El despliegue global del hidrógeno limpio avanza muy por detrás de las expectativas creadas por gobiernos e industria. Pese a los anuncios millonarios y a su papel central en las estrategias de descarbonización, solo el 13% de los proyectos de hidrógeno previstos en el mundo cuenta hoy con contratos de venta vinculantes que garanticen ingresos a largo plazo. La falta de compradores firmes se ha convertido así en el principal cuello de botella para el sector, por delante incluso de los retos tecnológicos o industriales.
Esta es una de las conclusiones centrales del informe Bankability of Hydrogen Projects: Key Risks, Financing Challenges and Mitigation Solutions, publicado por el Oxford Institute for Energy Studies. El estudio, elaborado desde la perspectiva de bancos e inversores, advierte de que sin acuerdos de compra estables —los llamados contratos de off-take— la mayoría de los proyectos de hidrógeno no logra acceder a financiación bancaria, lo que explica la cascada de retrasos, revisiones y cancelaciones registrada en los últimos años.
La consecuencia es un fuerte ajuste entre las ambiciones políticas y la realidad del mercado. Mientras que hasta hace poco se proyectaban volúmenes de producción cercanos a los 150 millones de toneladas anuales de hidrógeno bajo en carbono para 2030, las previsiones más recientes rebajan esa cifra a alrededor de 37 millones de toneladas, tras constatar que muchos proyectos no superan la fase de planificación o no alcanzan la decisión final de inversión.
Estabilidad y solvencia
El informe subraya que el problema no reside principalmente en la tecnología. Los electrolizadores, las plantas de producción y las infraestructuras asociadas han avanzado de forma significativa y cuentan con experiencia operativa creciente. Sin embargo, desde el punto de vista financiero, los bancos priorizan la estabilidad de los flujos de caja y la solvencia de los compradores. En un mercado incipiente, sin precios de referencia líquidos y con costes todavía muy superiores a los de los combustibles fósiles, pocas empresas están dispuestas a comprometerse a comprar hidrógeno durante diez o veinte años.
La escasez de contratos firmes contrasta con la abundancia de memorandos de entendimiento y acuerdos preliminares, que no ofrecen garantías suficientes para respaldar deuda a largo plazo. Según los datos recopilados en el estudio, la mayoría de los proyectos anunciados carece por completo de un comprador identificado, y una parte significativa depende de compromisos no vinculantes o de autoconsumo, lo que limita su escalabilidad y su atractivo para inversores externos.






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