Aranceles al coche chino: Bruselas frena sobre los híbridos y Canadá abre la puerta a los eléctricos
La Comisión Europea descarta por ahora trasladar a los híbridos chinos el arancel que ya tiene los eléctricos por el auge de las importaciones desde el gigante asiático
A comienzos del día de ayer, diversos medios recogieron que la Comisión Europea estaba estudiando extender a los híbridos fabricados en China los aranceles que desde 2024 se aplican a los eléctricos de batería. Según esas informaciones, el debate interno en Bruselas giraba en torno a una pregunta sencilla: si los eléctricos chinos están sometidos a aranceles adicionales de entre el 7,8% y el 35,3% (más el 10% estándar) por considerarse fuertemente subvencionados, ¿por qué no aplicar un tratamiento similar a los híbridos producidos bajo las mismas condiciones industriales y financieras en China?
Sin embargo, la propia Comisión ha salido después a negar que exista, a día de hoy, un expediente específico en marcha para replicar el esquema de los eléctricos puros sobre el coche híbrido chino. El mensaje oficial matiza que la UE sigue vigilando de cerca las importaciones de vehículos procedentes de China, pero que no se está “explorando” un nuevo paquete de aranceles calcado al de los BEV dirigido en exclusiva a los híbridos.
El porqué del foco en los híbridos chinos
MG completa la gama HS con la entrada de la variante HEV Hybrid+ con 225 CV y disponible desde octubre.MG
La discusión no surge de la nada. Las exportaciones de vehículos híbridos chinos a la UE se dispararon un 155% en 2025, frente a un aumento de apenas el 12% en el caso de los eléctricos, ya fuertemente penalizados por los recargos antidumping. Aunque en volumen absoluto todavía no superan a los eléctricos, ese crecimiento tan acelerado se interpreta en Bruselas y en la industria como un posible movimiento táctico de los fabricantes chinos para esquivar el muro arancelario
El trasfondo es doble: por un lado, los híbridos (sean autorrecargables, enchufables, de autonomía extendida o incluso mild hybrid) siguen computando a efectos de emisiones y cuota de mercado en plena transición hacia la electrificación. Por otro, el hecho de que el término “híbrido” no esté bien acotado en algunas estadísticas alimenta la percepción de que se está produciendo un trasvase de estrategia comercial hacia tecnologías con menor riesgo regulatorio inmediato.
Motor híbrido. Opel
Desde el lado europeo, voces como la del comisario francés Stéphane Séjourné han planteado de forma reiterada que los competidores comunitarios necesitan un “nivel de protección equivalente” frente a vehículos que, aun siendo híbridos, se benefician de un ecosistema de costes y ayudas públicas muy similar al de los eléctricos chinos. De ahí que, más allá del desmentido puntual, el asunto se mantenga en la agenda política y en el radar de los fabricantes europeos, preocupados por una posible erosión de márgenes en el segmento electrificado de volumen.
Canadá abre la puerta a los eléctricos chinos
Concesionario Polestar.Polestar
Mientras Europa debate cómo blindarse frente a la ofensiva china, Canadá ha optado por un enfoque muy distinto al sellar un acuerdo con Pekín para rebajar drásticamente la tensión en torno a los vehículos eléctricos. El Gobierno de Mark Carney permitirá la importación de hasta 49.000 coches eléctricos chinos con un arancel del 6,1%, el tipo aplicable al régimen de “nación más favorecida”, frente al recargo del 100% que Ottawa había impuesto en 2024 siguiendo la estela de Estados Unidos.
La cuota, equivalente a algo menos del 3% del mercado canadiense de vehículos nuevos, busca reactivar un flujo comercial que prácticamente se había congelado, al tiempo que sirve como moneda de cambio para atraer inversiones chinas en la cadena de valor del vehículo eléctrico y en renovables, y para desbloquear las exportaciones agroalimentarias canadienses castigadas por Pekín.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, y el presidente de China, Xi Jinping.Sean KilpatrickCanadian Press v DPA
Gracias a esta medida, China ha aceptado reducir desde el 84% al 15% los aranceles sobre la colza canadiense a partir del 1 de marzo y levantar gravámenes sobre productos como la harina de colza, los guisantes, la langosta o el cangrejo, lo que podría disparar las ventas al exterior en unos 3.000 millones de dólares.
Este movimiento deja una fotografía interesante: mientras la UE endurece su escudo estratégico sobre el automóvil chino y se plantea, al menos a nivel político, si extenderlo a los híbridos, Canadá intenta reconducir la relación con Pekín mediante un intercambio de cuotas y rebajas arancelarias muy focalizado en los eléctricos. En un mundo cada vez más fragmentado, el resultado es un mapa comercial desigual, en el que los fabricantes chinos ajustan su estrategia país a país, y en el que los bloques occidentales oscilan entre el proteccionismo defensivo y la diplomacia económica pragmática.
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