Movilidad

Cambio radical en Canadá en favor de los coches eléctricos

El gobierno de Mark Carney suprime las cuotas obligatorias de ventas de vehículos eléctricos optando por estándares de emisiones más duros e incentivos millonarios para impulsar la transición sin presionar a los fabricantes

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Canadá, uno de los países más avanzados en su apuesta por la movilidad eléctrica, acaba de dar un volantazo en su estrategia. El primer ministro Mark Carney ha anunciado la eliminación total de las cuotas obligatorias de ventas de vehículos eléctricos, conocidas como Electric Vehicle Availability Standard (EVAS). Esta medida, heredada de la era Trudeau, exigía que el 20% de los coches ligeros vendidos en 2026 fueran de cero emisiones, subiendo al 60% para 2030 y al 100% en 2035.

El cambio responde a presiones económicas reales: las tarifas impuestas por Estados Unidos bajo Donald Trump han golpeado duro a la industria automovilística canadiense, haciendo inviables metas tan ambiciosas en el corto plazo. En lugar de cuotas rígidas, Carney propone un enfoque más flexible, centrado en resultados ambientales a largo plazo y apoyo directo al consumidor y los fabricantes.

De la ambición trudeausta a la pausa de Carney

El primer ministro de Canadá, Mark Carney.@MarkJCarney

Todo empezó en 2023, cuando el gobierno liberal de Justin Trudeau impulsó la EVAS para acelerar la descarbonización del transporte. El plan era claro: forzar a las marcas a electrificar su oferta, con multas por incumplimiento. Para 2026, el umbral del 20% parecía alcanzable en papel, pero la realidad (con una infraestructura de carga insuficiente en un país tan vasto y ventas de VE estancadas en torno al 10%) lo complicó todo.

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Ya en septiembre de 2025, Carney (recién llegado al poder) pausó el objetivo del 20% para 2026 y lanzó una revisión de 60 días. Fuentes del sector advertían de "incertidumbre económica extrema" por las tarifas estadounidenses del 25% a componentes no norteamericanos, que violan el USMCA. Marcas como Stellantis y GM presionaban: invertir en elécticos sin demanda real o red de carga era un suicidio financiero. Esta decisión no es un retroceso total. Carney mantiene la visión de un sector "eléctrico en el futuro", pero pragmático. "No se trata de imponer, sino de incentivar", ha repetido su oficina.​

Detalles del nuevo plan

Coche eléctrico.Frimu Eugen

El paquete anunciado por Carney es ambicioso y multi-puntual, con un presupuesto que ronda los 2.300 millones de dólares canadienses (unos 1.400 millones de euros) solo en rebates para compradores. Cada eléctrico o híbrido enchufable nuevo dará derecho a 5.000 dólares de incentivo (3.000 euros), restaurando un subsidio que se había diluido.

Además propone estándares de emisiones reforzados para modelos 2027-2032, diseñados para lograr el 75% de ventas de vehículos eléctricos en 2035 y el 90% en 2040. Los fabricantes podrán mezclar tecnologías (híbridos, hidrógeno) para cumplir, sin cuotas fijas por modelo. También destinará 1.500 millones en carga rápida a través del Canada Infrastructure Bank, para expandir la red nacional y hacer que el público confíe más en los eléctricos para viajar y vivir en zonas rurales. Por último, apoyará la producción local con  inversiones en baterías y minerales críticos, aprovechando las reservas canadienses de litio y cobalto. El objetivo es una cadena de suministro 100% doméstica, blindada contra tarifas externas.​

Reacciones positivas y negativas

FOTO: Dati Bendo

Con esta decisión, la industria respira aliviada. El Instituto Económico de Montreal (IEDM) celebra que eliminar cuotas es "mejor que diluirlas", evitando sobrecostes a consumidores. Automovilísticas canadienses hablan de "presión aliviada" sin sacrificar la transición.​

Pero no todos aplauden. Asociaciones ambientalistas como Electric Autonomy señalan que es "demasiado favorable a la industria", argumentando que debilita inversiones en carga y penaliza a marcas ya comprometidas con los eléctricos. El Consejo Canadiense de Infraestructura de Carga (CCIC) advierte: sin mandatos, los avances en red eléctrica se ralentizan. Por su parte, el público general debaten en foros y redes si estos incentivos bastan para competir con los coches chinos baratos o hace falta más. Y es que Canadá importa cada vez más eléctricos de marcas como BYD, pero las tarifas proteccionistas las encarecen.​

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El plan de Carney es un equilibrio delicado: alivia a corto plazo, pero exige ejecución impecable en incentivos y estándares. Si la red de carga crece y los rebates impulsan ventas (como pasó con los iZEV previos), Canadá podría liderar una transición "made in North America".

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