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Javier Santiso, la discreta fusión de poesía, energía y mecenazgo

Tras una trayectoria excepcional como directivo de la OCDE, Khazanah, BBVA y Telefónica, el hispano-francés dirige ahora Kembara, su fondo de climate tech con el BEI. Entre sus apuestas: Submer, Nnaisense, Witrac y Citibox. Mientras, traduce poetas franceses y escribe novelas. Varias vidas aunadas con coherencia

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Hay personas que parecen vivir vidas paralelas. Javier Santiso (Saint-Germain-en-Laye, 1969) es una de ellas. Por un lado, el ejecutivo que trabajó codo a codo con José Ignacio Goirigolzarri en el BBVA y con José María Álvarez-Pallete en Telefónica. Por otro, el poeta, novelista, traductor y editor que fundó La Cama Sol, una editorial dedicada a la poesía y el arte. Ha llevado al castellano a Christian Bobin y Henri Pichette. “La escritura me da verticalidad”, confesaba a Juan Cruz. “Te permite darle una patada al olvido”. Pero en su día a día, Santiso se dedica a una misión muy concreta y terrenal: movilizar cientos de millones de euros para financiar la transición energética y la deep tech en Europa.

Nacido en Francia de padres gallegos, pasó parte de su infancia en Galicia. Allí arraiga su amor por La Muñeira de Chantada, la pieza musical que elegiría como autorretrato. Esa doble identidad francesa y española, financiera y literaria define a un hombre que hoy capitanea Alma Mundi Ventures, una entidad española gestora de una familia de fondos que ronda los 1.500 millones de euros. Su última gran aventura es Kembara Fund I, un fondo paneuropeo de deep tech y climate tech que cuenta con el Banco Europeo de Inversiones como inversor ancla. “Necesitamos campeones europeos”, repite, y se ha propuesto crearlos. Entre las áreas prioritarias del fondo Kembara están las energías limpias, almacenamiento de energía, combustibles sostenibles, electrificación y materiales sostenibles.

"Europa se encuentra al inicio de un segundo Renacimiento. Así como el original contó con la familia Médici para financiar la innovación, los líderes del sector deep tech (tecnología profunda) en la Europa actual también necesitan un capital local significativo y a gran escala en sus etapas de crecimiento,” afirmo Santiso cuando Kembara levantaba hace apenas unos meses 750 millones de euros en su primer cierre. “La misión de Kembara es catalizar este segundo Renacimiento y, con 750 millones de euros ya comprometidos, ahora estamos respaldando a los fundadores de tecnología profunda más ambiciosos de Europa que lideran este cambio".

Equipo del fondo Kembara, de izquierda a derecha: Javier Santiso, Siraj Khaliq, Rob Trezona, Yann de Vries y Pierre Festal.

Antes de llegar aquí, Santiso ya había demostrado su olfato. Fue el director más joven en la historia de la OCDE al frente de su Centro de Desarrollo. Después, como CEO para Europa de Khazanah, el fondo soberano malayo, invirtió en unicornios como Farfetch, Skyscanner o Auto1. De aquella experiencia asiática tomó prestada la palabra Kembara, que en malayo significa "viaje humilde sobre el terreno". “Las cosas hay que hacerlas con alma, con bondad y humildad”. Por eso su gestora se llama así.

Antes de levantar millones para Europa, Santiso aprendió en Asia. Fue CEO para Europa de Khazanah, el fondo soberano malayo de 50.000 millones de dólares. Allí invirtió en unicornios como Farfetch, Skyscanner y Auto1. Y allí encontró la palabra que hoy da nombre a su gran apuesta europea: Kembara, que en malayo significa "viaje humilde sobre el terreno". No es casualidad. Santiso huye del ruido y de la soberbia. Prefiere viajar ligero, escuchar a los emprendedores y construir desde la paciencia. Esa humildad estratégica, aprendida en Kuala Lumpur, es hoy su sello en Madrid.

Su apuesta por la energía y la sostenibilidad es visible en su cartera de inversiones. Santiso ha respaldado a Submer, una startup que ha desarrollado sistemas de refrigeración líquida por inmersión para centros de datos. El resultado: un ahorro eléctrico superior al 50% y la práctica eliminación del agua en su operación. Frente a la voracidad energética de la inteligencia artificial, Submer es un bálsamo. También invirtió en Nnaisense, una firma especializada en redes neuronales que colabora con Iberdrola y Repsol para detectar daños en palas de aerogeneradores. Eficiencia, otra vez.

Witrac, otra startup de su cartera, es activa en la Industria 4.0 y está vinculada a la gigafactoría de baterías de litio de Valencia, pieza clave para el almacenamiento de renovables en España. Citibox aporta su grano de arena con buzones inteligentes que optimizan la logística de última milla, reduciendo las emisiones de CO₂ en los repartos hasta un 69%. Y BizAway, plataforma de gestión de viajes de negocios, cuantifica la huella de carbono de sus clientes y ofrece compensarla. “La tecnología no es un vertical, es un horizontal. Diseñamos fondos alrededor de temáticas infratrabajadas por el mercado”, explica Santiso.

Su modelo va más allá de las simples inyecciones de capital. Ha creado el Club Mundi, una red de más de 750 altos ejecutivos españoles en la diáspora global, una "central nuclear de conexiones" según sus palabras, que facilita el cross selling y la salida comercial de las startups en cartera. “Nos gusta aportar valor comercial desde la proximidad a la esfera corporativa”. Entre sus miembros figuran Ramón Laguarta (PepsiCo), Belén Garijo (Sanofi) o Luis Maroto (Amadeus).

“En los últimos nueve meses, el 85% del capital inyectado en rondas deep tech proviene de Estados Unidos. Los europeos estamos perdidos en combate”. Y sobre España critica el foco de la inversión y el modelo productivo: “Nos entusiasma el ladrillo”. Señala como ejemplos la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia o la Ciudad de la Cultura de Galicia. “¿Cuántas maravillas puede hacer Galicia con 1.000 millones destinados a cientos de compañías tecnológicas?”.

En su libro España 3.0, Javier Santiso defendió la necesidad de "resetear el país" abandonando la burbuja inmobiliaria. Propuso cuatro pilares para la prosperidad: educación, innovación, digitalización e internacionalización. Puso a Corea del Sur e Israel como modelos a seguir y criticó la corrupción y el nepotismo, apostando por el talento. Tuvo un tono agridulce: crítico con el pasado, pero confiado en que España podía reinventarse como un hub de innovación.

Hace unos años, durante el primer gobierno de Rajoy, Santiso presentó 40 medidas para crear un ecosistema emprendedor: desde rebajar al 10% el tipo del impuesto de sociedades para empresas tecnológicas hasta fijar una cotización de autónomos de solo 20 euros. "El emprendimiento es la única vía para salir de la crisis". Y abundaba: "Si emprendes en España y necesitas avalar tu creación empresarial, en el caso de que fracases no solo pierdes tu empresa sino también tu casa, seguramente tu pareja porque te enfrentarás a un divorcio".

También alertaba sobre la escasez estructural de capital: "En España cuando una empresa necesita rondas grandes de financiación tiene que irse fuera. Y también falta capital en las fases tempranas. Falta en todas". Para ilustrar que sí es posible crear gigantes desde el sur de Europa, ponía un ejemplo: "El equivalente aquí [de empresas de peso en el segmento de la tecnología] es Inditex, una empresa, por cierto española, que nació como startup y totalmente innovadora. En realidad, Inditex no difiere mucho por ejemplo de Amazon en todo el entramado logístico que tiene. El problema es que solo hay una así en toda Europa".

Lejos de los focos que no le interesan, este consejero de Prisa, miembro del patronato del Museo del Prado y del Teatro Real, sigue escribiendo. Su novela, Un paso a dos (Gallimard, 2023), explora la soledad de Josephine Hopper, la esposa del pintor Edward Hopper. “Escribir es un intento de rescatar a los olvidados”, dice. También confiesa que, de no haberse dedicado a los libros, le habría gustado ser pintor. Mientras tanto, en su otra vida, impulsa tecnologías que podrían enfriar el planeta. No es poca cosa.

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