Los yacimientos de petróleo y gas están tardando tres veces más en pasar del descubrimiento a la producción que durante las décadas de auge del sector, lo que aumenta el riesgo de activos varados en un período de incertidumbre industrial.
Un nuevo análisis de Global Energy Monitor muestra que los proyectos que comenzaron a operar en 2025 tardaron un promedio de 15,1 años en entrar en funcionamiento. Esto se compara con tan solo 4,9 años entre 1960 y 1980, considerado ampliamente el período de descubrimiento más prolífico para el petróleo y el gas convencionales.
Los plazos de entrega promedio más largos se produjeron entre 2010 y 2020, cuando los proyectos tardaron casi dieciséis años en alcanzar la producción. En 2019, el promedio se extendió a 20,7 años, y varios proyectos rusos retrasados contribuyeron a este aumento.
Más complicado extraer
Estos plazos prolongados reflejan una transición hacia yacimientos más profundos, de mayor presión y técnicamente más complejos, según el informe, que se basa en datos del Rastreador Global de Extracción de Petróleo y Gas (GOGET). Los proyectos offshore tardan aproximadamente tres años más que los proyectos onshore.
Esta tendencia coincide con los hallazgos recientes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que indican que los plazos de desarrollo se han alargado debido al agotamiento de los yacimientos de fácil acceso, dejando yacimientos más pequeños, profundos y técnicamente más complejos.
Unos plazos de entrega más largos aumentan la exposición a sobrecostos, cambios regulatorios y fluctuaciones en la demanda.
Mayores costes
En el escenario de cero emisiones netas de la AIE, la inversión en exploración y producción de petróleo y gas disminuye drásticamente con el tiempo. Por lo tanto, los proyectos descubiertos hoy podrían entrar en producción en un entorno político sustancialmente diferente, donde los países están comprometidos con sistemas energéticos más limpios.
Los hallazgos resaltan la creciente exposición de las empresas que invierten miles de millones de dólares en proyectos que podrían no comenzar a generar ingresos hasta finales de la década de 2030 o después, en un momento en que las previsiones de demanda a largo plazo se enfrentan a un escrutinio cada vez mayor.
Scott Zimmerman, director del proyecto GOGET y coautor del informe, asegura que "los ciclos de desarrollo de quince años implican que las empresas están haciendo apuestas a largo plazo sobre un futuro muy incierto. En un momento en que las grandes empresas de carbono se enfrentan a márgenes más ajustados y los precios del petróleo se desploman, intentar conseguir grandes inversiones parece estar destinado al fracaso. El gasto debería dirigirse a la reducción de la demanda y a las energías renovables, que tienen el potencial de generar una auténtica seguridad energética".
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