Pakistán entra en su segunda semana sumido en un estricto plan de racionamiento energético que obliga al cierre prematuro de comercios y centros comerciales, una medida de emergencia para evitar el colapso de las reservas ante la crisis de suministros en el Estrecho de Ormuz.
La estampa nocturna en ciudades como Lahore o Rawalpindi, algunas de las principales del país, se ha transformado en distritos comerciales desiertos bajo las directrices del primer ministro, Shehbaz Sharif, para ahorrar energía.
Estas restricciones horarias son parte de un paquete de austeridad mucho más amplio que el Ejecutivo paquistaní comenzó a endurecer tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz y la falta de garantías en el suministro de combustible.
Según los datos oficiales, el Gobierno ha recortado ya en un 40% la asignación de combustible para todos los funcionarios de alto rango y ha prohibido por completo la compra de vehículos nuevos para las instituciones del Estado.
Además, Sharif anunció la suspensión inmediata del 60% de la flota de vehículos oficiales y la renuncia al sueldo de todos los miembros de su gabinete en busca de liberar fondos para "medidas de alivio público" destinadas a las clases más vulnerables.
El racionamiento energético de Pakistán
El ahorro energético ha llegado a las autopistas del país, donde la Policía Nacional ha reducido los límites de velocidad de 120 a 100 kilómetros por hora para optimizar el consumo de combustible de los vehículos ligeros.









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