Este viernes conocimos la triste noticia de que se ha marchado Pedro Rivero, uno di noi. Uno de los pilares del actual sector eléctrico español. Una de las personas más respetadas de la historia reciente de la industria energética. Un ser único e irrepetible.
Ligó la mayor parte de su vida profesional al sector eléctrico, en UNESA (ahora aélec), la gran patronal de las utilities españolas, desde la que trabajó en pos de un mercado liberalizado (que consiguió en parte en 1997) y que logró alzarse a su presidencia en 2006 hasta 2010.
También fue consejero consultivo de la Comisión Nacional de la Energía (ahora CNMC), consejero de Red Eléctrica y de OMEL. Pero por lo que más se va a recordar a Pedro, maestro de maestros, será por ser un hombre virtuoso que puso todo su conocimiento al servicio de los demás. Y créanme que lo consiguió.
Hombre virtuoso
Allá dónde iba no te dejaba igual. Siempre con una sonrisa, una mirada que decía tanto a la vez, un día con más sorna, otro día con cierta preocupación, pero su cabeza privilegiada de tanto leer (era digno ir a verlo a sus despacho personal) le hacía ver el sector como pocos. Diría incluso que como nadie.
Tengo el privilegio de decir que pude fichar a Pedro para El Periódico de la Energía. Fue uno de los miembros fundadores del Consejo Editorial que creé junto a otros grandes profesionales del sector en los inicios del diario para ayudarme a canalizar los grandes ejes del sector y la estrategia informativa. Un lujo poder charlar con él tantas horas.
Siempre me preguntaba por nuestro hijo, El Periódico de la Energía, por mi padre, y me decía cada vez que nos veíamos que no se me olvidara para qué nació vuestro diario de referencia, y yo le decía, "lo tengo presente, maestro". Y remataba: "Da caña" y nos reíamos.
Hombre de palabra, que en estos tiempos es mucho, valiente ante la adversidad, sobre todo en el ámbito regulatorio, con el don de la palabra siempre en busca del consenso. Siempre decía que hay que trabajar para lograr avanzar y que el país crezca y camine por la senda y dirección correcta. Y ese ha sido su empeño toda su vida.
Tenía templanza y prudencia en la negociación, pero no entraba en una sin la fortaleza suficiente como para alcanzar un trato justo para todos. Es decir, todas estas virtudes se resumen en una sola palabra: sabiduría.
Sus tres pasiones
Pedro Rivero es el sabio de Guarnizo, la localidad cántabra donde nació y de la que sacaba pecho, como buen cántabro, cuando creía conveniente. Siempre en su cabeza su Cantabria, qué orgulloso de su tierra. Cómo disfrutaba cada vez que iba. Y cuando lo llamabas para quedar y te decía: "Me coges por Cantabria, tendrás que esperar a que regrese".
Lo otro por lo que se desvivía era por su familia, esa a la que no se le hace mucho caso cuando estás tanto tiempo dedicado a este sector (es un mal común que deberíamos corregir todos), pero él siempre me decía que si mi hija, la otra, mi nieto. Siempre presente.
Y su tercera pasión era el kilovatio que tanto le gustaba que llegara a nuestras casas y empresas. Pedro siempre pensaba que lo importante es que se consuma energía, y es verdad, es la clave del crecimiento económico. Era un convencido del cambio, pero de una transformación del sector con cabeza, con una planificación que acompañara al desarrollo tecnológico. En definitiva, que se hicieran las cosas bien.
Se puede decir que él ha sido uno de los grandes artífices de lo que hoy conocemos como nuestro sistema eléctrico, o al menos de ese del que nos sentíamos orgullosos antes del apagón. Hoy nos deja su legado y su huella. Gracias maestro por haber sido nuestro Luis Aragonés de la energía.
PD: Desde aquí quiero impulsar que el sector le diese su reconocimiento con el próximo Premio Energía y Sociedad Victoriano Reinoso. Una pena que no pudiéramos dárselo en persona. Seguro que Arcadio y otros te recibirán con los brazos abiertos en el Cielo energético. Mi pésame a su hija Cristina, actual directora general de Enerclub y el resto de familia y amigos de la profesión. Descansa en paz amigo.
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