¿Qué capital extranjero está detrás de la transición energética española?
Radiografía de estrategias e intereses de la inversión extranjera directa (FDI) en el desarrollo renovable: fondos soberanos, de pensiones, infraestructuras y grandes utilities europeas participan en numerosas operaciones de compraventa de activos y plataformas en generación fotovoltaica y eólica, redes de distribución y almacenamiento energético
Mohamed Jameel Al Ramahi, consejero delegado de Masdar, el grupo emiratí que se ha convertido en uno de los compradores más activos de activos renovables en España.
España se ha convertido en el gran laboratorio energético de Europa. Atrae gigafactorías de baterías, centros de datos y una oleada de inversión industrial que sus protagonistas achacan, sobre todo, a un factor: la electricidad barata de sus parques solares y eólicos. Pero la pregunta que define el futuro del sector no es solo cuánta renovable genera España, sino quién la financia y bajo qué modelo de propiedad. Detrás de cada megavatio instalado hay un accionista, un propietario o un prestamista, y cada vez con más frecuencia ese capital viene de fuera.
El imán de la energía barata
España recibió 30.764 millones de euros de inversión extranjera directa productiva en 2025, según DataInvex, y encadena ya cuatro años consecutivos por encima de los 30.000 millones. El Financial Times ha llegado a describir al país como "un caso raro entre las economías europeas", por su combinación de reformas laborales, fondos Next Generation y energía a precios competitivos. La industria manufacturera ha crecido casi tres veces más rápido que la eurozona desde 2018 (+1,7% frente a +0,6%), según CaixaBank Research, y en el primer trimestre del año el 41,1% de la electricidad generada procedió de sol y viento. Solo Dinamarca, Portugal y Países Bajos superan esa proporción en Europa occidental, lo que en marzo situó el precio de la luz en la mitad que en Alemania, según Ember.
Ese apetito por la energía competitiva ya se nota fuera del sector eléctrico con ejemplos como Volkswagen, vía su filial PowerCo, que levanta en Valencia una gigafactoría de baterías de 3.000 millones de euros, y la china CATL construye en Zaragoza, con Stellantis, una planta de 50 GWh.
España es ya el segundo país del mundo, tras Hungría, en inversión extranjera greenfield en baterías y vehículo eléctrico, según Bruegel y fDi Markets, que en 2025 contabilizó 707 proyectos greenfield en España, por un valor cercano a los 30.000 millones de euros y casi 60.000 empleos creados. El país fue también el quinto del mundo en captación de proyectos de inversión extranjera en tecnología e innovación entre 2019 y 2023, y acumula 300.000 millones de euros invertidos en la última década, lo que le ha valido el apodo de "motor económico del Mediterráneo". Ese ascenso lo sitúa ya como el segundo destino europeo de inversión extranjera limpia y la cuarta economía más sostenible del mundo, al borde, según los propios inversores, de convertirse en el nuevo polo industrial verde de Europa.
España ocupa además el quinto puesto mundial y el segundo europeo en potencia solar instalada, y el sexto mundial en generación eólica. Las renovables cerraron 2025 aportando cerca del 57% del mix eléctrico.
El hidrógeno verde apunta igual: "España tiene todos los ingredientes esenciales para liderar la economía europea del hidrógeno", señaló Javier Brey, presidente de la Asociación Española del Hidrógeno, aunque advirtió de que los proyectos necesitan una planificación que priorice su conexión a la red. El país figura entre los ocho con mayor potencial mundial para producirlo, y entre enero y noviembre de 2025 fue el segundo mayor receptor mundial de proyectos de hidrógeno limpio y el tercero en renovables greenfield; el almacenamiento y la digitalización de red se perfilan como los próximos subsectores con más potencial.
El capital extranjero llega al hidrógeno de forma distinta a como lo ha hecho en solar o eólica. Según Javier Pollos, CEO y socio fundador de AtlantHy, en una primera fase, explica, hubo inversores dispuestos a asumir más riesgo porque el hidrógeno estaba en el centro de todas las estrategias energéticas; hoy el capital sigue entrando, pero de manera más selectiva y apoyado en una regulación más definida que hace unos años. A diferencia de las renovables maduras, “todavía no existe un mercado maduro de activos en distintas fases de desarrollo” en el que un inversor pueda elegir proyecto según su perfil de riesgo, lo que por ahora frena la réplica del modelo de rotación que domina en solar y eólica.
Los proyectos que consiguen financiarse son los que combinan acceso competitivo a energía renovable, agua disponible, un comprador definido, permisos y encaje regulatorio. El directivo defiende que España puede construir una cadena de valor industrial más allá de la molécula, con infraestructuras como el hidróducto de Enagás, combustibles sintéticos como el metanol o el eSAF, y fabricación de electrolizadores, tanques y equipos asociados.
Desde el asesoramiento legal a inversores internacionales, Juanjo Corral y Antonio Morales, socios de Baker McKenzie, atribuyen este atractivo a "una combinación poco frecuente de recursos naturales excepcionales, objetivos públicos ambiciosos, un mercado maduro de renovables, una amplia cartera de proyectos y una creciente necesidad de infraestructuras asociadas a la electrificación y descarbonización de la economía", que ofrece a los inversores "potencial de crecimiento, escala y cierta estabilidad regulatoria" de forma simultánea. Advierten, no obstante, de que ese apetito inversor convive con retos relevantes: "la congestión de determinadas redes eléctricas, los retrasos en infraestructuras de evacuación, la necesidad de acelerar el almacenamiento y algunos procesos administrativos complejos".
Por su parte, Amazon ha elevado hasta 33.700 millones su inversión en infraestructura de datos e IA en Aragón. El sistema eléctrico, sin embargo, es el cuello de botella: más del 70% de la capacidad que piden los centros de datos no tiene acceso firme a la red, y sus debilidades ya fueron señaladas como una de las causas del gran apagón del año pasado, según la investigación de ENTSO-E.
Rotación de activos
Las grandes eléctricas españolas no venden parques renovables por debilidad, sino por estrategia de balance, y el ritmo se ha disparado desde 2024: lo que hace tres años era una operación puntual se ha convertido en el mecanismo por defecto del sector, hasta el punto de que Acciona Energía (hasta ahora la única gran renovable española que retenía el 100% de sus activos) estudia vender el total o parte de la filial a KKR y Brookfield. El modelo, conocido como asset-light o rotación de activos (farm-out), consiste en desarrollar una planta, vender una parte o el total a un inversor externo, y reinvertir esa liquidez en la siguiente promoción sin disparar la deuda.
Desde Baker McKenzie coinciden en que el balance de esta tendencia es "claramente positivo" desde una perspectiva de mercado, al canalizar hacia España "enormes volúmenes de capital internacional" en un momento de inversiones récord. Más que una moda pasajera, la interpretan como "una evolución estructural del sector energético" hacia un modelo en el que las utilities actúan cada vez más como desarrolladoras y gestoras industriales, mientras los inversores institucionales aportan el capital que sostiene el crecimiento. El reto, advierten, será "encontrar un equilibrio entre la entrada de capital, la estabilidad regulatoria y la preservación de una estructura de mercado suficientemente diversificada y competitiva".
La rotación no la practican solo las eléctricas españolas. EDP Renováveis aseguró unos 1.100 millones vendiendo activos en 2025 y en agosto de 2026 se desprendió de otros 234 MW en Grecia y Polonia por 370 millones, con España pesando cada vez menos en su negocio. Y los fondos rotan entre ellos. El activo cambia de manos cada pocos años; el megavatio se queda donde está.
Qualitas Energy ilustra hasta qué punto la frontera entre capital nacional y extranjero se ha vuelto porosa. Nacida en Madrid en 2006 (donde impulsó Fotowatio Renewable Ventures (FRV), pionera del fotovoltaico español, y después Vela Energy, que consolidó más de 60 activos solares en dificultades), se ha convertido en una plataforma global que canaliza capital institucional de Europa, América, Asia y Australia hacia activos de la transición energética. En 2025 el estadounidense Affiliated Managers Group (AMG) tomó una participación minoritaria, aunque el equipo fundador mantiene la mayoría y la independencia operativa. La compañía dice haber destinado más de 14.000 millones de euros a la transición energética desde su fundación y gestiona hoy unos 11 GW de renovables en operación y desarrollo en España, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Chile y Estados Unidos, con más de 500 profesionales y 15 oficinas.
Qualitas Energy inauguró en 2025 en Winchester su primera planta de biometano en Reino Unido, capaz de abastecer a más de 9.000 hogares.
Su modelo basado en levantar capital institucional, comprar o desarrollar activos, optimizarlos y rotarlos para reinvertir es el mismo que protagoniza esta oleada de compraventas, y acaba de escalarlo: a través de su fondo Qualitas Energy VI, con un objetivo de captación de 3.250 millones de euros, ha acordado comprar a la australiana Macquarie la plataforma europea de Cero Generation, una cartera de 5,8 GW solares y de baterías en Reino Unido, Italia y España, de los que más de 2 GW ya están operativos, en construcción o listos para construir. Es, quizá, el mejor ejemplo de que en el sector renovable español ya no importa tanto de dónde es la empresa como de dónde viene el capital que mueve.
El mapa
Emiratos Árabes Unidos, vía Masdar (participada por TAQA, Mubadala y ADNOC), es el comprador más agresivo de los últimos dos años, y suma a Endesa (49,99% de una cartera solar de 2 GW por 817 millones de euros, más una segunda operación de 446 MW por 184 millones) la plataforma Saeta Yield, comprada a Brookfield. El grupo se ha convertido en el brazo inversor con el que Abu Dabi aspira a liderar la transición energética global, con el objetivo de alcanzar 100 GW de capacidad renovable instalada en 2030. Su estrategia pasa por adquirir plataformas ya consolidadas en mercados maduros como España, en lugar de partir de cero.
Canadá aporta el bloque más numeroso: Brookfield controla X-Elio, CDPQ (a través de su plataforma Velto Renewables) ha comprado carteras a Bankinter y Plenium, y OTPP opera vía Cubico (empresa conjunta con el fondo canadiense PSP Investments). Estados Unidos pesa en el accionariado cotizado: KKR participa en financiación e infraestructuras y J.P. Morgan Asset Management respalda Sonnedix, uno de los mayores propietarios fotovoltaicos del país, con cerca de 1,3 GW operativos. Australia es ya accionista de referencia de Naturgy vía IFM Investors, con alrededor del 15,5%.
Destacan entre los inversores europeos los daneses de CIP que desarrollan eólica, fotovoltaica e hidrógeno en Aragón y Valencia. Noruega (Norges Bank) combina el 49% de una cartera conjunta de renovables con Iberdrola (2.500 MW en España y Portugal, con Iberdrola al 51% y operando los activos) con la compra directa de plataformas: el estatal Statkraft se ha hecho con Enerfín y la antigua Solarcentury, y cuenta ya con 704 MW propios en España (110 MW fotovoltaicos y el resto eólicos), cifra que se eleva a 1,4 GW si se suma la capacidad de terceros que opera en el país, según datos facilitados por la compañía.
Desde Francia combina TotalEnergies, con grandes pipelines fotovoltaicos y PPA industriales, y Engie, con más de 1,7 GW renovables y fuerte entrada en baterías. Italia tiene doble presencia: Enel, matriz de Endesa con el 70% del capital, y Plenitude (Eni), que no compra minorías sino que desarrolla y opera activos propios (cerca de 1,7 GW instalados).
Nicolai Tangen, consejero delegado (CEO) de Norges Bank, e Ignacio Galán, presidente ejecutivo de Iberdrola, se reúnen en el Foro de Davos 2024.
Accionista, propietario o prestamista
Conviene distinguir tres formas de participación del capital extranjero, porque no todos los inversores hacen lo mismo.
El primero es el socio accionarial minoritario, que entra en el capital sin desplazar el control de la compañía vendedora: suele adquirir en torno al 50% de una cartera concreta ya construida, como Masdar en Endesa y Repsol. En ambos casos, el inversor emiratí ha adquirido el 49,99% de carteras de renovables operativas, mientras el socio español conserva el control.
El segundo es la propiedad directa de los activos o de la plataforma que los agrupa: inversores que no entran en el capital de una gran eléctrica española, sino que desarrollan, compran o controlan directamente carteras de generación, como hizo Brookfield al adquirir en 2023 el 50% restante de X-Elio, hasta hacerse con el 100%. Sonnedix, ENGIE, Statkraft y EDP Renováveis son también ejemplos de grupos extranjeros con importantes plataformas de activos renovables en España.
En el caso de Viesgo, EDP Renováveis integró en 2020 el 100% de su negocio renovable, unos 500 MW en España y Portugal, mientras que EDP y Macquarie establecieron una alianza para las redes de distribución, con participaciones del 75,1% y el 24,9%, respectivamente.
El tercero es el capital institucional y financiero: fondos de pensiones, aseguradoras y grandes gestoras de infraestructuras que canalizan capital a largo plazo hacia plataformas y activos energéticos. CDPQ, OTPP, CIP, KKR y Macquarie son ejemplos de inversores con actividad en España. Este tipo de capital busca generalmente activos operativos o proyectos suficientemente maduros, con ingresos previsibles y, en muchos casos, respaldados por contratos de compraventa de energía (PPA) de largo plazo.
Entre participaciones accionariales, propiedad de plataformas y financiación de proyectos, el capital extranjero participa ya de forma significativa en la potencia renovable en operación en España. También en los proyectos aún en tramitación o listos para construir, porque buena parte de los promotores locales vende en cuanto obtiene la Autorización Administrativa de Construcción, cediendo a fondos internacionales la construcción y explotación a largo plazo.
El capital extranjero no solo compra parques y participaciones en las grandes eléctricas: también entra en el accionariado de las startups energéticas españolas, atraídas por lo que varios fondos describen como el banco de pruebas europeo de la transición. Wallbox, el fabricante catalán de cargadores para vehículo eléctrico, cotiza en el Nasdaq (WBX) y tiene entre sus accionistas a Janus Henderson y Luxor Capital (EE. UU.) y al fondo franco-chino Cathay Innovation, junto a Iberdrola. RatedPower, el software madrileño de diseño de plantas solares, fue comprado en su totalidad en 2022 por la estadounidense Enverus, hoy en manos de Blackstone y Hellman & Friedman. Clarity AI, la plataforma de datos ESG de Rebeca Minguela, está respaldada por SoftBank Vision Fund 2 (Japón), BlackRock y la Bolsa alemana Deutsche Börse. Y la barcelonesa X1 Wind, de eólica marina flotante, cedió el 16,3% de su capital y dos asientos de su consejo a la francesa Technip Energies.
El patrón se repite en otros segmentos. H2SITE, la vasca de separación de hidrógeno, cerró en 2025 una ronda de 36 millones liderada por el fondo francés Hy24, con Breakthrough Energy Ventures, el fondo climático de Bill Gates, y la noruega Equinor Ventures. FlexiDAO, el software catalán de trazabilidad de electricidad verde, está financiado por la neerlandesa SET Ventures y por Google y Microsoft, a la vez inversores y clientes.
Bill Gates lidera Breakthrough Energy Ventures, el fondo climático que participó en la ronda de 36 millones de euros de la vasca H2SITE
En Basquevolt, el proyecto vasco de baterías de estado sólido, el respaldo viene sobre todo de Iberdrola, Enagás y el Gobierno Vasco, junto a EIT InnoEnergy, el vehículo con el que la UE busca alternativas europeas a China en baterías. Los fondos, en definitiva, no solo compran activos energéticos, compran también el software y los datos que van a gestionar la energía del futuro.
Capital de paso o valor industrial
Para Artur Patuleia, analista del think tank E3G, "los fundamentales están ahí" para que las renovables impulsen una reindustrialización verde, pero avisa de que hace falta una conversación europea sobre dónde se localizan las actividades más intensivas en energía. "La alternativa es que toda la cadena de valor acabe saliendo de Europa".
El crecimiento da margen para decidirlo: el FMI calcula que España creció un 2,8% en 2025, frente al 1,4% de la eurozona, y prevé un 2,1% este año, el doble que la media europea. Pero el exceso de generación, que ya provoca precios negativos, obliga a virar el foco hacia la red y el almacenamiento, la siguiente frontera donde también compite el capital extranjero. Veremos si el país capturará valor industrial transformador además del capital financiero.
Cuantos mas inversores haya en generación fotovoltaica y eólica, redes de distribución y almacenamiento energético en España mejor que mejor.
Parece que el capital extranjero y el nacional confian en la seguridad de las renovables en España.
Cuando un pais funcona tan bien como actualmente funciona España, los mensajes negacionistas sobran.
Queda invertir en almacenamiento, para que sea completo.
Muy buena noticia.
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galan
09/09/2026