé un endurecimiento del suministro de níquel de clase II. Pese al exceso de oferta de clase I y a la debilidad de la demanda para baterías, los precios podrían recuperarse hasta aproximarse a los 19.000 dólares por tonelada en 2030, aunque la evolución dependerá de las políticas indonesias y de posibles interrupciones en el suministro de azufre.
- Litio y almacenamiento energético: el precio del carbonato de litio ha repuntado alrededor de un 130% desde los mínimos de mediados de 2025. Sin embargo, esta materia prima representa apenas entre el 2% y el 3% del coste total de un sistema de almacenamiento energético llave en mano. Durante la última década se han invertido 60.000 millones de dólares en la cadena de suministro del litio y serán necesarios entre 150.000 y 250.000 millones adicionales de aquí a mediados de siglo.
Electrificación, geopolítica e IA: los motores de la demanda
Wood Mackenzie sigue la evolución de más de 250 GW de proyectos de centros de datos en todo el mundo, más del triple que hace un año. La demanda eléctrica de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial podría multiplicarse por cinco entre 2025 y 2030 y superar los 1.000 TWh en 2035.
En Asia-Pacífico, se prevé que esta demanda casi se triplique de aquí a 2030. Al mismo tiempo, las limitaciones de las redes eléctricas están obligando a los operadores a estudiar soluciones de suministro más costosas, como las microrredes y los sistemas de generación aislados de la red pública.
Japón ilustra la magnitud del problema: los centros de datos pueden entrar en funcionamiento en menos de cinco años, mientras que las mejoras de la red eléctrica pueden requerir más de una década. Esta diferencia está impulsando la adopción de microrredes y sistemas de generación autónomos, cuyo coste puede multiplicar por dos o por tres el de la electricidad suministrada mediante la red convencional.
Cobre: las restricciones de oferta y la acumulación de existencias ocultan la tensión del mercado
El mercado físico del cobre continúa distorsionado por la acumulación de existencias en Estados Unidos y por las políticas comerciales. El país ha elevado su cobertura de inventarios por encima de los 170 días, mientras que el resto del mundo dispone de existencias equivalentes a solo 48 días de consumo y afronta un déficit de entre 450.000 y 460.000 toneladas.
Aunque se espera que la producción minera mundial aumente más de un 5% el próximo año, el principal desafío a largo plazo sigue siendo la inversión. Wood Mackenzie calcula que el sector deberá incorporar alrededor de 850.000 toneladas anuales de nueva producción procedente de proyectos mineros de nueva construcción durante la próxima década.
Sin embargo, los retrasos en la concesión de permisos, los riesgos geopolíticos y la creciente complejidad de los proyectos siguen dificultando su desarrollo. La capacidad de responder al crecimiento de la demanda dependerá, por tanto, de que las inversiones se materialicen con mayor rapidez.
Aluminio: déficit de producción primaria y sustitución en el suministro eléctrico
El mercado del aluminio afronta un fuerte impacto sobre la oferta en 2026 después de que varios ataques en Oriente Medio dañaran dos de las mayores fundiciones del mundo. Los daños han dejado fuera de servicio cerca del 2% de la producción mundial de aluminio primario y han situado el mercado ante un déficit de un millón de toneladas.
Los elevados precios y primas del aluminio, junto con los bajos costes de la alúmina, han incentivado a las fundiciones de todo el mundo a aumentar su actividad y reactivar las celdas electrolíticas que permanecían paradas. Esta tendencia ha sido especialmente visible en China, donde las tasas de utilización han alcanzado el 99% y la producción ha superado ligeramente el límite nacional de capacidad.
Sin embargo, este incremento de la oferta, junto con el rápido crecimiento de Indonesia, que producirá 1,3 millones de toneladas en 2026 y prevé acercarse a los tres millones en 2030, no ha bastado para cubrir el déficit.
Las previsiones apuntan a que el mercado volverá al superávit en 2027, a medida que se moderen los precios. No obstante, las perspectivas a medio plazo siguen siendo favorables. Entre los principales riesgos a la baja destacan una expansión de la producción indonesia más rápida de lo esperado y un debilitamiento general de la economía.
Níquel: una brecha estructural entre las calidades de clase I y clase II
El mercado del níquel se aproxima de nuevo al equilibrio en 2026, después de varios años de exceso de oferta. La producción mundial de níquel refinado caerá un 2%, lo que supondrá el primer descenso anual desde 2015.
Esta aparente estabilización oculta, sin embargo, una profunda división entre segmentos. El níquel de clase II afrontará déficits cada vez mayores a partir de 2027, debido a la consolidación de la producción indonesia de níquel en arrabio (NPI) por debajo de su máximo de 2025.
Entre los factores que explican esta evolución figuran el endurecimiento de las cuotas mineras del sistema RKAB en Indonesia, la caída de las leyes del mineral y las recientes interrupciones provocadas por las sequías asociadas al fenómeno de El Niño.
Ante la menor disponibilidad de NPI, las acerías chinas de acero inoxidable están aumentando de forma estructural el uso de chatarra y cátodos de níquel de clase I en sus mezclas de fusión, con el objetivo de reducir su exposición a las restricciones de suministro.
En cambio, los segmentos de clase I y de productos químicos continúan expuestos a un exceso de oferta, impulsado por la expansión de los proyectos indonesios de lixiviación ácida a alta presión (HPAL) y de la capacidad china de refino.
Aun así, las limitaciones localizadas en el suministro de azufre y los cuellos de botella eléctricos siguen representando riesgos operativos para la puesta en marcha de nuevos proyectos.
Baterías y almacenamiento energético: dominio del LFP y transición tecnológica
Las baterías de litio-ferrofosfato (LFP) dominarán el mercado masivo hasta 2030, impulsadas por las exportaciones chinas, la rápida expansión de las gigafactorías y los avances en velocidad de carga.
La tercera generación de la batería Shenxing de CATL aspira a pasar del 10% al 80% de carga en menos de cuatro minutos. Al mismo tiempo, los fabricantes europeos de automóviles están orientándose hacia la tecnología LFP para proteger sus márgenes en un contexto de aceleración de la adopción mundial del vehículo eléctrico, tanto en Europa como en los mercados emergentes. En Estados Unidos, sin embargo, los cambios en las subvenciones han frenado el impulso del sector.
Más allá de las baterías LFP, otras químicas avanzan a distintos ritmos. En abril de 2026, CATL firmó con HiTHIUM Energy Storage un acuerdo de suministro de baterías de iones de sodio por 60 GWh durante tres años. El pacto supone un paso hacia la comercialización industrial de esta tecnología, cuyas entregas a gran escala en China comenzaron a partir del tercer trimestre de 2026.
Wood Mackenzie prevé que los costes de los módulos de baterías de iones de sodio igualen a los de las baterías LFP en torno a 2035. Por su parte, los plazos previstos para la producción en masa de baterías de estado sólido se han acortado hasta situarse cerca de 2030, respaldados por un fuerte apoyo de las políticas industriales chinas.
Litio y almacenamiento: necesidades de capital y evolución de los precios
El carbonato de litio cayó a mínimos de varios años a mediados de 2025 antes de recuperar alrededor de un 130% de su valor en 2026. Sin embargo, esta volatilidad no se traslada de forma proporcional al coste de los proyectos de almacenamiento energético.
En un sistema de almacenamiento llave en mano de 100 MW y cuatro horas de duración, el carbonato de litio en bruto representa únicamente entre el 2% y el 3% del coste total. Así, una subida del 83% en su precio durante el primer trimestre de 2026 se tradujo en un incremento de solo el 9% en el precio de las celdas LFP y de aproximadamente el 10% en el coste de los sistemas completos.
Los desfases de entre cuatro y ocho meses en la actualización de los precios de referencia proporcionan una protección adicional frente a la volatilidad. No obstante, los periodos de validez de las ofertas de celdas se han reducido hasta apenas dos semanas, reflejo de un mercado cada vez más sensible a las variaciones de precios.
Durante la última década, los inversores han destinado 60.000 millones de dólares a la cadena de suministro del litio, lo que ha contribuido a multiplicar por diez la oferta mundial de productos químicos refinados de este mineral. Para satisfacer la demanda hasta mediados de siglo serán necesarias nuevas inversiones de entre 150.000 y 250.000 millones de dólares.
Los promotores chinos consiguen una eficiencia de capital significativamente superior a la de sus homólogos occidentales, de modo que una inversión equivalente permite generar una mayor capacidad de producción. Según el análisis, los mercados occidentales deberán ampliar sus fuentes de financiación para desarrollar cadenas de suministro fuera de China y proteger su industria automovilística nacional.
La inversión de hoy determinará el suministro de mañana
La evolución del cobre, el aluminio, el níquel y el litio apunta a una misma conclusión: la capacidad de garantizar el suministro futuro depende de las decisiones de inversión que se adopten hoy.
“Los mercados se están adaptando a un mundo en el que la seguridad del suministro, la disponibilidad de energía y los factores geopolíticos tienen cada vez más peso, junto con la competitividad de costes, a la hora de determinar las decisiones de inversión”, concluye Lindsay Grant.
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