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Energía solar, eólica, hidrógeno, autoconsumo, bomba de calor, redes de transporte… en los últimos meses se multiplican los artículos de asociaciones de fabricantes, desarrolladores, lobbys, analistas independientes, acerca de la necesidad de utilizar una u otra tecnología para acelerar la electrificación del sector industrial en España.

La realidad es que todas las fuentes de energía y tecnologías asociadas son imprescindibles para lograrlo, y que son el marco regulatorio, la fiscalidad, la digitalización y la velocidad con que se lleve a cabo este proceso lo que decidirá si conseguimos los objetivos que el sector actual nos plantea, o nos quedamos indefinidamente rezagados.

La electrificación de le economía no debe ser vista sólo como una palanca para la reducción de emisiones a la atmósfera, sino como elemento imprescindible para incrementar nuestra competitividad. Esta afirmación está recogida en el PNIEC y se repite ligada al PERTE de Descarbonización Industrial, con una inversión prevista en su momento de 11.600 millones de euros.

Simplificar el permitting

Este proceso competitivo se ha convertido en una carrera entre las diferentes regiones geopolíticas. Teniendo en cuenta que Europa lleva más de dos décadas “subcontratando” su defensa, su industria y su energía, y que acaba de darse cuenta de que esa decisión ha sido demasiado arriesgada, en España esa carrera no debiera ser de obstáculos. Se debería simplificar el proceso de obtención de permisos, así como incrementar y acelerar la inversión en modernización de las redes de transporte y distribución incluyendo inversiones en digitalización de las mismas, aprovechando las capacidades de inteligencia artificial y IA generativa para dotarlas de mayor capacidad de respuesta ante disrupciones. De lo contrario, las inversiones se irán desplazando a otros lugares y, con ellas, la competitividad de nuestro sector industrial, ya de por sí comprometido.

En el año 2020, el precio medio de la electricidad que pagaban los consumidores de energía industriales y domésticos llegó a ser más de un 20% superior al de la media de la Unión Europea. Si bien esto se ha reducido en los últimos años en el caso de los grandes consumidores, seguimos estando en los puestos 11 y 6 de la UE, en coste de energía para consumidores medios y domésticos, en parte por tener un 26 y un 51%, respectivamente, del coste derivado de tasas y gravámenes, según la CNMC. Hay un gap similar con el precio del gas, que es varias veces superior al de industrias similares en otros países competidores. Como ejemplo, la inversión de los TSOs en Francia (€100bn, en 10 años), Alemania (€128bn, en 5 años) y Gran Bretaña (£70bn, en 5 años).

Elevar los topes a la inversión en redes que, hasta la fecha, eran de un 0,065% del PIB para el TSO, y del 0,13% para las distribuidoras, según el Ministerio de Transición Ecológica, evitará que sigan esperando en el limbo inversiones imprescindibles para el sector. Según la AELEC, en los últimos 5 años, se han rechazado hasta 30 GW de solicitudes de conexión, por falta de capacidad en nuestra red. Esta actualización del cambio normativo que regula los planes de inversión de transportista y distribuidoras es esperada, casi con ansiedad, por todo el sector, y debiera incluir un proceso de digitalización de las redes en el que ya están incurriendo otros países de la OCDE.

El almacenamiento

A la hora de actualizar las reglas del juego, los respectivos gobiernos intentan balancear el objetivo de acelerar el proceso de electrificación industrial, con la lógica preocupación de que cualquier cambio pudiera llegar a afectar los consumidores por un aumento en los costes de peajes. Todos, además, se están orientado a favorecer el desarrollo de un mix energético equilibrado.

Por ejemplo, el PNIEC incluye, como objetivo 2030, tener hasta 22GW de capacidad de almacenamiento, sin reparto preestablecido de cuotas entre las diferentes tecnologías. En España, por características geográficas y posibilidad de reutilización de infraestructuras ya existentes, la construcción o repotenciación de centrales hidroeléctricas de bombeo parece una de las soluciones más adecuada para lograrlo. Actualmente las 21 centrales de este tipo, y el PNIEC prevé para 2030 tener una capacidad adicional de 6 GW (bombeo y baterías). Además de ser una solución al almacenamiento, esta tecnología dota de estabilidad al sistema.

Además, otras tecnologías están llamadas a ser protagonistas en los próximos años, ayudando a nuestras empresas a reducir sus costes operativos: hidrógeno y offshore wind.

El papel del hidrógeno

La designación del Operador de la Red de Transporte de Hidrógeno (HTNO) en España por parte del Gobierno debería facilitar el desarrollo de los proyectos de hidrógeno en nuestro país, que actualmente cuenta con más de 300 proyectos con diferente grado de madurez.

Por último, la aprobación en 2024 de la base regulatoria para la energía eólica marina sienta las bases para al desarrollo de este tipo de proyectos, condicionado por la profundidad de nuestra plataforma, pero que está alineado con la Estrategia sobre las Energías Renovables Marinas de la Comisión Europea.

En este escenario de productores, transportistas, distribuidores y consumidores de energía, ha entrado con fuerza un nuevo actor: los hiperescalares demandantes de suelo, puntos de conexión y agilidad administrativa para la construcción de Datacenters.

La llegada de los centros de datos

Actualmente hay acumuladas solicitudes de conexión por más de 35 GW, concentradas en 4 regiones que pueden convertirse en los mayores consumidores, sin ser los mayores generadores de energía.

Si esto nos parece difícil de asimilar, basta como comparativa que, este mismo año, los Datacenters instalados en Estados Unidos alcanzarán el 10% del consumo energético del país, equivalente al consumo total de países como Italia, Reino Unido o España, según el departamento de energía de EEUU.

Hasta tal punto se está formando un nudo gordiano, una competencia entre las diferentes regiones del globo que se multiplicará con las necesidades incrementales de la IA, que se está empezando a repotenciar centrales nucleares existentes, o acelerar el uso de tecnología SMR (Small Modular Reactor) como alternativa. Francia, Reino Unido, China y Estados Unidos desarrollan actualmente más de 80 proyectos de este tipo.

En definitiva, Europa en general, y España en particular, se está jugando en los próximos años que sus empresas industriales puedan seguir compitiendo a nivel global, o pasar a ser visto como una región de segunda para las inversiones en este sector.

Las inversiones en modernización y digitalización de nuestras redes, la ampliación de la vida útil de las centrales nucleares, el desarrollo de los proyectos de bombeo y el transporte de hidrógeno, y la reducción de los trámites administrativos, son objetivos ineludibles en este proceso.

Eduardo Mozas, responsable de Industria X de Accenture en España y Portugal; e Isaac Gómez, CEO de Boslan, parte de Accenture.

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Un comentario

  • Eltoni

    Eltoni

    13/02/2025

    La descarbonizacion industrial solo es posible , sin arruinarnos y en un plazo razonable , electrificando demandas térmicas baja temperatura (< 120 º C) y con biogás …. el H2 y utopías similares no serán realidad , o nunca o en 20-30 años , quitando algún proyecto particular que actualmente use H2 gris ….señores consultores , menos power point y más entender la industria

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