Amazon está invirtiendo en una planta eléctrica de gas natural, vinculada a un enorme centro de datos en Texas, que podría convertirse en la mayor fuente individual de contaminación climática de Estados Unidos, según confirmó la propia compañía el viernes y reveló antes The New York Times.
La instalación, ubicada en el condado de Pecos, en el oeste de Texas, y conocida como GW Ranch, recibió de las autoridades estatales un permiso para emitir hasta 33 millones de toneladas de CO2 al año, según datos de Cleanview, empresa que rastrea la infraestructura energética de los centros de datos. Esa cifra duplica con creces las emisiones de la central de carbón James H. Miller Jr., en Alabama, considerada hasta ahora la planta más contaminante del país, con unos 16 millones de toneladas anuales. Las plantas rara vez emiten el máximo permitido, pero el margen es notable si se compara con los límites, mucho más estrictos, que suelen aplicarse a las centrales de carbón.
La planta utilizará 35 turbinas de gas natural para generar hasta 7,65 gigavatios destinados al centro de datos de Amazon, y no se conectará inicialmente a la red eléctrica general de Texas, lo que según la portavoz de Amazon, Margaret Callahan, evitará encarecer la factura eléctrica de los hogares tejanos. Callahan añadió que la compañía también estudia incorporar energía solar y almacenamiento en baterías en el emplazamiento que, a su juicio, generaría miles de empleos. Amazon no reveló cuánto pagó por el terreno.
El proyecto pone de relieve las dificultades de Amazon para cumplir su promesa de eliminar prácticamente sus emisiones para 2040, compromiso asumido a través del Climate Pledge, la iniciativa voluntaria que la propia compañía cofundó. Sus emisiones han aumentado en cada uno de los últimos años, y la empresa ha reconocido que el auge de los centros de datos de inteligencia artificial complica alcanzar esos objetivos climáticos. "El mundo se ve diferente ahora a cuando cofundamos el Climate Pledge", declaró Callahan, aunque insistió en que "nuestro compromiso no ha cambiado".
El fenómeno responde a la creciente presión que ejerce la IA sobre la red eléctrica estadounidense: para evitar años de retrasos en la conexión con las utilities tradicionales, los desarrolladores de centros de datos optan cada vez más por construir sus propias plantas de generación in situ, y el gas natural suele ser la opción más rápida de levantar. La administración Trump ha respaldado este tipo de infraestructuras bajo su política de "dominancia energética", favoreciendo el petróleo, el gas y el carbón frente a las renovables, y ha impulsado normas para agilizar la construcción de centros de datos.







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