Un equipo de investigadores de Corea del Sur logró desarrollar una tecnología capaz de transformar dióxido de carbono (CO2) en hidrocarburos líquidos como gasolina y nafta, alcanzando por primera vez una producción piloto de 50 kilogramos diarios, en un avance que podría abrir una nueva etapa en la sustitución de derivados del petróleo y en la reducción de emisiones industriales.
El proyecto fue liderado por el investigador Jeong-Rang Kim, del Korea Research Institute of Chemical Technology, en colaboración con las compañías GS Engineering & Construction y Hanwha TotalEnergies. La innovación consiste en una tecnología de catalizadores y procesos que permite convertir directamente CO2 e hidrógeno en combustibles líquidos, sin necesidad de etapas intermedias complejas.
La investigación forma parte del proyecto Carbon Resource Platform Chemical impulsado por el Ministerio de Ciencia y TIC de Corea del Sur. En 2022, el equipo ya había desarrollado una planta experimental de menor escala con capacidad de producción de cinco kilogramos diarios y había transferido la tecnología a las empresas participantes. Ahora, los investigadores anunciaron la construcción de la primera planta piloto surcoreana de hidrogenación directa de CO2 capaz de producir 50 kilogramos diarios de hidrocarburos líquidos, cuya puesta en marcha está prevista para finales de 2025.
Planta comercial
El siguiente objetivo será diseñar una planta comercial capaz de producir más de 100.000 toneladas anuales. La iniciativa cobra relevancia en un contexto de creciente incertidumbre energética global y tensiones geopolíticas que afectan el suministro internacional de petróleo y nafta, como las recientes amenazas sobre el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio energético mundial.
La tecnología busca transformar emisiones industriales procedentes de centrales eléctricas y fábricas en materias primas útiles para combustibles automotrices y productos petroquímicos. Según los investigadores, esto permitiría reemplazar parcialmente recursos fósiles importados por alternativas derivadas del carbono capturado.
Hasta ahora, la mayoría de las tecnologías de conversión de CO2 utilizaban un proceso indirecto de dos etapas. En primer lugar, el dióxido de carbono debía convertirse en monóxido de carbono mediante la reacción inversa water-gas shift, un procedimiento que exige temperaturas superiores a los 800 grados Celsius debido a la elevada estabilidad química del CO2. Posteriormente, el monóxido de carbono y el hidrógeno eran transformados en hidrocarburos líquidos mediante la síntesis Fischer-Tropsch, un método que requiere altas presiones y sistemas industriales complejos.








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