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La 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial, que se celebra estos días en Davos bajo el lema Un espíritu de diálogo, ha vuelto a situar la energía en el centro del debate económico y geopolítico global. En este contexto, el World Economic Forum ha publicado el informe Fuelling the Future: How Business, Finance and Policy can Accelerate the Clean Fuels Market, que lanza un mensaje claro: los combustibles renovables representan una oportunidad estratégica para avanzar en la descarbonización, reforzar la seguridad energética y generar crecimiento económico e industrial.

El informe parte de una realidad: los combustibles líquidos y gaseosos representan hoy el 56% del consumo energético final global y seguirán siendo esenciales en 2050, incluso con una electrificación acelerada. En este escenario, los combustibles sostenibles —biocombustibles, biogases, e-fuels, hidrógeno y sus derivados, así como combustibles de menor intensidad de carbono— se consolidan como una solución imprescindible, para todos los sectores y son además la única solución viable para sectores difíciles de electrificar como la aviación, el transporte pesado o el marítimo. Además, permiten reducir emisiones de forma inmediata aprovechando infraestructuras ya existentes mediante esquemas de mezcla o uso directo.

Riesgos

Uno de los principales mensajes del informe es la urgencia temporal. La próxima década es crítica y, sin acelerar las decisiones de inversión antes de 2030, los objetivos de descarbonización en transporte e industria serán inalcanzables. Para ello, el WEF estima que la inversión global en combustibles renovables debe cuadruplicarse en los próximos cinco años, pasando de unos 25.000 millones de dólares anuales a más de 100.000 millones. El cuello de botella, sin embargo, no es la falta de capital, sino la ausencia de marcos regulatorios y de mercado que reduzcan riesgos y hagan bancables los proyectos. No es casual que cerca del 90% de las iniciativas anunciadas para 2030 aún no haya alcanzado la decisión final de inversión.

Más allá de la mejora del comportamiento medioambiental, el informe subraya el valor económico y social que estas soluciones ofrecen. Los biocombustibles pueden generar entre dos y tres veces más empleo que los convencionales, especialmente en entornos rurales e industriales, y contribuir a reducir la dependencia energética de países importadores netos entre un 5% y un 15%. Además, las distintas rutas tecnológicas permiten reducciones de emisiones superiores al 65% en su ciclo de vida, alcanzando incluso reducciones del 90% o emisiones netas negativas en configuraciones óptimas con captura de carbono, siempre bajo salvaguardas ambientales robustas.

El diagnóstico es claro, pero también lo son las barreras: costes iniciales elevados, combustibles aún más caros que los fósiles en el corto y medio plazo, cadenas de valor fragmentadas, demanda incierta y políticas desiguales entre regiones. Para superarlas, el WEF apunta a la necesidad de políticas estables, predecibles y basadas en resultados —centradas en la reducción de emisiones y no en tecnologías concretas—, así como a instrumentos de mercado, esquemas de financiación público-privada y compromisos tempranos de demanda que permitan reducir el coste del capital y acelerar el escalado.

Ambición

Este enfoque se enmarca en una ambición internacional creciente. Iniciativas como la Declaración de Belém 4x, impulsada en el marco de la COP30 y apoyada por más de 25 países, apuestan por cuadruplicar la producción y el uso de combustibles renovables para 2035, una trayectoria alineada con las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía. La coincidencia entre los compromisos climáticos y el análisis económico e industrial que se debate en Davos refleja una clara convergencia entre ambición y ejecución.

El informe del WEF incorpora, además, casos prácticos de distintas regiones del mundo que demuestran que este despliegue es posible. Entre ellos, se destacan proyectos desarrollados en España, como la Ecoplanta de Tarragona o la planta C-43 de Cartagena, que evidencian el potencial del país para situarse en una posición relevante en el desarrollo de combustibles 100% renovables y circulares. España tienen un sólido potencial en combustibles renovables que puede ser determinante para la reindustrialización y la autonomía estratégica europea.

Las conclusiones que se extraen estos días en Davos son claras: el reto de los combustibles renovables ya no es técnico ni conceptual, sino de ejecución coordinada entre políticas públicas, financiación y acción empresarial. Convertir el consenso global en proyectos reales será determinante para una transición energética que sea, al mismo tiempo, climáticamente ambiciosa, industrialmente competitiva y socialmente justa.

Mónica de la Cruz es directora general de CRECEMOS

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