La inminente saturación de la capacidad de almacenamiento fuerza la reapertura de Ormuz, requiriendo una rápida solución del conflicto bélico. El tope físico frena un encarecimiento mayor de las referencias internacionales.
La firma de inteligencia de mercado Kpler ha revelado este miércoles que el colapso logístico provocado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán tiene una caducidad por puras cuestiones técnicas y físicas de mercado. A pesar de la volatilidad en los precios, la falta de capacidad para almacenar el petróleo no exportado obligará a reabrir las rutas. Irak es el actor más perjudicado en esto. El país se encuentra a escasos días de llenar por completo sus inventarios. Esta situación ya le ha forzado a ejecutar recortes de la extracción de crudo en sus principales yacimientos, concretamente en Rumaila y West Qurna 2.
Este cuello de botella se produce en medio de un cierre (ya no sabemos sí total o parcial) del Estrecho de Ormuz, derivado de los recientes bombardeos sobre Irán y el fuego cruzado que estamos viendo estos días. El mercado reaccionó inicialmente con pánico y alteró las dinámicas de suministro tradicionales.
Ante la incertidumbre, los refinadores internacionales buscan desesperadamente crudos alternativos para sustituir la oferta bloqueada de Oriente Medio. Esto ha impulsado la demanda hacia alternativas como el Johan Sverdrup noruego en Europa, el Urals ruso hacia India y el Western Canadian Select en el Golfo de Estados Unidos.








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