Cuando en 2022 dos exdirigentes de Revolut, Alan Chang (CRO) y Charles Orr (Special Projects), fundaron Fuse Energy en el Reino Unido, pocos habrían anticipado que su iniciativa se convertiría en una de las más dinámicas del sector energético europeo. Hoy, la joven empresa no sólo está creciendo a gran velocidad, sino que ha conseguido una ronda semilla de 78 millones de dólares, y en total ha recaudado ya más de 100 millones de dólares. Además, ha alcanzado una valoración que supera los 1.000 millones de dólares (status “unicornio”) en menos de tres años.
A partir del tercer trimestre de 2025, Fuse alcanzó los 300 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales, (un aumento de 7 veces respecto al año anterior) y triplicó su base de usuarios entre julio y octubre de 2025. Actualmente, la compañía provee energía a más de 200.000 hogares en el Reino Unido, ayudando a los clientes a ahorrar más de 200 libras esterlinas al año en sus facturas de energía. Esa velocidad de escalado es típica del mundo fintech, no tanto del mundo tradicional de suministros eléctricos.
Entrevistamos al líder de su lanzamiento en España, Francisco Lodeiro, para ahondar en sus planes en nuestro país y su modelo de integración vertical total: controlan desde la generación renovable hasta el cliente final, pasando por el trading y el suministro. Su propuesta es tarifas optimizadas y una gestión digital avanzada del consumo.
Para entender en qué se posiciona Fuse Energy como alternativa, conviene contrastarla con un referente en el mercado británico: Octopus Energy. Octopus nació con un enfoque digital-retail, centrado en ofrecer al cliente una experiencia fluida desde una plataforma tecnológica (“Kraken”), tarifas flexibles, y una fuerte apuesta por la renovación de la relación cliente-empresa. Por su parte, Fuse Energy va un paso más allá: no sólo suministra energía y digitaliza el front-end, sino que desarrolla activos de generación renovable propios, realiza trading, instala autoconsumo, y gestiona al cliente.
“Estamos verticalmente integrados. Generación, comercialización, instalaciones de autoconsumo, trading, etc. Esto nos permite evitar intermediarios, ofrecer tarifas más competitivas y estar menos expuestos a fluctuaciones del mercado”, afirma Lodeiro. Esta integración total es precisamente lo que marca la diferencia frente al modelo más “retail-tech” de otros proveedores, con menos control sobre la cadena. Fuse apuesta por un modelo “source-to-socket”: generación propia + trading + suministro + autoconsumo/instalaciones.
La integración vertical de Fuse Energy: ¿ventaja competitiva o riesgo operativo?
Con el modelo de integración total que ha formulado Fuse logran un mejor control sobre costes, menor exposición a intermediarios y mayor capacidad de marginar hacia el cliente final. Como afirma Lodeiro: “Operamos la compañía de forma integrada, evitamos los márgenes de intermediarios en EPC, desarrollo, trading, etc, y los trasladamos al cliente. Esto nos hace ser más competitivos en precios y más sólidos en entornos de alta volatilidad”, apunta. “Los activos que operamos nos sirven de hedge físico ante vaivenes de precios, lo cual nos permite que nuestras propuestas comerciales no tengan que verse afectadas ante cambios de precios puntuales y tener más solidez financiera”.
Cuando los precios mayoristas o los márgenes del mercado se vuelven hostiles, tener generación propia y un modelo de suministro permite amortiguar impactos y generar tarifas menos elásticas. Pero no está exento de riesgos operativos. Gestionar generación (inversión en activos, mantenimiento), trading (riesgo de mercado) y suministro (facturación, atención al cliente, regulación) es complejo.
Cada una de esas patas tiene desafíos regulativos, de escala, de operatividad y de capital. En un contexto volátil (por ejemplo, aumento de costes de capital o cambios regulatorios en renovables) la carga operativa puede penalizar a quien controle toda la cadena. En ese sentido, Fuse asume más responsabilidades que un proveedor puramente retail o un generador puro. La clave será si esa integración se traduce en escala rápida y eficiencia operativa, o si por el contrario se convierte en un freno de crecimiento por complejidad.








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