En febrero de 2022, la invasión rusa de Ucrania se consumó sin que la UE estuviera plenamente preparada para gestionarla desde el punto de vista de la política energética, desatándose una tormenta perfecta. Las consecuencias de la guerra pronto sacudieron los fundamentos energéticos europeos: en pocos meses perdió a su principal suministrador energético, amenazando además su senda de descarbonización y los consensos alcanzados durante la redacción del Pacto Verde Europeo. Al igual que durante las crisis del petróleo de los años 70, esta crisis ha favorecido una reflexión sobre los elementos fundamentales de la política energética europea en el proceso de alcanzar las cero emisiones netas para 2050. Una tarea del presente que determinará la prosperidad y seguridad de Europa en el futuro.
En 2022, un informe de la Fundación Moeve y la Fundación IE destacaba que el 72% de la juventud española tenía un alto nivel de concienciación medioambiental, y un 50% expresaba su predisposición a participar en la formulación de políticas climáticas. Asimismo, en 2024 se publicó el informe “El futuro es energía” de Demoslab, en el que el 89% de la juventud encuestada consideraba que abordar la transición energética tenía mucha o extraordinaria importancia para luchar contra la emergencia climática. En cuanto a las medidas que debería acometer la Unión Europea al respecto, la fiscalidad verde recibía un apoyo del 56%, seguida de mecanismos regulatorios para favorecer el desarrollo del almacenamiento, con un 49%. Sin embargo, 3 de cada 4 expresaban que la voz de la juventud no se tiene en cuenta en política energética, y que esto debería cambiar.
Generación Europa
Para apoyar que los jóvenes puedan participar en esta reflexión, el Real Instituto Elcano, con el apoyo de la Secretaría de Estado de Unión Europea, ha creado el proyecto ‘Generación Europa’. Una iniciativa que ha reunido a quince jóvenes de entre 18 y 30 años para analizar algunos de los principales desafíos que enfrenta el proyecto europeo, cuyos resultados pueden consultarse en el informe final de Generación Europa. Entre los temas ineludibles que han abordado los participantes se hallan, por supuesto, el del futuro de la energía en la UE. En concreto, uno de sus integrantes, Rafael Amann, ha decidido poner el foco en el desarrollo de las redes eléctricas, una de las asignaturas pendientes de la transición energética europea y un reto generacional por sus dimensiones financieras y técnicas.
Rafael argumenta que existe un consenso generalizado en el sector sobre la insuficiencia de las redes eléctricas para abordar el doble desafío de integrar energías renovables y fomentar la electrificación del consumo. El sistema europeo, diseñado en el siglo XX bajo un modelo centralizado dependiente de fuentes fósiles, fue estructurado en torno a grandes centrales cercanas a los núcleos de consumo. Sin embargo, la transición hacia un modelo descentralizado, en el que la generación de energía renovable se sitúa lejos de los centros urbanos, exige una profunda modernización de la infraestructura.
No obstante, hasta ahora, el despliegue de estas nuevas infraestructuras no ha seguido el mismo ritmo que la inversión en energías renovables, lo que ha provocado saturaciones, retrasos en las nuevas conexiones y costes adicionales para reequilibrar el sistema. A este desajuste, se añade el progresivo deterioro del parque de infraestructuras existente. Según la Comisión Europea, más del 40% de las líneas de baja tensión superarán los 40 años para 2030. Sin una modernización masiva y coordinada, la red se convertirá en el principal cuello de botella de la transición energética.







Adri
26/01/2026