La ampliación de las interconexiones eléctricas entre la Península Ibérica y Francia no está bloqueada por razones técnicas, sino por factores geoestratégicos y políticos. Así lo ha afirmado este miércoles Roberto García Merino, consejero delegado de Redeia, durante la segunda jornada del 23 IESE Energy Forum, quien además ha defendido que las dificultades para avanzar en nuevos enlaces a través de los Pirineos obedecen más a resistencias estructurales que a limitaciones de ingeniería.
“El bloqueo a las interconexiones con Francia no es técnico, es pura geoestrategia”, sostuvo García Merino, quien subrayó que, aunque los proyectos presentan una elevada complejidad técnica, existen soluciones para ejecutarlos. Como ejemplo citó el proyecto de interconexión eléctrica por el Golfo de Vizcaya, actualmente en desarrollo y que permitirá duplicar la capacidad de intercambio eléctrico entre la Península Ibérica y el resto de Europa.
Según explicó, esta infraestructura, que ya cuenta con un grado de avance relevante, iniciará las campañas de tendido este verano y está previsto que entre en servicio entre finales de 2027 y principios de 2028. “Va a ser una realidad”, aseguró, destacando que, pese a la dificultad técnica, el proyecto se ejecutará y supondrá un paso significativo en la integración energética europea.
Obstáculos
Sin embargo, el directivo reconoció que el avance de nuevas interconexiones por los Pirineos afronta obstáculos adicionales en el lado francés. A su juicio, el problema ya no radica tanto en la viabilidad técnica, sino en cuestiones vinculadas a la geopolítica, la geoestrategia y la competitividad de los sistemas eléctricos nacionales. “Es muy complicado avanzar con los otros procesos que están en curso”, afirmó en referencia a las dos nuevas interconexiones que España y Portugal tratan de promover.
García Merino destacó que el respaldo de la Comisión Europea es “claro” y que los mensajes procedentes de Bruselas son “rotundos”. Recordó que, a escala comunitaria, se han identificado ocho grandes cuellos de botella en materia de interconexión eléctrica, dos de ellos localizados en los pasos pirenaicos. También aludió a las declaraciones del comisario europeo de Energía, quien señaló que el elevado nivel de interconexión de Francia con el norte y el este de Europa evitó el pasado año hasta 40 cortes de suministro en el país.
Pese a ese apoyo institucional, el consejero delegado de Redeia admitió que, cuando los proyectos aterrizan en el terreno, surgen resistencias. España y Portugal, afirmó, “empujan todo lo que pueden”, pero consideró que será necesario un impulso adicional desde la Unión Europea, tanto en el plano político como en el financiero, para desbloquear definitivamente el desarrollo de nuevas infraestructuras. De lo contrario, advirtió, el progreso será “muy complicado”.
Mayor homogeneidad regulatoria
En paralelo, el directivo reclamó una mayor homogeneidad regulatoria en el ámbito europeo. Señaló que, en el caso concreto de la interconexión con Francia, existe un reconocimiento de costes diferente entre ambos lados de la frontera, con un tratamiento menos favorable desde la parte española que el reconocido por la francesa. “No tiene mucho sentido”, apuntó, al considerar que las interconexiones deberían regirse por un mismo marco regulatorio y un reconocimiento de costes equivalente en ambos países.
García Merino defendió que la integración energética europea requiere criterios comunes tanto en la gestión técnica de las infraestructuras como en la tramitación de permisos y en la regulación económica. Aunque celebró que la capacidad de intercambio de la Península Ibérica se duplicará con la nueva conexión por el Golfo de Vizcaya, admitió que no es el objetivo final que persigue el sistema eléctrico europeo. “Vamos dando pasos”, concluyó, en un proceso que calificó de complejo, pero necesario para reforzar la seguridad y competitividad energética del continente.
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