Tras un año de endurecimiento de las sanciones y de ataques ucranianos contra refinerías, puertos y buques petroleros, la producción rusa de crudo ha vuelto a caer durante el segundo semestre de 2026, deteriorando considerablemente las perspectivas de producción del país. Teniendo en cuenta estas perturbaciones, Rystad Energy ha revisado a la baja su previsión para la producción rusa de crudo, que situará en una media de 8,95 millones de barriles diarios (bpd) en 2026, antes de descender hasta aproximadamente 8,6 millones de bpd en 2027.
Sin margen: la producción de crudo de Rusia entra en una nueva era de restricciones
Rystad Energy ha revisado a la baja su previsión para la producción rusa de crudo, que situará en una media de 8,95 millones de barriles diarios (bpd) en 2026

La nueva estimación supone una reducción de 90.000 bpd respecto a la previsión anterior y refleja el impacto continuado de las nuevas interrupciones en las terminales de exportación del oeste de Rusia, así como el creciente riesgo para las exportaciones marítimas, que se han vuelto menos fiables y más costosas.
Menos margen para absorber interrupciones del suministro
El país también dispone de un margen cada vez menor para absorber nuevas interrupciones del suministro. Las reservas de crudo en tierra ya se encuentran en niveles que hacen cada vez más difícil evitar recortes sostenidos de la producción. Incluso si se alivian las restricciones operativas, parece poco probable una recuperación significativa de la producción. Se prevé que un excedente mundial de petróleo en 2027 presione a la baja los precios de referencia, debilitando la capacidad de negociación de Rusia frente a sus compradores, mientras los fuertes descuentos aplicados al crudo ruso, los costes derivados de las sanciones y el menor volumen de ventas siguen lastrando los ingresos de los productores.
Más allá del corto plazo, las perspectivas de producción del país están cada vez más condicionadas por el envejecimiento de los pozos con elevado corte de agua, que permanecen cerrados durante más tiempo, reduciendo la capacidad efectiva de producción de reserva. A ello se suma la ausencia de grandes proyectos de nueva producción (greenfield), que limita la capacidad de Rusia para compensar el declive de los yacimientos maduros después de 2027.
“La creciente frecuencia y eficacia de los ataques con drones contra las infraestructuras rusas de petróleo y gas ya no afecta únicamente a las refinerías; también está limitando el sector de exploración y producción del país. La actividad de las refinerías en junio y julio se situó entre las más bajas registradas en las últimas dos décadas, mientras que se prevé que el procesamiento alcance una media de unos 4 millones de bpd entre julio y diciembre, casi un 30 % por debajo de la media estacional de 2016-2023, situada en aproximadamente 5,7 millones de bpd”, dice Daria Melnik, vicepresidenta de Investigación de Petróleo y Gas de Rystad Energy.
“Esperamos que la actividad de las refinerías se recupere gradualmente a medida que disminuya la intensidad de los ataques con drones. Aun así, es probable que Rusia procese alrededor de 1,4 millones de bpd menos de crudo durante el segundo semestre del año de lo que indicarían los patrones estacionales históricos. Cada barril que una refinería deja de procesar debe exportarse, almacenarse o retirarse de la producción. Aunque Rusia pudo absorber ese desequilibrio en junio, julio demostró que su sistema de exportación no puede gestionar de forma constante los volúmenes adicionales”, añade.

El impacto de estos ataques resulta cada vez más difícil de absorber para el sector ruso de exploración y producción. Con las reservas ya por encima del umbral que desencadena recortes productivos, las compañías han perdido la flexibilidad necesaria para soportar interrupciones de corto plazo mientras esperan a que se recupere la capacidad de exportación o de refino. Como consecuencia, interrupciones de una magnitud similar se traducen ahora en recortes de producción más rápidos y profundos en los propios yacimientos.
Además, Rystad Energy estima que la capacidad rusa de producción de reserva —definida como los barriles que podrían volver rápidamente al mercado si se levantaran todas las restricciones— se situará en torno a 620.000 bpd en 2026, para aumentar modestamente hasta 700.000 bpd en 2027. Buena parte de esa capacidad corresponde a pozos envejecidos y con un elevado corte de agua que han sido cerrados en el marco de la actual ronda de recortes de producción. Cuanto más tiempo permanezcan inactivos estos pozos, menos probabilidades habrá de que recuperen sus niveles anteriores de producción.
El costo de los cierres prolongados
Los cierres prolongados aumentan el riesgo de que sean necesarias intervenciones costosas, reducen la productividad y, en algunos casos, pueden conducir al abandono definitivo cuando los costes de reparación y gestión del agua superan la rentabilidad económica de los pozos. Como resultado, se espera que una parte de la capacidad de reserva generada por los recientes recortes de producción se pierda de forma permanente con el paso del tiempo, reduciendo aún más la capacidad del país para aumentar la producción de los yacimientos existentes.

En conjunto, estos factores hacen poco probable una recuperación significativa de la producción en 2027. Rystad Energy prevé que el mercado mundial del petróleo entre en una situación de excedente el próximo año si se relaja el conflicto en Oriente Medio y se normalizan los flujos de suministro afectados. Este escenario ejercería presión a la baja sobre los precios de referencia justo cuando los productores rusos continúan afrontando mayores descuentos y costes logísticos. Al mismo tiempo, los compradores de China, India, Turquía, Hungría y Eslovaquia tendrían un mayor acceso a crudo no sujeto a sanciones, lo que reduciría su disposición a asumir los riesgos legales, financieros y operativos asociados al crudo ruso sin exigir descuentos todavía mayores.
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