Hidrógeno

El coste del hidrógeno verde podría desplomarse un 68% de aquí a 2035 en Australia

El nuevo estudio de Worley, encargado por Arena, no ha sido bien acogido por los expertos, que no lo tienen tan claro

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Un nuevo informe encargado por la Agencia Australiana de Energías Renovables (ARENA) pretende devolver el optimismo al sector del hidrógeno verde al sostener que el coste de capital necesario para producir este combustible renovable, potencialmente transformador, podría reducirse un 68% en menos de una década.

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El país se está quedando atrás, con el 80% de sus proyectos aún en fase inicial de desarrollo y múltiples cancelaciones de alto perfil, según un nuevo análisis de Wood Mackenzie.

Sin embargo, el informe, elaborado por Worley, ha recibido una acogida desigual entre los expertos. Algunos advierten de que sus previsiones más optimistas dependen en gran medida de los avances que logre China y de que los costes de la tecnología esencial de los electrolizadores disminuyan de forma significativa.

El estudio presenta una hoja de ruta tecnológica con las decisiones que los promotores podrían adoptar para abaratar sus futuros proyectos. No obstante, deja fuera dos cuestiones fundamentales: el coste de la electricidad y la falta de voluntad política en Australia para impulsar una industria del hidrógeno verde.

Según el informe, uno de los ámbitos en los que podrían lograrse mayores avances es la digitalización de los procesos de construcción y el uso de equipos modulares y estandarizados. La combinación de ambas estrategias podría permitir recortar los costes hasta un 68% de aquí a 2035.

Los fabricantes de equipos originales (OEM) podrían, además, reducir sus propios costes en otro 32%, según el estudio.

¿Puede el hidrógeno verde competir en costes?

“Se espera una reducción de costes a largo plazo, en contraste con los incrementos registrados desde 2020”, señala el informe.

El análisis aclara que todas las estimaciones corresponden exclusivamente a los costes del proyecto y no incluyen los costes financieros, los gastos operativos, los efectos a corto plazo de las cadenas de suministro ni otras tendencias macroeconómicas, como las fluctuaciones de los tipos de cambio.

El estudio identifica, mediante el habitual gráfico de cascada utilizado en los análisis de ingeniería, un total de 24 «palancas» para reducir costes. Entre ellas figuran desde comprar los equipos más baratos disponibles hasta utilizar inteligencia artificial para optimizar la organización de las plantillas.

También aparece una de las aspiraciones recurrentes de prácticamente cualquier industria: agilizar los procesos de obtención de permisos y autorizaciones.

Una hoja de ruta útil, pero incompleta

El informe recibe, sin embargo, una valoración positiva por parte de James Boyle, responsable del programa australiano de Mission Possible Partners, quien considera que ofrece una hoja de ruta creíble y detallada para reducir el gasto de capital.

A su juicio, el trabajo representa un esfuerzo de ARENA por identificar los próximos pasos y ofrece señales positivas para el sector. Pero advierte de sus limitaciones: "¿Va a ayudarte a conseguir un centro de datos o un cliente final? No. Por tanto, en mi opinión, no resuelve los problemas a los que se enfrenta actualmente el mercado”.

Y tampoco aborda el coste de la electricidad.

El estudio sí apunta a que el hidrógeno verde podría seguir curvas de aprendizaje similares a las experimentadas por la energía solar y la eólica. Aunque esto no resuelve por sí mismo el problema de rentabilidad de la industria, permite identificar hacia dónde debe dirigirse la innovación tecnológica y qué opciones tienen los promotores.

Comprar barato

La manera más directa de reducir costes es también la más sencilla: comprar equipos más baratos, concluye el informe. Sin embargo, esto no siempre resulta viable para los proyectos australianos, muchos de los cuales han recibido inversiones de capital de empresas europeas de equipos industriales interesadas en abrir canales comerciales.

“La mayor palanca parece realmente absurda, pero consiste simplemente en “comprar los equipos más baratos disponibles”, afirma Boyle. “Yo interpreto que eso significa electrolizadores chinos. Asociarse con cadenas de suministro chinas podría ser una vía de futuro para la industria australiana”.

El mensaje del informe de ARENA es, por tanto, ambicioso: existe un amplio margen para reducir los costes tecnológicos del hidrógeno verde durante la próxima década. Pero, para sus críticos, abaratar los electrolizadores y optimizar la construcción no basta.

El precio de la electricidad, el acceso a financiación competitiva, la escala industrial y, sobre todo, la voluntad política seguirán siendo determinantes para convertir esas reducciones potenciales de costes en proyectos reales.

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