Petróleo & Gas

El petróleo se acerca a su techo, pero su caída será lenta y desigual

La electrificación, las mejoras de eficiencia, la sustitución de combustibles y el creciente peso de los servicios y de la economía digital reducirán la intensidad petrolera mundial en torno a un 57% hasta 2050, según Rystad Energy

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El mercado mundial del petróleo se aproxima a un punto de inflexión histórico. La demanda podría alcanzar su máximo alrededor de 2030, pero el final de la era del crecimiento petrolero no supondrá un desplome inmediato del consumo. Al contrario: según el último escenario macroeconómico de Rystad Energy, la transición energética será prolongada, desigual entre regiones y sectores y muy dependiente de la evolución tecnológica, las políticas públicas y la seguridad energética.

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El informe parte de una paradoja. La economía mundial crecerá más de lo previsto anteriormente: Rystad calcula que el PIB global aumentará alrededor de un 97% entre 2025 y 2050, con Asia generando aproximadamente el 60% de ese incremento. Ese crecimiento debería impulsar la movilidad, el transporte de mercancías, la actividad industrial y las infraestructuras, especialmente en las economías emergentes.

La economía necesitará menos petróleo

Sin embargo, la economía necesitará progresivamente menos petróleo para generar cada unidad de actividad. La electrificación, las mejoras de eficiencia, la sustitución de combustibles y el creciente peso de los servicios y de la economía digital reducirán la intensidad petrolera mundial en torno a un 57% hasta 2050.

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El resultado es un mercado que seguirá creciendo durante algunos años antes de entrar en una etapa de contracción. En el escenario central de Rystad, la demanda mundial de líquidos alcanzará 107,5 millones de barriles diarios en 2030. Después permanecerá prácticamente estable durante los primeros años de la década de 2030 antes de iniciar un descenso progresivamente más pronunciado hasta situarse en unos 88 millones de barriles diarios en 2050.

Pero el abanico de posibilidades es extraordinariamente amplio. En el escenario de demanda elevada, el consumo alcanzaría unos 111 millones de barriles diarios a finales de la década de 2030 y seguiría cerca de 108 millones en 2050. En el escenario bajo, en cambio, caería hasta unos 66 millones. La diferencia entre ambos extremos supera los 40 millones de barriles diarios a mediados de siglo.

El transporte por carretera será el principal campo de batalla. Los vehículos particulares protagonizarán la mayor destrucción de demanda: en el escenario base, su consumo de combustible caerá de 27,8 millones de barriles diarios en 2025 a 14,3 millones en 2050. Los vehículos eléctricos explicarán buena parte de esta reducción.

China lidera el cambio

China encabeza actualmente la transformación gracias a una rápida renovación del parque automovilístico, una elevada penetración del vehículo eléctrico y una extensa infraestructura de recarga. Europa gana peso en 2026, mientras que Estados Unidos avanza más lentamente. El siguiente gran cambio podría producirse fuera de estos tres mercados, especialmente en Asia-Pacífico y América Latina, donde el parque de vehículos todavía tiene un amplio margen de crecimiento.

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El ritmo de electrificación será, además, muy diferente según el tipo de vehículo. Rystad prevé que los eléctricos representen el 84% de las ventas mundiales de automóviles en 2050, frente al 26% de 2025. En vehículos de dos y tres ruedas, la penetración llegaría al 99%. Los camiones ligeros alcanzarían el 61%, mientras que los camiones medianos y pesados se quedarían en el 37%, debido a sus mayores necesidades de autonomía, carga y recarga.

No todo el mercado petrolero seguirá la misma trayectoria. La aviación será uno de los principales sectores de crecimiento: su demanda aumentaría de 7,5 a 10,4 millones de barriles diarios entre 2025 y 2050. La expansión de los viajes aéreos en Asia, África y Oriente Medio será determinante.

La industria petroquímica será aún más relevante. Su consumo pasaría de aproximadamente 15 a 22 millones de barriles diarios, convirtiéndose en la mayor fuente de crecimiento incremental de la demanda. Estos dos sectores actuarán como contrapeso frente al rápido retroceso del consumo en carretera.

A partir de 2040, sin embargo, la contracción será mucho más generalizada. En el escenario base, las pérdidas anuales de demanda podrían superar 1,5 millones de barriles diarios a finales de los años 2040, frente a unos 0,5 millones durante la última parte de esta década.

La transición tampoco permitirá prescindir de la inversión petrolera. El envejecimiento de los yacimientos provocará un fuerte declive natural de la producción existente. Incluso en un mundo de demanda reducida, Rystad calcula que será necesario desarrollar unos 466.000 millones de barriles de nuevos recursos entre 2026 y 2050. La cifra ascendería a 560.000 millones en el escenario base y a 630.000 millones si la demanda resulta más fuerte.

Quiénes ganan y quiénes pierden

La consecuencia es clara: la transición energética no elimina la necesidad de invertir en petróleo, sino que cambia qué proyectos reciben capital. Los productores de bajo coste, bajas emisiones y ciclos de desarrollo relativamente cortos tendrán ventaja. En cambio, los proyectos caros y técnicamente complejos serán los primeros en retrasarse si la demanda pierde fuerza.

Esta dinámica puede generar una nueva vulnerabilidad para el mercado. Si la inversión cae más rápidamente que la demanda, el declive natural de los yacimientos podría provocar déficits de oferta, mayor volatilidad y precios más elevados. Rystad estima que el coste marginal podría bajar hacia 50 dólares por barril a finales de esta década, pero posteriormente se abriría una brecha importante entre escenarios. En el caso base, subiría hasta unos 85 dólares en 2045; en un escenario de fuerte demanda podría alcanzar aproximadamente 130 dólares a comienzos de los años 2040.

La conclusión del informe es, por tanto, menos sencilla que la idea de un “fin del petróleo”. El mundo parece dirigirse hacia un pico de demanda seguido de un declive prolongado, pero ese descenso no será uniforme. Mientras los coches eléctricos erosionan rápidamente el consumo de combustibles, la aviación, la petroquímica y los vehículos pesados mantendrán durante décadas una parte importante de la demanda.

El gran interrogante no será únicamente cuándo llegará el pico, sino a qué velocidad caerá posteriormente la demanda y si la oferta podrá adaptarse a tiempo. En ese equilibrio entre transición tecnológica, inversión y declive natural de los yacimientos se jugará buena parte del futuro del mercado petrolero mundial.

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