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La israelí Eco Wave Power quiere convertir los rompeolas en centrales eléctricas

La startup fundada por Inna Braverman convierte las olas en electricidad con flotadores instalados en rompeolas y muelles existentes. Tras Gibraltar, Jaffa y Los Ángeles, prepara un proyecto en Oporto pendiente de la reparación del dique de Barra do Douro y de una prórroga del plazo de conexión.

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Inna Braverman, que fundó Eco Wave Power con 24 años, nació en Ucrania dos semanas antes de Chernobyl. Hoy dirige una empresa cotizada en Nasdaq que parte de una idea sencilla: los puertos han invertido miles de millones en estructuras marinas que reciben la energía del oleaje a diario. Hemos conversado con ella sobre esta innovadora tecnología y el progreso de los proyectos en marcha en varios países.

Flotadores en el rompeolas

La tecnología, patentada, coloca flotadores en rompeolas, muelles o espigones existentes. Al subir y bajar con las olas, accionan un sistema hidráulico que genera electricidad. Los equipos de conversión permanecen en tierra, como en una central convencional, y los flotadores se elevan sobre el agua durante los temporales para protegerse.

Braverman lo contrapone a los sistemas offshore, expuestos a condiciones extremas y con un mantenimiento complejo y caro. “Desde el principio no quise desarrollar una tecnología que solo luciera en un laboratorio”, afirma. Como regla general, según la empresa, unos 200 metros lineales de infraestructura costera permiten instalar aproximadamente 1 MW.

“Vimos la oportunidad de convertir esas estructuras en fuentes de electricidad limpia, sin tener que construir infraestructuras offshore completamente nuevas"
Inna Braverman, CEO de Eco Wave Power
Instalaciones en Gibraltar de Eco Wave Power

De Gibraltar a Jaffa y Los Ángeles

Su primera instalación conectada a red fue la de Gibraltar, concebida como piloto de dos años y mantenida casi seis, con más de 49.000 horas conectada. En ese tiempo, asegura la CEO, los costes anuales de operación y mantenimiento, sin contar personal, bajaron del 18 % de la inversión inicial en 2017 al 3,2 % en 2021.

En 2022 la unidad de conversión se trasladó a Los Ángeles. Braverman explica que Gibraltar ya había cumplido su función y que, tras salir a Nasdaq, la compañía quería entrar en el mercado estadounidense; también pesó el estado del muelle donde estaba instalada. Allí inauguró en septiembre de 2025, en AltaSea y junto a Shell Marine Renewable Energy, lo que presenta como la primera instalación de energía de las olas en tierra de Estados Unidos: ocho flotadores y menos de un millón de dólares de coste. Estima que el rompeolas exterior del puerto podría acoger hasta unos 60 MW, sujeto a estudios y aprobaciones.

Flotadores de Eco Wave Power en Los Ángeles, EEUU.

Braverman insiste en que el valor de Los Ángeles va más allá de la tecnología. La instalación obtuvo los permisos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y del Puerto de Los Ángeles, y las evaluaciones ambientales concluyeron que no tendría un impacto significativo. Eso, sostiene, sienta un precedente regulatorio para futuras instalaciones en el país. Hoy funciona como plataforma de demostración y formación para responsables políticos, clientes potenciales y socios industriales. El objetivo, resume, nunca fue solo instalar ocho flotadores, sino asentarse en el mercado estadounidense; ahora busca proyectos mayores en California y en el resto del país.

La planta de Jaffa (Israel) es, según la empresa, la primera del país que vende electricidad a la red. En mayo de 2026 alcanzó un pico de 39,1 kW con olas de uno a dos metros; en febrero, con olas de unos tres, llegó a 54 kW. Braverman destaca que no ha tenido paradas atribuibles a su tecnología desde principios de 2025. Reconoce que Jaffa tiene un oleaje poco energético y que es “un laboratorio de aprendizaje”. Aun así, esas cifras están lejos del megavatio que persigue en Oporto.

Sitúan la energía del oleaje y el viento marino entre las renovables más sostenibles
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Las lecciones de Gibraltar, explica, acabaron en el diseño de la siguiente generación: mejor protección frente a tormentas, más automatización y cambios en componentes mecánicos y procedimientos de mantenimiento, que se incorporaron después a Jaffa. Para escalar, dice, no basta con multiplicar flotadores: hay que aplicar lo aprendido a flotadores mayores, equipos de conversión más potentes y emplazamientos con un oleaje más fuerte y constante. Mientras tanto, la compañía trabaja en integrar inteligencia artificial y gemelos digitales para mejorar la eficiencia, predecir el rendimiento y planificar un mantenimiento preventivo.

Planta instalada en Jaffa (Israel)

Oporto, a la espera del dique

El proyecto de 1 MW en Oporto sería el salto a escala comercial. Depende de que termine la reparación del rompeolas de Barra do Douro. Según APDL, la autoridad portuaria, las obras avanzan más rápido de lo previsto y acabarán a finales de 2026. La empresa ha solicitado la aprobación ministerial para ampliar el plazo de conexión a red, con una carta de apoyo de APDL, y aguarda la decisión. “Una vez completadas las reparaciones y obtenidas las aprobaciones necesarias, estaremos en condiciones de pasar a la fase de instalación”, señala Braverman.

Costes por demostrar

La compañía proyecta un coste nivelado de la energía de unos 42 euros por MWh, calculado internamente con la metodología de Ocean Energy Systems de la Agencia Internacional de la Energía. Para instalaciones de 20 MW o más prevé una inversión de 1,2 a 1,8 millones de euros por MW. Son estimaciones de la propia empresa: Braverman admite que los costes de los pilotos, como el millón de dólares aproximado de Jaffa, no son representativos y que la validación llegará con proyectos mayores, sobre todo el de Portugal.

Centros de datos costeros

Braverman también mira a los centros de datos costeros. La empresa se ha unido al programa NVIDIA Inception, que usa para desarrollar un gemelo digital con la alemana AI engineering. En Taiwán avanza una primera instalación en el puerto de Suao. No hay, sin embargo, ningún acuerdo vinculante de compra de energía con un operador: las conversaciones, admite, están “en una fase temprana”.

Su aspiración resume el giro: “usar la inteligencia artificial para hacer más eficiente la energía oceánica y, en última instancia, usar la energía oceánica para alimentar la infraestructura de la inteligencia artificial”.

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