El transporte pesado lleva años señalado como uno de los sectores más difíciles de electrificar, pero poco a poco las cuentas empiezan a cambiar. La caída del precio de las baterías, el aumento de la producción y unos costes operativos más bajos están acercando a los camiones eléctricos a un punto de inflexión que podría llegar antes de lo que muchas previsiones manejaban hasta ahora.
Es la principal conclusión de Trucking’s Tipping Point, el nuevo estudio de Carbon Tracker, que sitúa a comienzos de la década de 2030 la paridad en coste total de propiedad (TCO, por sus siglas en inglés) entre un camión eléctrico y su equivalente diésel en los principales mercados mundiales. A partir de ahí, el organismo prevé que las ventas puedan crecer con mucha más rapidez de la que sugeriría una evolución lineal.
Coste total vs regulación
Las emisiones de los vehículos pesados. FOTO: Volvo Trucks
Carbon Tracker considera precisamente que será la economía de uso, y no únicamente las normas de emisiones, la que determine la velocidad de la transición. Su análisis utiliza el modelo Future Technology Transformations de la Universidad de Exeter, combinado con datos propios de costes, mercado y activos industriales.
La Agencia Internacional de la Energía llega a una conclusión similar. Aunque un camión eléctrico pesado todavía puede costar entre dos y tres veces más que un diésel en el momento de la compra, su mayor eficiencia cambia las cuentas con muchos kilómetros por delante. Un eléctrico pesado consume alrededor de un 55% menos de energía que un diésel equivalente y, con los precios energéticos considerados por la AIE, el coste directo de utilización puede ser cerca de un tercio inferior en Europa.
La propia AIE estima que el TCO del camión eléctrico de larga distancia alcanzará la paridad con el diésel en Europa hacia 2030, mientras que en determinadas operaciones en China ya resulta competitivo. El precio inicial sigue siendo, no obstante, una barrera importante. En Europa alrededor del 90% de los transportistas son pequeñas empresas, según la AIE, y no todas tienen capacidad financiera para asumir una inversión inicial mucho mayor aunque el coste final durante la vida útil resulte inferior.
China marca el camino
Una furgoneta eléctrica BYD T5 se exhibe en una planta de BYD en la ciudad de Shenzhen, provincia de Guangdong en el sur de Chinas, 30 de julio de 2013.IC Photo
En el estudio también se destaca la situación de China, poniéndola como el mejor ejemplo de lo que puede ocurrir después de alcanzar ese punto de equilibrio. Los camiones eléctricos pesados representaban aproximadamente el 1% de las ventas en el gigante asiático en 2021 y superaron el 30% en 2025, según los datos utilizados en su estudio.
La AIE confirma la magnitud del cambio, aunque utiliza una clasificación algo más amplia del mercado: las ventas mundiales de camiones eléctricos se duplicaron en 2025 y alcanzaron el 9% del total, con China como principal responsable del crecimiento. Allí, aproximadamente uno de cada cuatro camiones vendidos ya era eléctrico.
China está consiguiendo escala industrial, menores costes de baterías y una oferta cada vez mayor. También está desarrollando soluciones que todavía tienen una presencia reducida en Europa, como el intercambio de baterías, que representó alrededor del 15% de las ventas chinas de camiones eléctricos durante 2025. Carbon Tracker advierte además de que esta ventaja puede trasladarse fuera del mercado chino. Los fabricantes locales están reduciendo costes y ganando experiencia industrial, lo que puede aumentar la presión competitiva sobre Daimler Truck, Volvo, Traton, Iveco y el resto de grandes grupos europeos cuando amplíen su presencia internacional.
Europa avanza, pero lentamente
Iveco S-WAY. FOTO:I veco
La situación china contrasta con la de Europa. Si bien en 2025 se matricularon cerca de 17.000 camiones eléctricos, lo que supuso un 40% más que el año anterior, todavía representaron alrededor del 3% del mercado y en el segmento pesado, la cuota rondó el 1,5%.
Al menos parece que el ritmo se está acelerando. Transport & Environment calcula que desde la entrada en vigor del primer objetivo europeo de CO2 para camiones, en julio de 2025, los eléctricos han alcanzado una cuota del 5,6%, frente al 3,5% de los doce meses anteriores. Países como Países Bajos, Noruega, Suecia y Dinamarca llegaron incluso a porcentajes de entre el 16% y el 18%.
La regulación empujará en la misma dirección. La Unión Europea exige a los fabricantes reducir las emisiones medias de CO2 de los nuevos vehículos pesados un 45% en 2030, un 65% en 2035 y un 90% en 2040 respecto a 2019. La infraestructura continúa siendo uno de los grandes cuellos de botella. La AIE contabiliza ya más de 1.000 puntos de recarga dedicados específicamente a camiones eléctricos en la Unión Europea, pero las necesidades crecerán con rapidez si empieza a generalizarse el transporte de larga distancia.
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