La reciente subasta de energía eólica marina celebrada en Reino Unido no se puede usar como referencia para la futura subasta de offshore en España, pero ha generado titulares y cierto debate en medios, incluida la interpretación que sugiere que los precios adjudicados en UK “ahogan” la posibilidad de desarrollar eólica flotante en nuestro país. Este enfoque merece un análisis más profundo y riguroso: no solo porque simplifica en exceso realidades distintas, sino porque corre el riesgo de trasladar conclusiones erróneas que pueden afectar a la percepción del sector y a los agentes involucrados. Tomar directamente los resultados de una subasta de offshore en el Reino Unido como referencia para el desarrollo de la eólica flotante en España equivale a comparar condiciones muy distintas, dado que existen multitud de condicionantes que afectan al precio de la energía al que se adjudica un proyecto en una subasta.
El entorno regulatorio británico, por un lado, está diseñado para consolidar un mercado maduro con objetivos nacionales muy ambiciosos y mecanismos de competitividad establecidos desde hace años, mientras que en España estamos en una fase de arranque, que requiere señales claras de mercado y una planificación para activar la cadena de valor industrial. Además, los precios resultantes de la subasta británica reflejan contextos operativos y estructuras financieras y de riesgo diferentes, que no pueden trasladarse a España.
A nivel tecnológico, la inmensa mayoría de lo adjudicado en el Reino Unido es tecnología de cimentación fija, con una amplia experiencia de uso en el Mar del Norte y el Báltico, y unas condiciones similares a otros países que desarrollan en dichas zonas, por lo que no sorprende que los precios de adjudicación sean del mismo orden. No obstante, existe una diferencia substancial en cuanto al caso de la eólica flotante en esta subasta, y es que los dos parques adjudicados corresponden a proyectos pre-comerciales. Esta consideración es clave, dado que son proyectos cuyo objetivo es desarrollar y escalar una tecnología, adaptando tanto ésta como la cadena de suministro local para una futura expansión en las aguas británicas, por lo que sus condiciones operativas serán muy diferentes a las que tienen los proyectos comerciales, y esto, evidentemente, se refleja en el precio.
Buen recurso eólico marino
En nuestro país contamos con buen recurso eólico marino, especialmente en las zonas de alto potencial identificadas en los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), donde la tecnología flotante es la opción viable. Esta tecnología ha avanzado rápidamente en términos técnicos e industriales, especialmente de mano de empresas españolas, que hoy en día son referentes mundiales tanto en desarrollo de patentes y tecnología como en construcción. Por otra parte, su competitividad depende de factores propios de cada zona: profundidad, logística portuaria, proximidad a centros de demanda, necesidades de coexistencia con otros usos, y capacidad industrial local, entre otros, que pueden además condicionar las soluciones tecnológicas a aplicar. Adicionalmente, un factor con enorme peso es la regulación, que puede incluir consideraciones adicionales durante todo el desarrollo del proyecto, y que a su vez condiciona el riesgo financiero del mismo: el diseño de la subasta, qué partes del parque asume el desarrollador, las garantías necesarias, la complejidad para obtener permisos post adjudicación, si el precio de adjudicación estará o no indexado, etc… pueden cambiar enormemente el precio de adjudicación esperable para una subasta de eólica marina flotante. Un ejemplo muy claro lo tendríamos si comparásemos esta subasta en Reino Unido con la subasta AO7 francesa (eólica marina flotante), con proyectos de 250 MW, similar tecnología a la subasta británica y, sin embargo, con precios de adjudicación muy inferiores. ¿Cuál es la diferencia? La respuesta sería el diseño de la subasta, los condicionantes mencionados y, sobre todo, que la operación será con un perfil comercial.
La ausencia actual de la regulación que permite el desarrollo de la eólica marina en nuestras costas es un desafío. Pero esta ausencia no se rellena con comparaciones de precios foráneos, sino con una hoja de ruta clara, estructuras de apoyo robustas y un marco regulatorio estable que permita atraer inversión y consolidar competitividad, a la vez que se potencia la descarbonización de nuestra economía con una tecnología que posee un perfil de generación muy superior a la eólica terrestre.
Una primera subasta de eólica marina flotante en nuestro país no solo sería una asignación de capacidad: sería una señal de mercado potente. La experiencia internacional demuestra que los mercados regulados y competitivos son esenciales para integrar tecnología flotante a escala comercial, fomentar cadenas industriales locales y atraer capital a largo plazo. En las Islas Canarias, la eólica flotante puede ofrecer ventajas económicas considerables para el sistema respecto al mix de generación actual; no sólo porque pueda generar a precios inferiores a la generación térmica convencional en el entorno insular, sino porque evita la importación de estos combustibles a las islas y reduce enormemente el coste para el sistema asociado a las emisiones de CO2, hasta 116 millones de euros al año en total con precios de generación y emisiones de 2025 para una instalación de 200 a 250 MW.
Riesgo
El verdadero riesgo para el desarrollo de la eólica marina en España no reside en el resultado puntual de una subasta extranjera, sino en nuestra falta de calendario y de estímulos regulatorios claros. Mientras otras regiones europeas consolidan pipelines de proyectos, España debe avanzar con decisión para no perder el tren de una oportunidad estratégica en descarbonización, generación de empleo cualificado y desarrollo industrial y tecnológico.
Las subastas y resultados en otros países son una referencia relevante para el sector en Europa y España, dado que permiten tomar el pulso al desarrollo tecnológico, industrial y regulatorio, y extraer valiosas lecciones aprendidas, y por eso mismo no pueden ni deben convertirse en factores condicionantes del desarrollo en España. La ambición de desarrollar eólica marina flotante competitiva y sostenible en nuestro litoral exige un análisis propio, basado en nuestras circunstancias, posibilidades industriales y prioridades energéticas y climáticas. En ese análisis, el desafío no está en lo que sucede más allá de nuestras fronteras, sino en cómo España define y ejecuta su propia estrategia para convertirse en líder de un mercado emergente con enorme potencial económico y medioambiental para la transición energética, maximizando el valor aportado a nivel tecnológico, industrial y de desarrollo local.
Juan de Dios López es Director Técnico e Industrial / CTO en Asociación Empresarial Eólica (AEE)






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