Hace varios años intervine en unas jornadas sobre la aceptación social de las instalaciones de renovables en España, incorporando criterios como la preservación de la biodiversidad, el respeto al paisaje y muchos otros factores, siendo muy importante considerar el territorio y a quienes viven en él. Un joven estudiante de ingeniería tuvo una “idea genial” que quizá le sonaba bien en su cabeza y afirmó: "Si lo rural está despoblándose y envejeciendo a la vez, podríamos esperar a que se mueran sus habitantes y acabe despoblado para poner placas solares por todas partes". Obvias las respuestas que recibió. Se olvidaba de las personas.
En su intervención en Davos, Elon Musk ha superado esta idea y, cual cuñado en la barra del bar, ha visto lo que los demás, que no llegan a su nivel, nunca habían visto, y era tan sencillo: inundar la España y la Sicilia despobladas de instalaciones solares.
Ocurrencias
Pero no, señor Musk, no es una buena idea. En el territorio hay personas, recuerdos, cultura, paisajes, espacios a proteger, alimentos, generación de recursos para todos, limpieza de agua y aire… tantas cosas que no pueden, ni deben, entrar en una hoja de Excel.
Si solo piensa en equipos, consumos y demandas futuras, también se equivoca. Producir con energías limpias es una necesidad para el planeta y una oportunidad para Europa. Generamos energía de forma limpia y distribuida y evitamos la dependencia exterior. Al tiempo, se genera empleo, tecnología y una actividad empresarial innovadora y con gran desarrollo.
De este beneficio económico se logra algo que es igualmente muy necesario: trasladar una parte de esta mejora económica al propio territorio, con compensaciones ligadas a la generación de nuevos empleos, infraestructuras o servicios. España es un ejemplo y un referente mundial. Nuestras empresas energéticas están haciendo un gran trabajo y su reputación, capacidad y experiencia les están sirviendo para actuar en todos los países.
Pero, además de producir energía limpia que sustituya a la generada con combustibles fósiles, cuya afección al clima del planeta es evidente y que debemos importar de países lejanos, debemos hacer un gran esfuerzo en la eficiencia.
Para ser competitivos en nuestra industria y en nuestras empresas debemos —y lo hacemos— producir de forma eficiente y sin derrochar. Para este modelo, Europa, otra vez, es un buen ejemplo en tecnología, procesos y normativa que permite que la competitividad económica tenga un gran pilar en la eficiencia energética. Trasladado a otros sectores que quizá conozca más, señor Musk, un vehículo debe basarse en energías no contaminantes y en ser lo más eficiente posible: consumir limpio y de forma eficiente.
Quizá, le propongo, señor Musk, debería hablar y aprender (la molestia no es mala) de los responsables de las grandes empresas energéticas españolas de renovables. Alguna, como Iberdrola, es la cuarta compañía eléctrica del mundo y, por algo será.
Las entidades y empresas europeas y españolas pueden contarle, además, que no se trata solo de paneles fotovoltaicos: podemos y debemos ir más allá. No debemos olvidar que la fotovoltaica es un producto, desde el punto de vista industrial, sencillo y de bajo valor añadido. Para hablar de medio y largo plazo, producir esa energía limpia y barata solo pensando en la exportación y sin crear riqueza industrial en España o fábricas de alto valor añadido sería un error.
Mix renovable y redes
Hay que industrializarse con energía verde. No debemos depender solo de una forma de producir energía sin considerar que un buen mix es la clave. La eólica terrestre y marina, la hidroeléctrica de bombeo en estos momentos, o la maremotriz o geotérmica a mayor escala son imprescindibles y de gran desarrollo industrial y económico.
Pero también debemos diseñar las interconexiones, avanzar tecnológicamente en el almacenamiento a gran escala de energía o en los servicios de corto plazo relacionados con la tensión y la frecuencia del sistema eléctrico, como algunas baterías de estabilización. Todo esto hace a los países competitivos y asegura el futuro para los territorios y las personas, incluso en las zonas rurales que algunos ven como despobladas.
En España se aprendió a respetar, dialogar y alcanzar acuerdos con los habitantes del territorio, pensando en el futuro del planeta y del mundo rural. No es un trabajo sencillo, ni para la cultura de quien mira todo desde su púlpito, como es su caso, ni para quien piensa a corto plazo y con luces cortas.
Tenemos grandes ejemplos de municipios donde el acuerdo entre instituciones, empresas y ciudadanos, y el ejercicio de pensar en conjunto, han permitido crear comunidades energéticas en las que el vecino paga muy poco por la energía; se han creado programas de generación de empleo en ese entorno, basados en el correcto aprovechamiento de los recursos naturales; se ha potenciado un turismo rural respetuoso… tantas cosas buenas para todos.
Tenía ganas de escribir esto para cerrar: Musk, no sea tan cuñado y aprenda de quienes lo hacen bien. Por encima de todo, le recomiendo pensar en las personas.
Miguel Aguado Arnáez es Divulgador Ambiental y director de la consultora B LEAF
Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios